lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Eres Fiel?


¿Tienes fe?, ¿eres fiel? Parecen preguntan muy diferentes. Tenemos fe en muchas cosas, algunos tienen fe en Dios, en sus creencias, en sus pensamientos, sentimientos, en alguna persona; sin embargo la fidelidad no creemos que vaya ligada a la fe. Según el diccionario tener fe es el conjunto de creencias de una religión. Y la humildad tiene que ver con la lealtad. En la Biblia, Dios le da un nuevo significado a la fe o fidelidad, ya que en el caso de lo mencionado en la carta de Pablo a los Gálatas 5:22, sobre el fruto del Espíritu Santo, la fe y la fidelidad es lo mismo.  Fe/fidelidad en la Biblia tiene el sentido activo de fe, indicando la acción de confiar en alguien, pero en algunas ocasiones puede tener sentido pasivo, ser confiable. En este segundo caso, se puede traducir fidelidad. Es con frecuencia usada como una convicción o creencia con respecto a Dios y a Cristo, pero también es usada para describir la cualidad de "fidelidad, devoción". Entonces el reto se vuelve más alto, ya no es suficiente con tener fe, es necesario ser fieles, confiables, es decir que otros tengan fe en nosotros.

Todos hemos resaltado alguna vez la increíble cualidad de Dios de ser fiel. Dios es fiel. Dios es fiel, porque está con nosotros en los problemas, y aunque sea complicada nuestra situación sabemos que está ahí. Dice el apóstol Pablo a los Romanos en capítulo 8 versículo 31, “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Entonces no hay excusas, confiemos en que Dios siempre trae algo entre manos, debemos confiar y obedecer aunque no entendamos todo. Jesús mismo fue fiel cuando estuvo en la tierra, pues se apegó a su propósito; dice el evangelio según San Juan 8:29 citando a Jesús “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada”. La fidelidad de Dios se extiende a todo lo que estar con Él conlleva, dice Hebreos 4:16 que  tengamos la confianza de acercarnos a Dios, a su trono de gracia, para entonces alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”, en una generación que ha decidido no cumplir promesas, Dios es el único que siempre cumple sus promesas. Y sobre todo, Dios es fiel por siempre, es decir, la fidelidad es parte de su persona y no importa lo que el ser humano haga o no haga, Él no cambia y sigue siendo fiel. Así que, siendo nosotros sus hijos y su creación a su imagen, entonces  Dios confía en nosotros y no nos da más de lo que podamos soportar, tiene fe en que nos ha dado las herramientas para salir adelante. Pablo nos dice en su primera carta a los Corintios 10:13 que “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

Salmo 12:1-2 dice: “Hay acaso algún fiel entre ustedes; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.” ¿Puedes creer que estas fueron las palabras de David, el salmista, hace miles de años? Pareciera que el ser humano no ha cambiado y sigue comportándose de la misma manera, hoy en día no existe gente fiel. Las relaciones se rompen por falta de fidelidad, por romper la confianza que se tenía el uno por el otro. Sin embargo, que no exista la fidelidad no significa que podamos vivir sin ella, al contrario, es urgente encontrar fieles.

Lo más importante es querer ser fiel. Es una decisión 100% personal, como todas las características del fruto del Espíritu en nosotros, es una consecuencia de una decisión, no es una característica con la que nacimos. Las verdades que nos hacen creer, así que seamos veraces con la fidelidad, hagámosla parte de nuestra vida, de tal forma que se vuelva un estilo de vida. Sin embargo ser fiel no significa ser como borreguitos e ir tras ideologías al por mayor, significa meditar en lo que creemos, definir prioridades y convicciones y entonces sí, aferrarnos a ellas.

Obtendremos fidelidad, de la que Dios nos enseña, cuando estamos en comunión con Él, es decir, cuando Dios vive en nosotros. Reconocemos que necesitamos esta característica en nuestra vida. Pedimos que Dios nos ayude. Y entonces comenzamos a ser cuidadosos en nuestra forma de actuar, es decir, necesitamos ser perseverantes en la fidelidad.

¿A qué le eres fiel? Las respuestas pueden ser muchas y muy variadas, pareja, marca de ropa, artista, estilo de comida, etc. Sin embargo la pregunta real es: ¿a qué vale la pena ser fiel? Entonces sí es necesario reflexionar. Necesitamos ser fiel en primer lugar a Dios, es la fuente perfecta de fidelidad, lo necesitamos con urgencia. Aprendemos a aplicar esa fidelidad, y las demás características del Espíritu de Dios, cuando pertenecemos a una iglesia local, seamos fieles a ella; es la única manera de retarnos unos a otros a permanecer, de otra forma tu decisión se verá débil constantemente. La familia es el entrenamiento por excelencia para el resto de las relaciones en nuestra vida, seamos fieles a nuestra familia. Y por último, pero igual de importante que las demás, nos debemos fidelidad a nosotros mismos; seamos congruentes con nuestras convicciones, vivamos con integridad, dejemos de mentirnos a nosotros mismos, cuidemos lo que entra y lo que sale de nuestra mente, boca, oídos, corazón; seamos fieles a nuestros principios, a nuestros sueños. Se fiel a lo que realmente vale la pena, todo lo demás te seguirá dejando un vacío interior.

Ser fiel es tener congruencia entre la vida espiritual y la vida real, es decir, involucrar la mente, el corazón y la voluntad en todo lo que hacemos. Es imposible decir que podemos llevar una doble vida, la espiritual y la vida real. Nuestra vida real debe basarse en la espiritualidad que Dios nos da. De otro modo, somos infieles.

Dios nos da el ejemplo perfecto de fidelidad, y lo mejor es que nos da el Espíritu Santo para que viva en nosotros y nos ayude a ser fieles y confiables, no hay excusas.  Busquemos la fidelidad divina, la que Dios nos da y nos permite tener. La fidelidad de Dios tiene que ver con personas fieles en las que se puede confiar, de las cuales se puede depender, es esa persona de quien cuya palabra que podemos aceptar sin reserva; es una descripción inquebrantable e inflexible como la de Jesús, es confiar siempre en Dios.

Cambio y Fuera!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Final Feliz

La canción “Now generation” de los Black Eyed Peas me parece el reflejo perfecto de quiénes somos y cómo es nuestra generación hoy en día.  A continuación citaremos algunos fragmentos:

We are the now generation Somos la generación de hoy
We are the generation now Somos la generación hoy
This is the now generation Ésta es la generación del hoy
This is the generation now Ésta es la generación hoy

I want money, I want it, want it, want it Quiero dinero, lo quiero, lo quiero, lo quiero
Fast internet, stay connected in a jet Internet más rápido, estar conectados siempre

And I just can’t wait Es que no puedo esperar
I need it immediately Lo necesito inmediatamente
And I just can´t wait Es que no puedo esperar
I want it immediately Lo necesito inmediatamente

‘Cause time can’t wait Porque el tiempo no puede esperar
And I sure can’t wait Y yo, por supuesto, que no puedo esperar
I ain’t got no patience No tengo nada de paciencia
No, I sure can’t wait, not today No, por supuesto, no puedo esperar, no hoy

Somos la generación del ahora y ahorita. Benditas son las bondades de la tecnología y la rapidez, no tenemos problema con eso, pero es muy preocupante que en esta generación carecemos de paciencia en su totalidad, pero sigue siendo un ingrediente necesario en la vida. La paciencia no es una virtud, si fuera una virtud la encontraríamos en el interior de cualquier ser humano, y te aseguro que si buscas y buscas no lograrás encontrar esa paciencia que tanto necesitas para la vida diaria. La paciencia procede de Dios. Dios es paciente, es una de sus cualidades, y solamente de Él podremos obtener paciencia para vivir en nuestra realidad. Pablo en su carta a los Romanos 15:5 dice que el Dios de paciencia y consolación nos haga más parecidos a Jesús.

La paciencia es un fruto de que el Espíritu de Dios vive en nosotros. Es una muestra de que nos hemos acercado a Dios. Has escuchado que dicen que si quieres paciencia, se la pidas a Dios y te traerá problemas para que desarrolles la paciencia. Si esta fuera la clave, entonces nadie pediría paciencia, ¿quién quiere problemas?, ¡si lo que deseamos es salir de ellos!

¿Quieres tener paciencia? Busca el libro de Apocalipsis 14:12, dice: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.” La paciencia llega cuando obedecemos los lineamientos de Dios. Entre más nos acercamos a Dios y buscamos obedecerlo, entonces obtenemos paciencia. En la medida en que obedecemos lo que Dios nos dice en Su palabra, entonces nos meteremos en menos problemas o entenderemos la solución para los ya existentes. Ahora apliquémoslo.

Si te pregunto sobre la utilidad de la paciencia, jamás cruzará tu mente, que la paciencia te dará el final feliz que tanto necesitas, y así es. Santiago, el escritor, nos da la clave de la feliz total. La cita de Santiago 1:3-4 en la Biblia, es cien por ciento recomendable que te la aprendas de memoria, para en momentos estresantes, puedas sentir un poco de alivio. Dice: hermanos míos, tengan gozo (alegría) cuando estén en medio de diversas pruebas (problemas, conflictos, frustraciones, injusticias), sabiendo que la prueba de su fe producirá paciencia. Para que por medio de la paciencia, llegue a feliz término la obra (tu propia vida), para que sean perfectos e íntegros, y no les falte nada. ¿Lo leíste bien? Dios nos está diciendo que sí quiere que seamos felices, además de que seamos perfectos y no nos falte nada. Es de las citas más alentadoras que existen. Y el escritor es muy claro, la clave está en la paciencia.

Acerquémonos a Dios para aprender la paciencia y desarrollarla. Vivir al ritmo que se nos demanda en la generación actual te garantizo que te hará ni feliz, ni perfecto y siempre te faltará algo.  Vivir bajo el esquema de Dios, obedeciendo lo que Él dice nos traerá una recompensa incomparable. Recordemos que la paciencia solamente procede de Él, en nosotros no desarrollamos paciencia de manera natural. Él la hace crecer dentro del corazón confiado y obediente.

¿Quieres un final feliz? Acércate a Dios, aprende su estilo de vida, obedécelo y desarrolla la paciencia en tu vida. Final feliz garantizado.

¡Cambio y fuera!

lunes, 7 de noviembre de 2011

Viva la paz

¿Ansiedad, miedo, incertidumbre? ¿Te suena familiar? Hoy en día prácticamente todos experimentamos esos estamos con bastante frecuencia, lamentablemente. Parece que hace mucho que realmente no experimentamos paz verdadera.

Según las definiciones populares, la paz siempre se define en términos negativos, es decir, es una situación donde no hay guerra, contraposición a las turbulencias, no pleitos, no riñas. Sin embargo la Biblia define la paz en términos positivos. Según Dios, en su palabra se define la paz como el estado de tranquilidad de una persona que confía en que es salvo (y todo lo que esto conlleva), no teme a nada y está contento con lo que tiene, sin importar lo que sea.

Jesús es la única fuente de la paz. Él mismo predicó la paz,  y murió en la cruz para hacer posible la paz con Dios, el hombre y con nosotros mismos. Es el conducto por medio del cual Dios ahora da la paz al hombre, como fue pronunciado la noche que Él nació, como menciona Lucas 2:11-14.

 Vivir en paz debe ser une estilo de vida presente en todo momento. Para conservar la paz entre Dios y nosotros, necesitamos conocer lo que Dios dice, para entonces desarrollar la confianza en Él. Si no conocemos lo que Dios nos promete no podemos pedírselo. El profeta Isaías en el capítulo 48:18 nos recuerda que “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar. ” Quien no quisiera tener tanta paz que se parezca a un rio y refresque a todos los que están a nuestro alrededor. Además de esta confianza en Dios, es necesario ser  muy fieles a la oración. Filipenses 4:7 dice que por nada estemos afanosos o preocupados, sino sean conocidas nuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y entonces, la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. No oramos para que Dios sienta bonito, oramos para desarrollar una relación con Él, oramos para aprender a confiar plenamente en lo que Él dice, y aprender a experimentar Su paz.

Para estar en paz con los demás, sean papás, hermanos, amigos, novios(as), compañeros de trabajo, etc., necesitamos buscar la paz y seguirla. La recomendación del salmista es “Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela. (Salmo 34:14)” Seguir con el pensamiento egoísta que dice que estaremos en paz hasta que se terminen los problemas, las discusiones, o hasta que los demás decidan estar en paz con nosotros, es un pensamiento utópico. Buscar la paz, como dice Salmos, significa esforzarnos, dejar nuestro ego y poner un extra para estar en paz con otros.  Es necesario ser de una misma mente, tener compasión, amarnos como hermanos, ser misericordiosos y amigables, no regresar maldición por maldición, ser dadores de bendición.

Y tal vez lo más complicado será estar en paz con nosotros mismos. ¿Qué te quita la paz?, es una pregunta interesante. Pensemos en qué momentos nos hemos sentido intranquilos, preocupados, impotentes, angustiados… Sentirnos así es consecuencia de la presencia del pecado en nosotros. Suena complicado, ¿cierto?, pero es que cada vez que sentimos que las circunstancias nos ahogan, es porque no tenemos confianza en Dios y no somos capaces de cederle el control a Dios, somos egoístas. La paz se va de nosotros cuando no estamos actuando de la manera correcta y queremos solucionar las cosas a nuestra manera, suena fuerte, pero es pecado. Dios quiere que vivamos tranquilos, quiere que tengamos una buena vida, pero para lograrlo necesitamos obedecer lo que Él dice. El estilo de vida divino es 100% aplicable hoy en día, la Biblia es un conjunto de principios para vivir bien, de manera saludable, provecha, con éxito y sobretodo en paz.  El Salmo 119:165 nos recuerda que mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo. Busquemos hacer la voluntad de Dios, a pesar de las circunstancias y está garantizado que tendremos paz, a pesar de las circunstancias. Una vez que decidimos adoptar las ideas de Dios a nuestra vida, entonces es necesario desarrollar el contentamiento, es decir, estar agradecido con mi situación actual. Siempre habrá algo más que comprar, alguien más con quién convivir, un logro más que alcanzar; pero dejemos de vivir en el hubiera, en el posible futuro, llenos de quejas, de complejos. Vivir agradecidos es una decisión, no un sentimiento. Veamos las cosas que sí tenemos y agradezcamos esas, dejemos de poner nuestra mirada en todo aquello que no tenemos y que nos hace desdichados; entonces experimentaremos una paz fuera de lo conocido.

Los humanistas dicen que podemos encontrar la paz en nosotros mismos, sin embargo, jamás podremos encontrar paz en la naturaleza humana; la única manera de producir paz es a través de la presencia del Espíritu Santo en nosotros, independientemente de la solución de los problemas. No tratemos de entenderla, aprendamos a vivirla.

Lo más importante es que decidamos tomar acciones en nuestra vida para tener paz, y es en esa constante de paz que tomaremos las decisiones adecuadas conforme a la voluntad de Dios. La paz de Dios, es acompañada con amor y gozo(alegría) aún en los problemas. Pablo le dice a los Romanos 5:2, “(refiriéndose a Dios) por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en los problemas, sabiendo que los problemas producen paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. ” La confianza en Dios desarrolla la paz que tanto buscamos.

¡Cambio y Fuera!

miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Eres Feliz?

¿Eres feliz?

Seguramente tu respuesta estará basada en la situación por la que estés pasando, ¿cierto?, si ha sido un buen día, productivo, exitoso, si has estado con las personas que amas, si has tenido tiempo para descansar, o si estás en crisis, depresión, soledad… tu respuesta será el resultado del grado de satisfacción que estés experimentando.  Según la cultura popular y el diccionario de la lengua española, la alegría es un sentimiento grato, expresiones de felicidad, de júbilo, complacencia, esperanza, ánimo. Sin embargo Dios redefine el significado de alegría o gozo. A través de Su palabra, la Biblia, Dios nos enseña que la alegría es mucho más que felicidad. No depende del éxito económico, la salud o la popularidad. La alegría que proviene de Dios no tiene nada que ver con la que el ser humano experimenta día a día; proviene de la obediencia y el perdón que Dios nos otorga.

Alegría según la Biblia, es una alegría que no depende de las circunstancias. Y parecería una definición utópica, pues pareciera inalcanzable, sobre todo cuando el presente cada día es más complicado. El ambiente actual se define a base de constante frustración, estándares demasiados altos para cumplir, seres humanos altamente competitivos, egoísmo, falta de humildad, falta de perdón y otras conductas semejantes. A partir de esa realidad resulta casi imposible ser personas felices, por más de dos minutos. La alegría actual está muy relacionada con la autosatisfacción momentánea, pero dista de una felicidad constante e invariable. Es por eso que la fuente de la alegría jamás podrá venir de nosotros mismos, es necesario recurrir a Aquel que nos ofrece alegría real, sustanciosa, invariable y prolongada.

Dios es el único que nos puede llenar de alegría cuando decidimos creer en Él, dice la carta de Pablo a los Romanos 15:13 que Dios, quien es Dios de esperanza, nos llenará de todo gozo y paz en el creer, para que abunde la esperanza por el poder del Espíritu Santo. La única manera de producir alegría “divina” es por medio del Espíritu Santo en nosotros, si no hacemos a Dios parte de nuestra vida no podremos experimentar esta alegría.  En medio del dolor, de la frustración, de la traición o de la impotencia es imposible recibir alegría o gozo, sin embargo cuando experimentamos la presencia de Dios entonces sí podemos experimentar este regalo. Dice el Salmo 16:11 que cuando estamos en la presencia de Dios, entonces hay “plenitud de gozo”, es decir, alegría perfecta. ¿Dónde está la presencia de Dios? Lamentablemente en muchas ocasiones limitamos la presencia de Dios a los edificios que llamamos iglesia; sin embargo la presencia de Dios está donde estemos nosotros, siempre y cuando la busquemos. La presencia de Dios está cuando oramos, aunque sea en el rincón más escondido de tu oficina, está cuando la buscamos orando y leyendo la Biblia. Si queremos impregnarnos constantemente de alegría, entonces busquemos con vehemencia la presencia de Dios.

¿Qué es el ser humano sin Dios?, pongámonos a pensar qué sería de nosotros si no hubiésemos decidido relacionarnos con Dios; definitivamente seríamos verdaderos animales que se dejan llevar por su instinto solamente, sin embargo, la experiencia de conocer a Dios nos da las herramientas para no auto destruirnos. Es por eso que el solo hecho de pensar que Dios mandó a Jesús para salvarnos y gracias a esto podemos ser perdonados, es motivo suficiente para tener alegría. Y cuando hablamos de esta alegría “divina” no nos referimos a estar riendo todo el tiempo, sino a tener esperanza. Decir que estamos alegres, significa que sabemos que las cosas están bien o van a estar bien, la situación está mejorando, tenemos noticias favorables a futuro; siempre tiene que ver con la esperanza de que esa alegría perdurará un poco más. No existe una esperanza más certera y confiable, que el saber que Jesús murió por nosotros para perdonarnos, darnos una vida diferente y vivir con Él en la eternidad. De aquí parte la premisa acerca de que la alegría divina no depende de las circunstancias, porque aquello que está ocurriendo en nuestra vida es temporal y tarde o temprano mejorará o empeorará; sin embargo, el amor de Dios y su salvación siempre serán constantes en esas circunstancias temporales. 

En el Salmo 51 del versículo 10 al 12, el salmista le pide a Dios que cree en él un corazón limpio,
Y renueve un espíritu recto, y entonces le devuelva el gozo de la salvación. Y es que la mayoría de las ocasiones que experimentamos falta de alegría es por la presencia del pecado en nuestra vida, es una relación directamente proporcional; a pesar de la satisfacción temporal que el pecado produce la mayoría de las veces (de no ser así, no sería tan tentador hacerlo). La clave para conservar la alegría, a pesar de las circunstancias, está en obedecer los mandatos de Dios. Lamentablemente las palabras: mandatos y reglas, tienen una connotación negativa en la mayoría de las personas; pero para Dios no es así. Los lineamientos que Dios estableció son para que saquemos lo mejor de nosotros mismos y de nuestra vida; nos previenen de equivocarnos y entonces no sentir alegría. Obedecer es sinónimo de alegría divina

Vale la pena experimentar y adoptar la alegría de Dios en nuestra vida. Bien nos recuerda el profeta Nehemías que solo Dios es nuestra fortaleza, y en la medida que nos aferremos a eso, logremos conservar el gozo. La alegría jamás será la ausencia de problemas, y como conforme la vida avanza los problemas se vuelven más complicados, entonces practicar la alegría que Dios nos da, nos capacita para los próximos problemas.

Cuando somos agradecidos entonces somos capaces de identificar y reconocer todas las cosas buenas que sí tenemos, en comparación con las que no tenemos. La alegría divina se base en la acción de gracias, práctica que se recomienda apliquemos de inmediato. Pablo le dice a los Colosenses que demos gracias a dios porque nos ha dado la oportunidad de participar en su plan, nos libra del pecado y nos perdona; esto es motivo suficiente para estar alegres. Una vida con actitud agradecida es una vida feliz.
Además nos da ánimo y nos impulsa a seguir hacia delante.

La única manera de experimentar la alegría de Dios es cuando permanecemos cien por ciento unidos a Él. Recordemos que la vida se basa en tres relaciones fundamentales, con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Si estamos unidos a Dios y es parte de nuestra vida diaria, entonces podremos vivir con alegría en la relación con otros, independientemente de las decisiones que los demás tomen. Dios es constante y su amor y actitud hacia nosotros jamás cambia, nos conviene estar en una relación donde hay una constante positiva.  La verdadera alegría no puede ser experimentada más que a través del amor. La alegría que proviene de la autosatisfacción es transitoria, siendo ésta física.

Cambio y Fuera!!

martes, 18 de octubre de 2011

El nuevo amor

Qué es el amor. Según las definiciones populares, el amor es un sentimiento intenso, es la unión con otro ser, es un sentimiento hacia otra persona, es atracción, es una completa alegría, es afecto, es entrega hasta otra persona, es suavidad. Para ti, ¿qué es el amor?. Cada uno define el amor según le ha tocado vivirlo, el amor es fiel para algunos, para otros es seguridad, para otros es incondicional, incluso para algunos traición y tristeza. De la manera en que fuimos amados entonces amamos.

El apóstol Pablo define al amor como una parte del fruto que produce el Espíritu Santo en la vida de alguna persona. Sin embargo la definición de amor en Gálatas 5:23 es diferente a la definición que conocemos comúnmente. Es necesario olvidarnos del significado humano y aprender el significado divino; entonces amaremos de manera sobrenatural. La verdad es que el ser humano no sabe amar, solamente repite patrones de conducta, es por eso que necesitamos un nuevo estilo o ejemplo de amor, que sobrepase nuestro pensamiento actual y nos garantice un futuro mejor.

Según la Biblia hay tres tipos de amor: eros, phileo y ágape. Es decir, que en el idioma original en que se escribió la Biblia venían estas palabras, pero al traducirse al español se les denominó como amor a las tres. El amor eros es el amor que se refiere a lo sexual, es el amor que se refiere a la atracción entre hombres y mujeres; de hecho en la Biblia solo se menciona esta clase de amor dos veces en el Antiguo Testamento. La segunda definición de amor es phileos, este se refiere al amor fraternal, referente a los amigos a la familia. Vemos un ejemplo de la aplicación de esta palabra en el evangelio según San Juan 11:3, donde Lázaro, muy amigo de Jesús, está enfermo, así que cuando llega Jesús a verlo Martha, la hermana de Lázaro, dice: “he aquí el que amas está enfermo”. Habla de un amor entre amigos. Sin embargo la clase de amor que más se menciona en la Biblia, es el amor ágape.

Si ya hablamos del amor entre amigos o familia (phileo) y el amor entre pareja sexualmente (eros), entonces a qué se puede referir la tercer clase de amor (ágape). El amor ágape es inteligente, racional y tiene voluntad. Se refiere a un amor desinteresado por los demás. El ejemplo más claro es el de Jesús, Él nos amó sin merecerlo. En la carta de Pablo a los Romanos capítulo 5 del versículo 6 al 10 nos habla de que Jesús amor a tres clases de personas: malvados, pecadores indignos y enemigos. Al leer “malvados” pensamos en los villanos de las películas de caricaturas, sin embargo todos caemos en alguna de esas opciones. A pesar de eso Jesús DECIDIÓ amarnos, con todos los peros que tenemos, que son bastantes, pero su amor sobrepasa todo eso. Es la misma clase de amor que como cristianos debemos aspirar a tener por nuestros semejantes. El amor ágape es un Don de Dios, significa conocer personalmente a Dios y entonces derramar ese amor a los que nos rodean.  Es lo mejor que existe y es la mejor posesión que podríamos tener, sin embargo no funciona hasta que lo derramamos a otros. Dice el evangelio según San Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Jesús nos amó para darnos vida eterna, este es el amor ágape; ahora amemos a los demás de la misma manera.

Debemos aprender y crecer como lo hizo Pedro. El ejemplo del discípulo Pedro es realmente interesante y muy semejante a como somos nosotros. Pedro era 100% sentimental, siempre le decía a Jesús, su maestro, que lo amaba y que daría todo por él. Sin embargo cuando se sintió amenazado y bajo presión de los romanos, cuando su vida corría peligro, entonces, basado en emociones, negó a Jesús. No era capaz de tener un amor completo, íntegro, congruente, estaba fundado en la emocionalidad del momento. Es por eso que Jesús, al resucitar, habla con él personalmente y le pregunta varias veces “Pedro me amas”, enseñándole a cambiar su amor y ser incondicional, tener un amor basado en decisiones.

Lamentablemente como jóvenes no aprendemos la diferencia, mucho de lo que llamamos “amor” es sentimiento, emoción o pasión; lo que da como consecuencia: depresión, divorcios & tristeza. Basar nuestras relaciones en un amor efímero y sentimental trae como consecuencia decisiones sentimentales y emocionales sin fundamento alguno y bastante débiles. El mismo Pablo en la carta a los Efesios cuando se refiere al amor entre esposo y esposa el original de la Biblia dice “ágape”, es decir, ama a tu esposa como Jesús te amo. En la vida diaria, ¿cómo podemos amar con amor ágape? Siendo amables, sonriendo, no criticando, no haciendo chismes, perdonando, sin chantajes, sin egoísmo… Aprende el nuevo concepto de amor ágape, aplícalo en el día a día y que sea la marca de que Dios está contigo.

Cambio y Fuera!

miércoles, 12 de octubre de 2011

La marca de tu vida

En el mundo del marketing  no hay nada más importante que desarrollar una marca y llevarla al estrellato en ventas, logrando que casi “todo” el mundo compre los productos de esa marca. Cada uno de nosotros como consumidores tenemos preferencia por alguna marca en particular, ya sea tu refresco favorito, alguna marca de tenis, zapatos, ropa, etc… Y es tu favorita porque tiene ciertas características que la hacen diferente de las demás, detalles que hacen que no importe el costo o el tiempo de espera. Es igual si decimos que Dios está en nosotros, es como si Él fuera nuestra marca y adoptamos las características de esa marca, es decir, adoptamos sus características.
La analogía anterior es realmente sencilla, sin embargo hace referencia a un principio muy interesante, el fruto del Espíritu Santo. Cuando se menciona este tema, se vuelve muchas veces controversial y en otras se confunde con cuestiones fanáticas, sin embargo en esta ocasión lo analizaremos con detenimiento. La carta de Pablo a los Gálatas capítulo 5 del versículo 16 al 25 menciona las características del “Fruto del Espíritu Santo”. Antes de mencionarlos es interesante como describe el comportamiento  de la naturaleza del ser humano, es decir, cómo describe al ser humano de este siglo, hay: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. Las acciones mencionadas anteriormente es lo que es el ser humano hoy por hoy, bueno lo que ha sido desde siempre.. desde que el mismo Cristo vivía entre nosotros hasta ahora y tal vez por siempre. Así somos… llenos de conflictos emocionales que derivan en comportamientos de conducta muy retorcidos.. Ante esta descripción se puede concluir que realmente los seres humanos podemos llegar a destruirnos atrozmente.  Es ahí donde Pablo les escribe a los Gálatas que es necesario tener el fruto del Espíritu Santo, es decir, urge la presencia de Dios en nosotros para salvarnos de nuestra propia humanidad. ¿Y cuál es ese fruto? amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.  El fruto del Espíritu Santo es una contraposición a lo que realmente somos como seres humanos.
El fruto del Espíritu no son hábitos, ni cualidades, son acciones y decisiones. Actos que debemos decidir adoptar a nuestra vida diaria. El objetivo del ser humano es vivir la eternidad con Dios, pero para lograrlo necesitamos actuar de manera diferente, contraria a lo que el inconsciente nos dicta. Pablo habla del “fruto” como uno solo, a pesar de que lo vemos descrito en varias palabras, y esto porque no es posible solo tener uno de ellos, necesitamos el conjunto de acciones que conforman una vida diferente. El Espíritu Santo nos da herramientas para vencernos a nosotros mismos. Hemos comprobado que vivir basados en el entendimiento propio es vivir en vano, cuando adoptamos el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza, entonces encontramos la única manera de tener una buena vida; vencemos la tendencia natural de nuestro cuerpo.
Vencernos a nosotros mismos resulta casi imposible, por lo que necesitamos desarrollar un carácter firme. Dice el profeta Isaías que Dios guardará en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Dios persevera; porque en Él ha confiado. Dios está dispuesto a darnos esa buena vida, pero necesitamos poner nuestro pensamiento en Él, confiar y perseverar. El mismo Pablo le escribe a los Romanos, que hay vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad. Nuestro propósito es vivir para la eternidad, “sobrevivir” solamente para esta vida resulta tan corto, tan débil, efímero y carece de futuro; sin embargo vivir para la eternidad con Dios nos da sentido de pertenencia, nos da identidad, nos da valor, fuerza y valor.
Juan en su segunda carta versículo nueve dice una verdad importante, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.” La vida sin Dios carece de sentido, sin embargo la vida con Dios es una vida con propósito y futuro. Para que Dios esté en nosotros debemos perseverar en su doctrina. ¿Qué es doctrina? Es la enseñanza que nos dejó, es sencillo… Permanece en el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza. Que se vuelvan parte de tu vida, de tus decisiones, de tus pensamientos, de tus reacciones, vive en ellos y deja que Dios y su Espíritu sean la marca de tu vida.

Cambio y Fuera!

martes, 11 de octubre de 2011

No tengo nada

Te contaré una historia que tal vez has leído, pero en esta ocasión la vamos a analizar con otro enfoque. El segundo libro de los Reyes capítulo 4 del versículo 1 al 7 cuenta la historia de una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas,  que clamó a Eliseo (profeta muy famoso), diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Dios; y ha venido el cobrador para tomarse dos hijos míos por siervos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué quieres que yo haga? Dime qué tienes. Y ella dijo: Ninguna cosa tengo, solamente una vasija de aceite. Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa el aceite que tienes en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces el aceite se terminó. Vino ella luego, y lo contó al profeta, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede

La situación que esta viuda estaba viviendo es muy común para todos, tenía una crisis económica, aparentemente no tenía nada y venían a cobrarle; recién había quedado viuda así que estaba en crisis emocional, se sentía sola y perdida; una crisis existencial también cruzaba por su mente, ya que no podría tener a sus hijos con ella, ya que si no pagaba sus deudas, ellos tendrían que ser llevados como esclavos. La viuda estaba inmersa en sentimientos de dolor,  pérdida, ausencia, separación, incertidumbre, temor, frustración, estaba siendo tratada injustamente  lo que le generaba impotencia, sentimiento de abandono, urgencia por sobrevivir y desesperanza. ¿Te identificas?

Así que decide pedir ayuda a un hombre de Dios y este le pregunta lo que ella jamás espero: ¿qué tienes? Su respuesta, basada en sus sentimientos fue la obvia: “NADA, excepto un poco de aceite”. Decir “tengo nada”, es sinónimo de decir que estás vacío y eres insignificante; es tan poco lo que puedes tener que no vale la pena hablar de eso, carece de importancia, ya no hay nada valioso. Este pensamiento está enfocado en su necesidad y no en la realidad. La verdad es que esa mujer tenía mucho más que solo un poco de aceite. Tenía su propia vida, la vida de sus hijos, una casa, seguramente tenía muebles, tenía ropa, tenía habilidades, tenía su pensamiento, su creatividad. Su emocionalidad no le permitió ver las cosas que sí tenía, entonces se enfocó solamente en su necesidad.  Ahora te pregunto y me pregunto, ¿qué tienes?, ¿nada? Claro, es lo único que salta a la mente la mayoría de las veces.. Pero cambiemos la forma de pensar.. ¿qué tienes? Tienes habilidades, tienes una casa, tienes un pensamiento, tienes educación, tienes capacidades, tienes amigos, tienes familia.. ¿qué tienes?

En efecto, Dios ayudó a la viuda y le dio muchísimo aceite para que lo vendiera y saliera de sus deudas. Pero no le mandó ángeles que mataran a los que iban a cobrarle, tampoco dejó mucho dinero afuera de su casa para que pagara todo. Lo que Dios hizo es interesante, bendijo aquello que ella RECONOCIÓ que tenía.  Para sacarte de la crisis Dios usará lo que tienes no  lo que no tienes. Aquello que reconocemos que tenemos es lo que Dios va a usar para que nos vaya mejor, y para sacarnos de la crisis, cualquiera que esta sea, donde nos encontremos. Entonces de quién depende el tamaño de la bendición de Dios, de Dios o de nosotros.

El profeta le dijo a la viuda que consiguiera muchas vasijas para que fueran llenas de aceite. Y Dios le dio el aceite justo para las vasijas que ella llevó; si hubiese llevado más, Dios le hubiese dado más. El aceite cesó cuando ya no hubo vasijas. Dios nos da conforme a la medida que le ponemos, es decir, si ponemos una cuchara, una taza, una botella, un jarro o un barril; Dios nos dará conforme a eso. Es una analogía de la fe, depende del tamaño de nuestra fe, es la bendición de Dios. ¿Nosotros podemos limitar a Dios?  ¡Sí!. Él es capaz de darnos mucho más de lo pedimos, pero necesitamos pedírselo. Si le decimos “ay Dios aunque sea dame ese poquito”, dará conforme a nuestra fe. ¿Quieres que te saque de tu crisis? Ten fe suficiente para que sobrepase tus expectativas.

Nadie vino a este mundo vacío.  Tener vida ya es suficiente, déjate de amarguras, ¡disfrútala! Aquello que tenemos debemos cuidarlo y sacar el mayor provecho posible.  Tenemos relaciones, bienes, creatividad, conocimiento, sueños, ánimo, ideas; solo tenemos que pedirle a Dios la estrategia, motivación, capacidad de liderazgo. La forma de incrementar la que tenemos es usándola. Usemos lo que tienes y haz que las cosas sucedan.

En medio de la crisis pregúntate que tienes y pide a Dios que te bendiga. Ten la seguridad de que Dios te bendecirá más allá de lo que te imaginas, pero recuerda tener la fe de un barril y no solo de una cuchara. Sobrepasa tus propias expectativas.

¡Cambio y Fuera!