lunes, 8 de agosto de 2011

Significado del Amor

Creo que no hay una boda a la que haya asistido y no se le haya dado lectura a  1°Corintios 13. Para muchos es el capítulo favorito en toda la Biblia. Todo el capítulo habla del amor y de sus características, es hasta cierto punto poético, ya que suena muy lindo. Sin embargo leerlo con detenimiento nos lleva a realmente saber cuál es el significado del amor, mismo que no siempre conocemos a detalle, lo hemos escuchado, experimentado un poco o mucho, pero a fondo es complicado definirlo. Pablo a diferencia de nosotros, no describe un sentimiento, describe al amor perfecto.

El capítulo anterior de la carta que Pablo está escribiendo, describe los diferentes regalos que Dios da, es decir, las habilidades que tenemos y cómo las distribuye; porque ya sabemos que todos somos buenos para cosas diferentes. Sin embargo al finalizar menciona que lo más importante es el amor. Y qué lindo se oye eso, sin embargo es necesario desmenuzar el capítulo para comprenderlo y entonces sí, ponerlo en práctica.

“Si yo hablase en lenguas humanas y angelicales, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que se retine.”  Hablar lenguas angelicales tiene que ver con el grado de espiritualidad que podemos llegar a tener.  Ya que nadie en la tierra habla lenguas angelicales, pero quién no querría hablar como los mismos ángeles, tan santos, puros y cerca de Dios. Sin embargo el autor nos da un dato importante, que si tenemos estas habilidades, pero no tenemos amor, entonces nos volvemos un ruido tan horrible que nos dejaría sordos, porque así suena el metal que es golpeado, fastidia. Los regalos que Dios nos da, es decir, las habilidades o dones con los que nacemos son instantáneos, nacimos con ellos y en cualquier momento hacemos uso de ellos; sin embargo el amor es un fruto, es el resultado de nuestra relación con Dios, así que va a requerir tiempo, no es inmediato.

“Y si tuviese profecía y entendiese todos los ministerios y toda la ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.” En el mundo actual la mayor riqueza es el conocimiento, el que tiene conocimiento tiene poder y dominio, sin embargo el autor es muy claro, no sirve de nada tener todo esto. Aun saber qué pasará a futuro y conocer los misterios del mundo es completamente inútil si no tenemos amor. Y menciona una declaración muy fuerte, aunque mi fe fuera tan grande que moviera una montaña de un lugar a otro, pero si no tengo amor, no sirve de nada. Es decir, que el amor es una decisión, no es producto ni siquiera de la fe.

“Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo  para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. “ Lo interesante de Dios es que como dice en el libro de Samuel, Él ve lo que nosotros no vemos. Los seres humanos le damos muchísima importancia al –humanismo- a la caridad, a las buenas obras; y Dios también, pero Él ve más allá. Y es que las buenas obras no siempre son actos de amor, lamentablemente en muchísimas ocasiones son actos de orgullo, de presunción, tratando de demostrar una bondad falsa y un corazón tan orgulloso que solo quiere el reconocimiento público.

“El amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es presumido, no es orgulloso, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.” En tres versículos Pablo nos da las características del amor que será exitoso en cualquier relación. Pone en primer lugar ser pacientes, porque la generación actual vive el momento y queremos todo rápido, ahora, perfecto, sin errores y sin perder un segundo. Pero resulta que los demás no son máquinas que podamos controlar, así que debemos ser muy pacientes. Luego nos motiva a ser bondadosos, buscar el bien de los demás antes del propio. Decir no a la envidia, tan complicado ya que envidiamos hasta los mínimos detalles, no soportamos que a nuestra pareja le pueda ir mejor que a nosotros, más sueldo, mejor carrera profesional, mayor carisma. No ser presumidos, y es que es tentador vivir la vida aparentando, pretendiendo que somos el modelo perfecto, seamos auténticos. No orgullosos, cuando lo más importante hoy en día es ser el número uno siempre, ganarle a todos aún a las personas que más amamos; siendo tan imperfectos no deberíamos ser tan orgullosos y presumidos, si no apliquémonos a mejorar. Dice el autor que el amor no hace nada indebido, y esta parte es interesante, porque hablar de “cosas indebidas” regularmente nos lleva a pensar en asuntos de sexualidad, pero en esta ocasión podemos extender el término; los actos indebidos pueden ser celos, rencores, chantajes, groserías, usar a otros para mi beneficio, chismes; es decir, cualquier acto que vaya en contra de lo correcto, así de fácil. El amor no busca lo suyo, sigue la regla de oro de Dios, ama a tu prójimo como a ti mismo, no te ames tanto que se te olvide que la persona que amas es la más importante; busca el equilibrio. Y luego menciona algo muy interesante y dice “no se enoja con facilidad, a diferencia de lo que menciona anteriormente, abre una puerta al enojo, pero limitada; tiene que ver con lo que menciona en Efesios “no se ponga el sol sobre tu enojo”, nos da oportunidad de molestarnos, pero sin pecar, que no sea tan frecuente que la relación se vuelva tensa y odiosa. Porque el amor no es injusto ni celebra la injusticia, siempre busca la verdad; las mentiras son asesinas de las relaciones amorosas; busquemos siempre la verdad, porque Dios no es injusto, y buscamos parecernos a Él.

“Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” En muchas ocasiones he visto y escuchado como es –delicioso- para el oído de varios, citar esta parte solamente. Porque entonces sí podemos ser mártires, tenemos derecho de aplastar a otros, porque así es el amor.. ¿no? “aguanta todo”. ¡Pero eso es falso! El amor que Dios nos está enseñando, es un amor que aprendió previamente todas las características, por lo tanto creerá, tendrá esperanza y soportará. Porque sabe que no se permite el abuso y que Dios busca el bienestar de todos y no de unos cuantos. Pero la condicional son todas las características anteriores.

“El amor nunca deja de ser, pero las profecías, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” Recordemos que el amor existe con o sin nosotros. Todo se termina (la ciencia, lo material), pero es imposible terminarlo, porque procede del inicio de todas las cosas: Dios. La primera carta de Juan 4:8 lo dice súper claro, Dios es amor. Dios es la fuente inagotable de amor, si aprendemos el amor de Él y lo recibimos de Él, entonces sabremos amar de la manera en que Él nos ama. Es mentira que el amor se acaba, lo que se termina es el sentimiento y la emocionalidad, pero el amor que se describe aquí es interminable, porque procede de una fuente eterna llamada Dios.

“Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando  yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, más cuando ya fui hombre, dejé lo de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente, mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”  Ahora conocemos solo una parte, lo que este mundo conoce sobre el  amor y que es el tipo de amor que hemos practicado muchos años. Pero en un momento perfecto, cuando conozcamos a Dios cara a cara llegaremos a conocer el amor perfecto. Debemos vivir en amor, para llegar a ese punto de perfección con Dios. El amor que experimentamos los humanos es IMPERFECTO, por lo tanto nos equivocamos y lastimamos. Pero si nos unimos a Dios podremos experimentar el amor de Dios, perfecto. Lo antes escrito es el manual para vivir en medio de la imperfección.

“Ahora permanezcan en la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” La Biblia dice que sin fe nadie verá a Dios, necesitamos fe para creer lo que Dios dice, de no ser así es una total locura. Necesitamos esperanza, para poder pasar por los tiempos complicados, sabiendo que Dios tiene control y que lo mejor está por venir. Pero dice que lo más valioso es el amor, decidamos tener amor como el que Dios nos da y espera que demos.

Cambio y Fuera!

sábado, 30 de julio de 2011

La lucha libre

Tenemos la dicha de ser personas únicas, especiales, con características tan peculiares que nunca encontraremos alguien igual, tal vez semejantes y afines en gustos o disgustos, pero nunca igual. La maravilla de ser tan diferentes, también nos genera una cantidad de conflictos interminable los unos con los otros. Y es que es tan común tener “problemas”, conflictos, desacuerdos; pero tan complicado poder resolverlos, y casi imposible llegar al común acuerdo y a la reconciliación.

Analicemos primero la diferencia entre un conflicto y un problema, porque la mayoría lo usamos como sinónimos y no es así. Un conflicto es una diferencia de idas, es decir, dos personas que no están de acuerdo en alguna situación. Y un problema es un conflicto no solucionado. El objetivo es aprender a resolver los conflictos y así evitarnos muchos problemas. Regularmente un problema es difícil de solucionar y destruye relaciones.

En primer lugar analizaremos cuál es la forma más común de resolver un conflicto entre seres humanos. ¿Qué haces cuando estás muy molesto con alguien? La lógica nos dice que hay dos formas de resolverlo: lo evitas o lo enfrentas. Cuando evitamos un conflicto, porque todos lo hemos hecho, caemos en dos conductas muy comunes, pero no correctas. La primera: Retroceder del conflicto, significa darle la vuelta; ¡sí! así de simple. Y es que muchísimas veces preferimos ignorarlo, darle la vuelta, “olvidarlo” para así evitar tomar acciones para resolverlo.  La segunda es: Quitar importancia de los puntos conflictivos, es decir, hacer menos aquella situación que nos está incomodando. Estas dos formas de evitar un problema son muy comunes, ya que son fáciles, no necesitamos “confrontar” a la otra parte, no tenemos que llegar a un acuerdo. Y la mayoría concluye en “se me olvidará, todo pasa, el tiempo borra todo”, pero también sabemos que eso no es cierto. Evitar los conflictos, solamente nos lleva a incrementar el coraje, el resentimiento, las envidias, que a la larga se convertirán en ira y enojo.

La segunda forma de resolver conflictos es enfrentándolos. Sin embargo no todas las formas de enfrentarlos son las correctas. La primera forma de enfrentarlo es: usar el poder para imponer una solución. Y es que todos llegamos a estar en cierto punto de poder sobre otros, en menor o mayor escala, es decir, si eres jefe, mamá o papá, hermano mayor, tienes amigos que te siguen, eres el líder de algún grupo o equipo, en tu grupo social tienes influencia sobre otros; entonces con mucha facilidad puedes llegar a “imponer” tu decisión final sobre el conflicto, y lo más común es que los demás no tendrán de otra, más que acatar tu decisión. La segunda es: hablarlo, sin llegar a algún acuerdo; es decir, ninguna de las partes involucradas está dispuesta a ceder. Es aquí cuando empezamos con las quejas y justificaciones, porque dimos nuestra opinión, escuchamos la del otro u otros, pero ni nosotros ni ellos estamos dispuestos a ceder. Esta opción nos deja igual o peor en la relación. La tercera es: Echarle la culpa a otro, la cual es una de las tentaciones más grandes que existen, ya que no hay nada más delicioso que justificarnos en las acciones ajenas, para eximirnos de la responsabilidad e inculpar a otro. Y pareciera que ya estamos enfrentando los conflictos, sin embargo, dejamos el proceso a la mitad. Y una vez más, el coraje, el enojo, la crítica, el egoísmo, se incrementan en nuestro interior.

Y es que dentro de la opción de enfrentar los conflictos, está la última opción. Es muy conocida, poco o casi nada practicada, y además es bíblica. Es la opción de Dios; la confrontación.  La confrontación tiene que ver con el cotejo entre dos ideas o dos personas, es decir, enfrentar a otra persona y debatir los puntos de vista. El objetivo de la confrontación al estilo de Dios es buscar la paz los unos con los otros, es decir, tratar de llevar una vida pacífica, a pesar de las diferencias.  
Confrontar es exponer el planteamiento de cada una de las partes involucradas y tratar de llegar a una conclusión que beneficie a todos. El objetivo sería llegar a la reconciliación, sin embargo no en todos los casos es posible. Reconciliarse significa <restablecer la concordia>, es decir, retomar la relación. Dios no nos obliga a reconciliarnos, pero si a estar en paz por medio de la confrontación; si nos reconciliamos es un regalo extra. Tenemos el ejemplo en la Biblia, sobre Pablo y Bernabé; Pablo el gran apóstol que predicó por todo el mundo conocido en los tiempos bíblicos, tenía un amigo llamado Bernabé, con quien hacía su trabajo de evangelismo. Un día Bernabé quiso llevar a Marcos, su sobrino, quien era un poco inmaduro al principio, pero poco a poco fue aprendiendo sobre el maravilloso trabajo que realizaban. Pablo era un hombre muy firme, duro y no paciente, que no pudo llevarse bien con Marcos. Así que Pablo y Bernabé entraron en conflicto, y antes de convertirse en problema, hablaron entre ellos y decidieron separarse, Bernabé se llevaría a Marcos consigo para seguir trabajando y Pablo se iría por su cuenta. Hicieron justo lo que Dios espera, buscaron la paz entre ellos, aunque no volvieron a ser compañeros de viaje y trabajo. Busquemos confrontar y enmendar nuestras relaciones, es mejor vivir en paz, nos conviene a todos.

Al momento de confrontar, es necesario tener en cuenta dos fundamentos. El primero es que este proceso empieza por mí, no importa si soy yo el que tiene la culpa o el otro, o tal vez ninguno de los dos; siempre empecemos nosotros. Mateo 7:1-5 nos reta de manera interesante. Dice que si estás en el altar en la iglesia, antes de depositar tus ofrendas y te acuerdas que tienes una diferencia con alguien, es necesario ir primero y resolverla y luego depositar la ofrenda. Me resulta muy interesante que Dios le da más importancia a solucionar nuestros conflictos unos con otros, que a depositar nuestras ofrendas. Y también me resulta peculiar el hecho de que mencione el hecho de estar a punto de dar las ofrendas, tal vez porque esta es una representación de algo tan santo y un momento donde nos sentimos muy obedientes a Dios al dar nuestras ofrendas. Pero para Dios es más importante el hecho de buscar la paz los unos con los otros. Y el segundo fundamento es que debemos arriesgarnos al enfrentamiento, ya que no siempre saldrá como esperamos, pero vale la pena tomar el reto. Ya sea que yo ofendí o que me ofendieron, debo tomar el reto.  

Y siempre recordemos que ¡reconciliarnos tiene mucho de bueno!. Tener un conflicto, confrontarlo y llevar a la reconciliación, produce una relación mucho más profunda, ya que desarrollamos la comprensión y la compasión. Además, aprendemos a reconocer un poco más la gracia de Dios. Mejoramos nuestra comunicación. Y nos conocemos mejor a nosotros mismos.

Tengamos siempre presente lo que nos menciona Mateo  en el famoso Padre Nuestro, la oración modelo, que si nos perdonamos los unos a los otros, entonces Dios nos perdonará. El perdón tiene ese pequeño candado, no solo esperemos que Dios nos perdone, es necesario que nosotros también nos bajemos de nuestro escalón de ego y resolvamos los conflictos para buscar la reconciliación y el perdón.



Cambio y fuera!

sábado, 9 de julio de 2011

Ética Elemental para las Relaciones

Todo ser humano, sin importar su condición, se enfrenta a muchos conflictos y problemas a lo largo de su vida. Pero el mayor de todos está en las relaciones humanas. Relacionarnos los unos con los otros resulta uno de los conflictos que puede volverse sumamente estresante en nuestra vida. Si analizamos la raíz de todo este conflicto, llegaremos al punto medular: el egoísmo. Todos los seres humanos somos egoístas, entonces un egoísta relacionándose con otro igual de egoísta es igual a problemas y lamentablemente muchas veces rupturas.

Es por eso que analizaremos el “Código de ética” para las relaciones. Como se ha mencionado anteriormente, Dios nos creó y sabe muy bien de “qué pata cojeamos”, es decir, sabe que necesitamos una guía para relacionarnos, de otra manera no nos es posible sobrevivir. En la Biblia está este código, específicamente en la carta a los Efesios, escrita por Pablo, capítulos cuatro y cinco.

Para empezar el escritor nos recuerda cuál es el propósito de este código de ética y sobretodo de nosotros como seres humanos, el objetivo es que seamos “uno solo”, es decir, que todos somos parte del mismo grupo de hijos de Dios. Como si fuéramos parte del mismo equipo o del mismo cuerpo. Por lo tanto no podemos estar peleados por la eternidad los unos con los otros; es como si un día nos enojáramos con nuestra propia oreja, o con un ojo, con un pulmón; es ¡imposible!, necesitamos todos los miembros del cuerpo. De la misma forma nos necesitamos unos a otros, pues cada uno debe cumplir con una función y los demás estamos para complementarla.   Y al leer esto, seguramente estás pensando que siempre hay excepciones de gente “nefasta, tonta, incompetente”, con la cual simplemente no te puedes relacionar. Pero resulta que muy probablemente alguien más esté pensando eso de nosotros, así que es momento de aprender a convivir y sobrellevarnos. En primer lugar el escritor nos reta a vivir con humildad, literalmente dice: “vivan siempre humildes, amables, pacientes y tolerantes”. La carta completa podría reducirse a esas cuatro palabras, y ya con eso nos mete en muchísimos problemas, pues la mayoría carecemos de esas cualidades. Y pensando en lo difícil que nos es hacerlo, el escritor nos motiva a esforzarnos, pues no es una tarea sencilla y requerirá toda la vida. Y para lograrlo Dios nos extiende su –gracia-, esto significa que si se lo pedimos, nos dará el carácter para hacerlo. Para al final, poder ser más parecidos a nuestro creador.

En esta parte de la Biblia se refiere al ser humano como “hijo de luz”, es decir, el escritor nos motiva a vivir como personas que iluminen su entorno; y es que en un medio de basta atrocidad, la luz resulta la única esperanza.  Dios creó la luz para separar lo bueno de lo malo, donde hay luz está Dios. Cristo es la luz y si aprendemos a seguirlo, no perderemos la luz; vivir en la luz es vivir como Cristo nos enseña. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no pueden extinguirla.  Me resulta muy interesante que a partir de aquí las recomendaciones son tan claras, tan textuales, que en muchas ocasiones no les prestamos la atención necesaria. De hecho no hace falta mucha interpretación espiritual, hace falta mucha práctica y nada más.

Lo primero que se nos invita a hacer es a vivir sin pensamientos frívolos. ¿Qué es un pensamiento frívolo? La envidia, el egocentrismo, mis intereses antes de los demás, usar a otros para cumplir con lo que quiero, el chantaje, la venganza… son ejemplos de pensamientos frívolos, es decir, que carecen de cualquier tipo de luz o esperanza; y ahí en la mente y nuestros pensamientos comienzan las peores guerras. Después nos reta a no cometer actos indecentes, y más allá de los referentes al área sexual, que seguramente fue lo primero que vino a tu mente, debemos reflexionar, qué es un acto indecente, tiene que ver con todo lo que atenta a la moral, a lo decente; involucra robar, codiciar, mentir (que adelante lo refuerza), la hipocresía, hablar mal de otros… Y sabiendo que uno de los principales conflictos en los seres humanos es la mentira, lo vuelve a reforzar diciendo que ya la dejemos y hablemos con la verdad. Me llama la atención que no dice “en la medida de lo posible habla con la verdad”, solo dice: di la verdad. Sí aunque duela, aunque te lleve a afrontar las consecuencias de decisiones anteriores, no importa dejemos el mal hábito de las mentiras chiquitas que se convierten en grandes. Y a continuación viene uno de los más complicados de seguir: “si te enojas no peques, no dejes que el sol se ponga sobre tu enojo”, particularmente en esta frase me encanta el hecho de que no dice NO TE ENOJES, si no que Dios entiende y reconoce que todos nos enojamos, es más, hasta ¡Él se enoja!; pero si nos enseña que no puede pasar más de un día con nuestro enojo. Sabemos que entre más tiempo pase, meditamos más la venganza, el coraje se incrementa y le damos una excelente oportunidad al diablo de meterse en nuestros sentimientos y como dijéramos en un lenguaje coloquial – “meter cizaña”.  Y luego viene uno de los más tentadores retos que existen: evitar las conversaciones obscenas y palabras indecentes; en una plática entre amigos comentábamos que no hay nada más tentador y delicioso a los oídos actuales y “modernos”, que hablar con groserías y obscenidades; es más, el que no lo hace se siente privado en su lenguaje; cuando debería ser al revés, hay tantos miles de palabras de las cuales hacer uso, para qué remitirnos a tan pocas. Todo lo que oímos se queda grabado en el corazón y dice la Biblia que de la “abundancia del corazón habla la boca”, llenemos nuestro interior de cosas que nos ayuden en lugar de perjudicarnos.  Más adelantito viene un reto muy interesante “abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias”, estas características son  ingredientes clave en cualquier pelea, discusión, conflicto, y regularmente terminan las relaciones basadas en esas características no terminan positivamente.  Y al final viene una recomendación interesante: no se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. No dice que el alcohol es pecado, pero si dice que el desenfreno al que llevan las borracheras es muy negativo. Y es que cuántas relaciones no se han visto afectadas por causa del alcohol.

Lo que más interesante me resulta de todas las recomendaciones mencionadas, es que Dios las mandó decir con Pablo en esta carta hace muchísimos años, es decir, que en ese tiempo las relaciones humanas también están en conflicto, y resulta que hoy en día siguen igual. Tomemos estos consejos y llevémoslos a la práctica. La clave está en practicar, hasta que nuestros hábitos negativos sean eliminados. El autor de estos capítulos nos reta a vivir de manera diferente, no como vivíamos anteriormente, hoy conocemos a Dios y sabes lo que espera de nosotros, vivamos entonces como hijos que quiere parecerse a su creador. Vivamos como hijos de luz y mantengamos relaciones saludables, los resultados son inmediatos.

Cambio y fuera!

martes, 28 de junio de 2011

Buenas y Malas Influencias


¿A quién seguir? Es una de las preguntas más comunes del ser humano. Todo lo que somos, es porque lo hemos aprendido, pero no todo lo aprendido es bueno y nos conviene. Es por eso que debemos aprender sobre las buenas y malas influencias o modelos a seguir, para tomar lo mejor de cada uno, y convertirnos en personas de influencia positiva en la sociedad que poco a poco decae.

Partimos del hecho que todos somos imperfectos, por lo tanto no podemos ser el ejemplo “modelo” para que otros nos sigan; sin embargo sí existe un modelo ideal al cual imitar. Jesús es la mejor influencia que puede existir.  Dice el apóstol Pedro 2:21, que Jesús nos salvó para que lo tomemos como ejemplo y lo sigamos; comenta más adelante en esa misma sección, que sin Jesús en nuestra vida somos como –ovejas sin pastor descarriadas- es decir, gente sin propósito que va dándose topes a cada rato; pero Él viene a salvarlos para lo que imitemos y cambiemos el rumbo. Tomando a Jesús como modelo perfecto a seguir, nos queda un reto enorme, pero no utópico, es decir, sí lo podemos llevar a cabo. Pero necesitamos ser responsables.

Un ejemplo muy interesante sobre ser buena influencia y gente que a través de su ejemplo ha cambiado la vida de otros, tenemos a Onésimo. Muy probablemente no tengas ni idea a quién nos referimos, pero te recomiendo leer la carta de Pablo a Filemón. Onésimo era un esclavo de Filemón, debemos tomar en cuenta que en aquel tiempo el tener esclavos significaba que el amo era prácticamente dueño de la persona que le servía. En este caso Onésimo “casi” le pertenecía a Filemón, pero se pelean, y Onésimo huye. Buscando un poco más al respecto, nos damos cuenta que Onésimo era un ladrón y nada confiable; así que muy probablemente Filemón lo cachó, y el esclavo se dio a la fuga, para evitar su castigo. Después de un tiempo, Onésimo termina en la misma cárcel donde el gran apóstol Pablo estaba. Claro es que Onésimo merecía estar ahí, pues era un ladrón y seguramente lo cacharon en nuevas trampas, y Pablo estaba ahí injustamente, estaba ahí porque se dedicaba a predicar el evangelio de Jesús, y esto al gobierno romano lo tenía muy inconforme, así que lo mandaron a la cárcel. Estando ahí los dos, Pablo comienza a trabajar con Onésimo, a tal punto que Onésimo se convierte en uno de sus ayudantes en compartir el evangelio de Cristo a otros. Esto es totalmente increíble, de ser un ladrón despreciado, ahora se convertía en un fiel ayudante del gran Pablo. Así que Pablo decide escribirle a Filemón, diciéndole que le envía a Onésimo, pero ya no como esclavo, si no que ha sido transformado, ahora lo envía como compañero de servicio, para que le ayude en la iglesia. Definitivamente Pablo nos sorprende con su ejemplo, en un ambiente poco amigable para enmendar el camino de un ladrón, la cárcel, Pablo toma la oportunidad de enseñarle un nuevo estilo de vida, y ayudarle a cambiar. Y es el mismo reto para nosotros.

Suena interesante más no fácil. Pero Pablo nos da un consejo muy aplicable al tiempo actual. En la carta a los Filipenses 3:17-20 Pablo hace una recomendación un tanto agresiva, pero muy cierta, diciendo que sigamos su ejemplo y el aquellos que nos enseñan lo bueno. Me llama la atención como menciona que muchos se comportan como enemigos de la cruz de Cristo, esto puede sonar un poco “elevado” o complejo, pero no lo es. La cruz de Cristo representa todo lo que Jesús nos ha dado, puede ser perdón, paz, tranquilidad, una nueva vida, una nueva oportunidad, sanidad, constancia, paciencia, fidelidad.. etc.; cada quien sabe que es lo que Dios ha hecho por ti. Pero Pablo dice que debemos seguir el ejemplo de él, y no de aquellos que van en contra de todos las cosas buenas que Dios nos ha dado, gracias a que Jesús murió por nosotros. Y más adelante dice que no vivamos como los que su único dios son sus propios deseos. Aquí está la diferencia de una buena influencia y una mala influencia. El mundo actual está centrado en el –yo- y lo más importante para todos hoy en día es yo estar bien, mi propio placer, mis gustos, mis intereses, mis prioridades, mis problemas, mi cuerpo, mi ego, mi éxito.. ¡mi todo! El dios de este siglo son nuestros propios deseos y el yo. No porque sea malo pensar en nosotros mismos, es buenísimo preocuparnos por nosotros, pero siempre con equilibrio. Y Pablo es muy claro diciendo, sigan el ejemplo de los buenos consejos que les hemos dado, no sigan a aquellos que solo se preocupan por ellos mismos.

Ahora vemos un ejemplo de alguien que tomó un mal consejo, por precisamente concentrarse en sí mismo. ¿Has escuchado de Roboám? En 1°Reyes 11:40 al 12:24 se nos relata toda la historia de este interesante personaje. David, aquel que peleó contra Goliat, se convirtió en un súper rey de Israel. Después se queda su hijo Salomón, muy conocido porque ha sido uno de los más inteligentes en la historia del hombre al pedirle a Dios sabiduría, fue todo lo que pidió, y siendo el hombre más sabio del mundo, tomó decisiones muy importantes. Entonces muere Salomón y sigue Roboám al trono. Sin embargo Roboám no fue como su abuelo David y su padre Salomón, este nuevo rey inexperto, no tenía ni idea de cómo manejar un reino; entra al poder y se enfrenta con un problema con cierta población. Eran muy oprimidos y castigados por el reino, así que le piden al nuevo rey un poco más de libertad y sobre todo misericordia. Roboám va con los consejeros de su abuelo y de su padre y les pide consejo y ellos le dicen, que sea bueno con el pueblo y tenga misericordia. Sin embargo no se queda contento con el consejo y mejor va con sus amigos. Los cuales eran igual de inexpertos que él, ellos le aconsejan ser más agresivo con el pueblo y maltratarlos más. Y así lo hace. ¿Cómo crees que termina la historia? El pueblo lo apedrea y apenitas logra salir vivo, a partir de aquí todas las generaciones odiaron a la familia de David. Que impresionante fue la decisión de Roboám. Y tal vez en nuestras decisiones cotidianas no está el reinar un pueblo entero, pero tenemos muchísimas decisiones en las que debemos ser más sabios, pues las consecuencias son inmediatas.

El libro de Proverbios en el primer capítulo es muy claro y dice, oye si los malos o los pecadores te sonsacan, no vayas con ellos, no te conviene, aunque suene de lo más tentador. Debemos desarrollar la habilidad para decidir qué nos conviene y que no nos conviene. La respuesta para aprender a hacer esta diferencia está en la primera carta a los Corintios 2:14-16, la clave está en la relación con Dios. Dice esta parte de la Biblia que si no tenemos una relación con Dios entonces todo esto suena a una completa locura, porque va en contra de lo que la sociedad actual vive; sin embargo cuando tenemos una relación con Dios y le preguntamos, entonces podemos hacer la diferencia y tomar buenas decisiones.

Pablo le recomienda a Tito en su carta, “a los jóvenes motívalos a ser sensatos, y a hacer buenas obras”. Recordemos siempre el consejo que el mismo Pablo da a Timoteo sobre ser ejemplo en nuestra forma de hablar, en el amor, en la fe, en la conducta y en la pureza. Esto es ser una buena influencia. No somos perfectos, pero somos perfectibles. No podemos aislarnos y andar juzgando a todos. Solo debemos ser sabios en los consejos que tomamos. Analizar el estilo de vida y la congruencia que haya entre lo que dicen y lo que hacen. El evangelio según Mateo 12:34b-35 dice que de la abundancia del corazón habla la boca, siempre que escuchemos a alguien o digamos algo, recordemos que es producto de lo que tiene adentro, de su estilo de vida, convicciones, forma de pensar. Recordemos llenar nuestro corazón de cosas que en verdad valgan la pena, para que eso sea lo que hablemos y digamos; pero sobre todo lo que vivamos. Ser congruentes en el pensar y actuar no es fácil, pero vale la pena.

Cambio y Fuera!

domingo, 26 de junio de 2011

Relaciones personales / Amigos

El libro “Todos somos normales hasta que nos conocen” de John Ortberg hace una analogía muy interesante sobre como todos somos muy imperfectos. Hace referencia a las tiendas de descuentos donde encontramos mercancía con un pequeño detalle imperfecto, podemos obtener dicho producto a un precio menor; sin embargo no podemos quejarnos del imperfecto, porque en su etiqueta decía que tenía alguna pequeña falla y aun así decidimos adquirirlo. Lo mismo pasa con los seres humanos, todos tenemos algún detallito que nos convierte en imperfectos. Sin embargo, nos cuesta trabajo reconocer que tenemos esa etiqueta que evidencia nuestros defectos, y nos llevamos la vida entera en tratar de esconderlos. Sin lugar a dudas, esta es una de las razones por las cuales las relaciones humanas son tan complicadas, todos somos imperfectos y debemos aprender a vivir con ello.

Una de las relaciones humanas más importantes es la amistad. Dice Proverbios  que hay amigos que son más unidos que hermanos, así que realmente es uno de los lazos de mayor trascendencia en la vida de los seres humanos. Ser y aprender a ser amigos, no es cosa fácil. Pero como siempre, vayamos al inicio de todas las cosas, dado que todos hemos fallado a aquellos que han confiado en nosotros, amigo perfecto solo hay uno: Jesús. Siendo Él perfecto, nos considera sus amigos, más allá de considerarnos sus hijos, sirvientes, o simples pecadores que no están a la altura de su amistad, en Juan 15:15 nos considera sus amigos,  y no solo eso, nos trata de la misma manera.  

La primera característica de la amistad es la confianza. Si hablamos de que Jesús nos considera sus amigos, la característica principal que pide para dicha relación es la confianza. El primer ejemplo en la Biblia es Abraham, la Biblia dice en Santiago 2:23 que como Abraham le creyó a Dios, esto le fue tomado por justicia y entonces Dios lo consideró su amigo. Ciertamente la desconfianza destruye relaciones.

Hay dos ejemplos de amistad que analizaremos en esta ocasión, la amistad de Jesús con Lázaro, y la amistad de David con Jonatán. Particularmente encontramos cuatro características que son importantes.  El primer caso de Jesús con Lázaro lo podemos leer en todo el capítulo 11 del evangelio según San Juan, historia que relata la profunda amistad que tenía Jesús con la familia de Lázaro, a pesar de que muchísima gente seguía a Jesús, muy poquitos eran considerados sus amigos de verdad. Jesús sabe que Lázaro se muere, y va a resucitarlo, a pesar de que esto le acarré algunos problemas, como que los habitantes de la ciudad donde Lázaro vivía esperaba que Jesús regresara para matarlo lentamente a pedradas. A Jesús eso no le importa y va a visitar a su amigo, a dolerse de su muerte y a resucitarlo. Y la famosa historia de David y Jonatán la encontramos en los capítulos del 18 al 20 de 1°Samuel, historia donde David había sido declarado el próximo rey del pueblo de Israel, pero el actual rey no estaba nada contento con la noticia y lo quería matar, ese rey Saúl, era papá del mejor amigo de David, Jonatán. Sabiendo que corría mucho peligro el continuar siendo amigos, hacen un pacto de protección mutua, aun cuando alguno de los dos muera, se prometen cuidar a sus familias, y David lo lleva a cabo muchos años después que Jonatán muere. Jonatán previene a David en algunas ocasiones que supo que su papá Saúl ya estaba por encontrarlo, y decide defenderlo frente a Saúl. Ambas historias coinciden en cuatro puntos. Número uno, debemos amar a los amigos como a nosotros mismos. De hecho es el mandamiento de oro, amar al prójimo como a nosotros mismos. Ahora bien, los siguientes pasos son la aplicación de esa frase, para que no quede solo en una declaración, sino se convierta en acciones. Número dos es acudir a ayudar al amigo, lo cual es una decisión personal. El mundo actual se ha convertido en un mundo muy comunicado, pero nada personal. Nos hemos envuelto en conversaciones como: “como estas? –bien y tu? –también” y punto. No buscamos relaciones o conversaciones en donde tengamos que exponer un poco más nuestro interior. Por lo tanto decidir ayudar, requiere salir de esa zona de comodidad aislada y abrirse a escuchar y tal vez embarrarse un poco de los problemas del otro. Y aquí es donde entra el punto número tres, será necesario sufrir un poco juntos. Las relaciones se fortalecen en los roces, dice Proverbios 27:17 que hierro con hierro se afila, y el hombre se afila con sus amigos. Así que va a ser necesario entrar al trabajo duro y rudo, para entonces sí mejorar la relación, conocernos más a nosotros mismos y al otro, y fortalecer los lazos. Para finalmente en el punto cuatro, demostrar con actos, siendo este tema bastante amplio y relativo a cada caso en particular. Tiene que ver con la responsabilidad y el compromiso.

Dice Eclesiastés que es mejor dos que uno, para ayudar a levantarnos. En este ambiente, como mencionábamos, donde preferimos aislarnos, permanecer en nuestro propio mundo, antes de ser heridos por el mundo exterior, es necesario entender que Dios nos creó como seres que deben vivir en comunidad, no nos formó aislados, nos creó para vivir juntos. Solo debemos aprender a hacerlo de la mejor manera.

Recordemos la recomendación que nos da la primera carta de Pedro, capítulo tres verso ocho. Vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes. No devuelvan mal por mal, ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados para heredar una bendición.  Seamos amigos.

Cambio y Fuera!

sábado, 18 de junio de 2011

Dádivas


Dios ha sido bueno y dadivoso con nosotros, por lo que nos dio la Tierra y todo lo que está en ella para administrarla. Él es el dueño de todo y nosotros los administradores. Para ser buenos administradores, somos retados a hacerlo de la manera en que Él lo hace. Seamos imitadores de lo bueno. Dios nos da sin medida, y nos encanta que nos dé, por lo tanto aprenderemos a dar igualito que Él. Todo el libro de Proverbios está lleno de recomendaciones sobre las dádivas, donde nos motiva a no ser codos y que tengamos un corazón dispuesto a dar.

El libro de los Hechos en el capítulo 20 versículo 35 nos dice que es mejor dar que recibir, ya que Dios es el que nos ha dado todo. Y hablar de dar a los pobres o necesitados, casi siempre es sencillo, porque somos una generación cuyo sentido de compasión ha sido muy desarrollado. Dice Proverbios que cuando damos a los pobres es como si le prestáramos a Dios, también nos dice que no debemos hacernos de la vista gorda, y que Dios aprecia a los ojos misericordiosos. Así que pongámosle pies a la Biblia y demos. Pero también aprenderemos sobre otras dádivas que Dios nos reta de manera muy interesante.

¿Qué es el diezmo? Dice Proverbios 3 del 9 al 10 que el diezmar es un acto de obediencia, es decir, es  una forma de mostrar a Dios que lo honramos. Si hacemos esto, tendremos en abundancia y lo que hagamos será prosperado. Y sé que todos nos hemos preguntando alguna vez, ¿para qué son los diezmos?, ¿por qué Dios necesita nuestro dinero? Me encanta la manera en que Pablo, el gran apóstol, lo explica en Filipenses. Vamos a entrar en contexto.  Pablo dedicaba toda su vida para ir a levantar iglesias, es decir, ir a predicar el evangelio. Pablo dejó su trabajo en el gobierno romano, un trabajo muy bien pagado, para poder dedicarse a esto, Pablo dejó todo lo que tenía, para ir de ciudad en ciudad y comenzar a predicar del evangelio de Jesús, y que más y más gente le conociera. Entonces todo el sostenimiento económico de Pablo provenía de las iglesias que iba levantando, NO DE LA CARIDAD, sino del apoyo de los hermanos a los que ayudaba. En Filipenses 4:10-20, Pablo explica como la Iglesia en Filipenses fue la única que al principio del ministerio de Pablo, comenzó a colaborar para que Pablo pudiera trabajar, Pablo es muy enfático en que no escribe para pedirles más dinero, al contrario, escribe para darles las gracias por el apoyo cuando nadie más lo proporcionó. Y este es el objetivo principal de los diezmos.  Apoyar a que el evangelio llegue a más personas. Entonces debemos dar, para que así como a nosotros alguien nos ha compartido del amor de Dios, más gente pueda conocer y también su vida pueda ser transformada.

Pero debemos tener mucho cuidado, porque la actitud es muy importante. Desde que Dios nos creó, nos pidió que de todo lo que hiciéramos o produjéramos le diéramos lo primero. Por ejemplo con Caín y Abel, ellos se dedicaban a la agricultura, así que su deber era dar las primeras cosechas. Un día que les tocaba dar cosechas, cada uno dio la suya, pero Caín la dio con mala actitud, y aun eso Dios lo tuvo en cuenta.

Hablar sobre dar a Dios la primera parte o el diez por ciento de nuestras riquezas, o lo que esto represente, puede llegar a ser incómodo, pero a Dios no le parece para nada incómodo, al contrario, Dios nos reta.  Dice Dios en Malaquías 3:10, traigan sus diezmos a la iglesia, y pruébenme en esto y vean si no hay alimento en su casa, vean si no abro las ventanas de los cielos y derramo bendiciones sobre ustedes de tal manera que sobreabunde, y nada los destruirá. Es la única parte de la Biblia donde Dios dice “pruébame” o “te reto”. Está diciendo literalmente, que si Él promete que nos bendecirá al obedecerle, así va a ser, porque Él no es mentiroso como nosotros. Así que vale la pena entrarle al reto. Hay muchos retos en el mercado, retos de productos, de servicios, etc, pero no hay nadie que te asegure que te abrirán las ventanas de los cielos para que te den riquezas hasta que te sobren, solo Dios.

Y al tomar el reto nos lleva a pensar en lo que menciona 2°Corintios 9:5-7 acerca del sembrador. Todos conocemos las analogías y aquí se utiliza una nuevamente, y dice: “el que siempre escasamente, también escasamente recogerá, pero el que siembre abundantemente, de la misma manera recogerá”. En pocas palabras Dios nos sigue retando, es decir, si ya vamos a decidir confiar en Él, hagámoslo al cien por ciento y no solo en partes, porque Él nos dará de la manera en que demos. Dice Lucas 6:38, que demos y así se nos dará, pero Dios da una medida, buena, grande, rebosando; pero acordándonos que como demos, así también se nos regresará.

Si damos mucho, poco, más o menos, es decisión de cada uno. Pero veamos el ejemplo de la viuda pobre, es un ejemplo que contó Jesús y que en verdad conmueve muchísimo. Está una viuda pobre, muy pobre, a la cual solamente le quedan dos moneditas, las de menor valor, es todo lo que le queda, pero eso ya lo había destinado para dar en la iglesia para Dios. Y eso da. Y Jesús al verla, la compara con todos los ricachones de ese tiempo, diciendo que ella había dado mucho más que ellos, pues daba lo que tenía en su corazón; lo otros daban millones para que todos vieran y sintieran que sus pecados les eran perdonados por andar de “dadivosos”, pero no era la actitud correcta.

Corintios dice que debemos dar el primer día de cada semana, en la iglesia donde recibamos la enseñanza y donde estemos creciendo, porque así como nosotros recibimos una buena enseñanza de Dios que nos hace mejorar, crecer en Dios, aprender, también otros deben hacerlo. Nunca se nos olvide el sabio consejo que se nos da en 2°Corintios 9:7, cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.  Mateo nos reta a recordar que  es muy bueno diezmar, pero no debemos olvidarnos de lo importante como la justicia, el amor, las buenas obras. Es necesario tener un equilibrio.

Cambio y fuera!

sábado, 11 de junio de 2011

Administradores y no dueños

La riqueza es como el agua salada, cuanta más se bebe más sed da. (Schopenhauer), y cuan cierto es. En esta ocasión hablaremos sobre la administración sobre la riqueza, el dinero, los bienes todo lo que está alrededor.

Considero importante hacer un análisis que pocas veces hemos hecho, ir al principio de todas las cosas. Empecemos desde Génesis 1:1 “En el principio Dios creo los cielos y la tierra”. Es decir, que Dios es el creador de TODO. Dios creo la tierra, los animales, las plantas, los peces, todo lo que ya sabemos, pero eso es precisamente la materia prima para que trabajemos. De hecho en Génesis 1 del versículo 28 al 30, un poquito más adelante, que Dios nos da una orden como pobladores de la tierra, nos dice que nos multipliquemos, y que administremos toda la tierra. Administrar la tierra significa trabajar en ella y hacerla crecer. En aquel tiempo Dios no iba a decir, “bueno hijos les dio las grandes zonas industriales y los imperios tecnológicos para que los desarrollen”, ¡NO!, en ese momento dio la materia prima y las herramientas básicas para que se comenzaran a desarrollar todo lo que hasta ahora conocemos. La orden fue clara, administren la riqueza en la tierra a partir de lo que les doy, la recompensa será su suya. Hoy en día vemos representada la riqueza en el dinero, como la paga de nuestro trabajo. Representa que hemos trabajado arduamente y que merecemos ser recomenzados.  Somos su máxima creación, sus hijos queridísimos, está encantado con nosotros, así que nos capacitó y nos dio las herramientas para poder administrar todo. Sin embargo también nos dice unas palabras interesantes más adelante en la misma Biblia, en Deuteronomio capítulo 8 del versículo 11 al 18. A continuación una paráfrasis de esa parte: Comerás y te saciarás, y bendecirás al Señor tu Dios por la buena tierra que te  dio. Cuídate de no olvidarte del Señor tu Dios, y sobre todo de cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy; no vaya a ser que comas y te sacies, y edifiques buenas casas, y tus vacas y tus ovejas se incrementen, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides tu Dios, que te sacó de tu más grande problema, de la esclavitud en la que estabas; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, pero que te sustentó en medio de ese desierto, afligiéndote y probándote, haciéndote bien; así que no digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate que el Señor tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas.” Al leer esto, en verdad considero que hagamos una pausa en todo y lo leamos muchas veces hasta que nos casi casi lo memoricemos. Dios está siendo súper claro y nos dice que claro que nos va a ir ¡súper bien! Él nos dio la materia prima para trabajar, y además de eso, nos va a prosperar para que nuestro trabajo rinda mucho y crezca de manera buena; pero no se nos vaya a olvidar por ahí el pequeño detalle que todo lo que logremos es por Él. A final de cuentas si Él es el creador de todas las cosas, también nos da la fuerza, la inteligencia, nos pone en las situaciones correctas, nos da las amistades, los conocidos, esas habilidades increíbles, esos dones únicos, esos detalles que hacen magia en los negocios, todo eso Dios lo hace para que logremos los objetivos y nos vaya muy bien. Pero nos recuerda, “cuando te esté yendo muy bien, no se te vaya a olvidar que Yo, el Señor tu Dios, es el que hace todas las cosas, no creas que eres tú”.  Pero tranquilos, no es que Dios nos quiera hacer sentir mal, simplemente nos recuerda que somos administradores de su grandeza y de sus riquezas, pero no somos los dueños, solo Él es dueño.

 A Jesús le gustaba hablar en parábolas, es decir, en historias, y así podía transmitir enseñanzas muy buenas, pero de manera mucho más entendibles. Y una de ellas hace referencia a lo que estamos platicando. Había un hombre muy rico, dueño de muchos negocios que tenía que salir de viaje. Así que dejó a tres de sus mejores hombres a cargo de sus negocios. Al primero le dejó diez mil monedas de oro, al segundo cinco mil monedas de oro y al tercero mil monedas de otro. Les dijo que regresaría en cierto tiempo y que esperaba que cuidaran de ese dinero, porque ya sabían que era muy estricto no toleraría pérdidas. El primero (diez mil) lo invirtió. La verdad es que la historia no cuenta en qué lo invirtió, pero me gusta pensar que invirtió el dinero en negocios, porque al final cuenta que dobló la cantidad, y logró obtener veinte mil monedas de oro. El segundo, el de las cinco mil monedas hizo lo mismo, invirtió el dinero y también las duplicó. Pero el tercero, tuvo mucho miedo de su jefe y no quiso arriesgarse, así que literalmente enterró su moneda en medio del patio de su casa y se esperó a que su jefe regresara. Cuando el jefe regresa después de varios meses. Les pide cuentas, el primero le entrega el doble de dinero, y el jefe lo recibe muy contento, el segundo igual, pero al ver al tercero lo regaña, lo corre y le dice que lo poco que tenía que lo quitaran y se lo dieran al que tenía veinte mil monedas de oro.

Realmente esta historia es muy interesante. Más que parecer injusta, hay varios puntos para reflexionar. En primer lugar entender que Dios no nos da lo mismo a todos, a cada uno nos da algo completamente diferente, si nos da poco o mucho, es porque Él tiene un propósito diferente, pero de igual manera está esperando que hagamos algo con eso. Pero si nos da, es porque confía en nosotros y nos ama, así que démosle gracias y aprovechemos lo que tenemos, pero sobre todos seamos responsables con lo que nos da; porque al darnos es porque está confiando, y al confianza siempre conlleva la responsabilidad. Es interesante como el jefe es una analogía de Dios, y Dios siempre nos pedirá cuentas de todo, de lo poco o de lo mucho, pero siempre nos pedirá cuentas, así que seamos responsables con lo que nos dé.  Seguramente cada uno está especulando sobre en qué habrán invertido esos hombres el dinero, el jefe solo pidió cuentas, cada uno de nosotros tenemos que ser creativos y rendir cuentas sabias e inteligentes. Obviamente Dios espera negocios éticos e íntegros, que vayan conforme a sus demás mandamientos, nada de negocios chuecos.  Pero esto me lleva a reflexionar sobre el hecho de la riqueza vendrá del área en la que más te guste trabajar. ¡Es muy probable que el negocio que pienses que esos hombres hicieron, es el que a ti más te guste! Porque en eso eres bueno, y ahí ves un futuro. De ahí vendrá tu riqueza.

A final de cuentas este es el plan de Dios, darnos toda la materia prima, herramientas, oportunidades, formas, espacios, para que podamos disfrutar de su creación y aprovecharla. Pero siempre teniendo equilibrio, el problema está cuando no tenemos equilibrio respecto al dinero, y sobre todo a la prioridad que le damos en nuestra vida. Dice Eclesiastés 5:10 que el que ama el dinero, nunca se va a saciar, el que ama tener mucho, nunca va a tener suficiente.  No hay mucho que explicar, todos sabemos que no hay sueldo que nos sea suficiente, precio que nos compre lo suficiente; pero si podemos decidir estar satisfechos, ser agradecidos, administrar con mayor sabiduría, ser más generosos, menos egoístas.  No hay una serie de pasos de qué hacer o qué no hacer con el dinero. Sin embargo me gusta la reflexión que le dice Pablo a Timoteo en su primera carta en el capítulo 6 del 17 al 19 y dice: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” Si analizamos a detalle estas líneas coincidiremos en que no hay algo más relativo y efímero que la riqueza, hay claros ejemplos de riqueza inquebrantable como la realeza; sin embargo riqueza cotidiana como el nivel y estilo de vida que llevamos una buena cantidad de personas en el mundo, cualquier de nosotros puede ser considerado rico si nos comparamos con alguien que vive del otro lado del mundo y que no puede leer que tú estás leyendo porque no tiene una computadora con acceso a internet, o porque ni siquiera tiene una casa, alimento, vive en una comunidad marginada, etc. Así que, si tienes el privilegio de estar leyendo este escrito puedes sentirse aludido en lo que dice Pablo, y eres considerado, según la definición de riqueza que nos atrevimos a hacer, uno de los ricos de este mundo. Pon tu nombre en ese párrafo: “A los ricos (pon tu nombre) ….” Y vuelve a leer todo el mandato… sintámonos aludidos y seamos buenos administradores de las riquezas que Dios nos da, entendiendo que no somos dueños de ellas, por lo tanto no podemos disponer de ellas a nuestro antojo, pero si las administramos para hacerlas crecer, pero también para darle cuentas al dueño.

Cambio y Fuera.