miércoles, 2 de mayo de 2012

Bullying del bueno


Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. (Mateo 5:10-11)

La última bienaventuranza dice: Bienaventurados los que padecen persecución, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:10-12. ¿Te suena familiar?.

Cuando Jesús dice que son muy afortunados aquellos que padecen persecución, se refiere a tres tipos de persecución. La primera es ser vituperado, ¿qué significa?, ser verbalmente abusado, insultado, burlado y/o mofado. La segunda es ser perseguido, es decir, herido, separado, atacado, torturado, martirizado, y tratado con hostilidad. Y por último ser objeto de cualquier clase de habladurías o mentiras.  Sin embargo, la mayoría de nosotros nos sentiremos poco identificados con las definiciones anteriores. Generalmente tenemos la idea de que la persecución solo se presenta en lugares muy lejanos y solo sentimos lástima por quienes lo padecen.

¿Cómo puedes ser perseguido en tu día a día?, ¿alguna vez te habías preguntado eso?. Jesús habló de esta bienaventuranza para todos los que queramos ser sus discípulos y vivir con él. Las primeras siete bienaventuranzas se refieren a las condiciones del corazón y disposición que tengamos a parecernos más a Jesús. Sin embargo esta última es una prueba a nuestro carácter.

Pero, ¿por qué somos perseguidos?. Hay cinco razones principales. Razón uno, porque no somos de este mundo, el apóstol Juan lo dice en su evangelio Juan 15:19 “Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no son del mundo, antes yo los elegí del mundo, por eso el mundo los odia.”. Razón dos, porque al decir no al pecado,  ganamos bastantes enemigos. Razón tres, el mundo no conoce a Dios. Y la última, es que el mundo tiene otro concepto de Dios, el mundo en general ve a Dios como un súper abuelito, al que le pides juguetes, dulces, que te cubra las travesuras, que se ría de todas tus gracias.. etc., lo opuesto al verdadero concepto de quién es Dios. El apóstol Juan lo dice en su primera carta, 1ªJuan 3:13 “Hermanos míos, no los extrañe si el mundo los odia.” Desde entonces se veía que pasaríamos por todo esto.

Retomando la pregunta anterior, ¿cómo podemos ser perseguidos en el día a día?. Para empezar la persecución física. Pero también los insultos y calumnias, despojo de nuestros bienes. Y problemas y diferencias en la familia. Y tal vez no te correrán de tu casa o alguien vendrá a intentarte matar a machetazos por decidir seguir el estilo de vida de Cristo, sin embargo analicemos qué significa ser cristianos. Ser cristiano es decidir vivir como Jesús vivía, es decir, con responsabilidad, honestidad, integridad, sin mentiras, sin hipocresías, decir no al chisme, dejar las envidias, no hacer malos manejos del dinero, ser fieles, dejar el egocentrismo y vivir para servir a los demás… Así que cuando decides vivir así, es altamente probable que mucha gente te persiga, es decir, hablen de ti, te molesten, busquen hacerte fallar, y busque derrotar tus ganas y esfuerzos por ser diferente al resto… Ves como es para todos la bienaventuranza.

Al primer indicio de molestia, descontento, acusación, “carrilla” o cualquier tipo del famoso “bullyng”, por hacer lo que es correcto y no lo que todos esperan que hagamos, morimos de pena y queremos ser simplemente como los demás. 1ªPedro 4:16 nos recuerda: “pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.

Jesús dice en la segunda parte de la bienaventuranza que la recompensa es triple, es decir, de nosotros será el Reino de los Cielos, nuestro galardón será grande en los Cielos y además seremos comparados con los profetas y apóstoles por sufrir por causa de Jesús. Cada vez que tengas miedo, enojo, pena o desacuerdo por tu persecución, alégrate, ¡vale la pena!. ¿Te excluyen por ser honesto?, ¿te hacen a un lado por ser íntegro, fiel, responsable, paciente, no vengativo?... No guardes rencor. Reacciona con alegría y no dejes que la naturaleza humana te traicione. Mateo 5:12 dice: “Gócense y alégrense, porque su recompensa es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” Que increíble que así como se habla de Daniel, Isacc o Jeremías, se hablara de nosotros, ¿no crees?.

¡Cambio y Fuera!

miércoles, 25 de abril de 2012

Los Pacificadores

"Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mateo 5:7)"

Sabías que en los 4000 años de historia escrita, el mundo solo ha estado en paz un 7% del tiempo, es decir solamente 286 años. En toda la historia del mundo, 8000 tratados conocidos se han firmado y roto. La guerra no está de moda hoy en día, ¡siempre ha estado de moda!. Sin embargo Jesús, como el mayor revolucionario de la historia, nos reta una vez más. El evangelio según San Mateo 5:7 dice:Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Los pacificadores suena a película de acción muy taquillera, repleta de sangre, armas, golpes y algún súper héroe que se convertirá en moda. En este caso no aplica dicha definición, un pacificador es el que busca la paz, ¿obvio no?. La paz, es la ausencia de estrés, es verdad, es seguridad, es calma, es gozo, es bienestar… es mucho más que guerras y acción. Por lo tanto, la ausencia de paz se define a través de pleitos, cizaña, ira, sobre reaccionar ante las circunstancias, mal carácter, falta de perdón, los chismes, las malas caras, el pésimo humor, la humillación a otros, las ofensas, la violencia física, verbal y emocional, la indiferencia, la soberbia… por mencionar solo algunas de sus facetas. ¿Te suena familiar?.

Jesús dice que los pacificadores prácticamente se sacan la lotería, y se refiere a dos puntos importantes. El primero es estar y tener paz con Dios. La carta de Pablo a los Romanos 5:1 menciona “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Para tener paz con Dios, en primer lugar es necesario tener fe en Él y en que es el único camino a la salvación. Pablo lo repite en su carta a los Efesios 2:14 “Porque él es nuestra paz.” En la misma carta de Efesios 6:15, Pablo nos recomienda que nos pongamos la armadura de Dios para combatir lo problemas diarios, y menciona algunos elementos fundamentales para la sobrevivencia. “Por tanto, toma toda la armadura de Dios, para que puedas resistir el día malo. Ponte el cinto de la verdad, la coraza de justicia, y el calzado del evangelio de la paz.” Solo llevando la paz a otros, estaremos en paz con Dios.

La paz con otros, es el segundo punto al que Jesús se refiere en la bienaventuranza. Lenski dice: “Una paz con Dios y que por lo tanto los llena a ellos mismos con la dulce paz, si es posible, con todos los hombres y trabajan para mantener y hace la paz donde la paz está amenazada o perdida. El suyo es el trabajo del verdadero cristiano que sigue las pisadas del Príncipe de Paz.” Pablo nos lanza unos de los retos más complicados, en Romanos 12:18-21 “Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con todos los hombres. No se venguen ustedes mismos, sino dejen lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. ” Ganarse la lotería siendo pacíficos, significa evitar meterse en problemas con los demás, tengamos o no tengamos razón, no buscar aplastar a otros, no vengarnos solo porque creemos que es justo, no dejar que el mal carácter, en pocas palabras evitar las típicas reacciones que tenemos y decidir actuar como Jesús actuaría: PACÍFICAMENTE.

El proceso para estar en paz y tener paz es sencillo, tres pasos claves: Paso uno: Busquemos relacionarnos con Dios. Paso dos: Dios nos da paz. Paso tres: Al experimentar la paz de Dios, podemos compartirla a otros. Seremos verdaderos pacificadores cuando nuestra confianza esté puesta en Dios, jamás podremos comprar o crear la paz, surge de la relación que tengamos con Dios. Entre más nos relacionemos con Dios, mucho más pacíficos deberíamos de ser.

Sabías que en el viejo oeste el PACIFICADOR era el vaquero con el revolver 45 más rápido. En EU 200 años después nombraron a un misil nuclear: PACIFICADOR. El corazón del hombre solo tendrá paz con la presencia de Jesús en nosotros. ¿Qué es tener la paz de Dios?, fácil: Estilo de vida de Jesús en tu andar diario, en esas pequeñas cosas que nos controlan: la ira, los corajes, el egoísmo, la impaciencia, la incertidumbre. Se trata de confiar en la soberanía de Dios. Filipenses 4:7 nos regala una gran verdad: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” En el presente somos hijos de Dios, pero hasta que vivimos como PACIFICADORES entonces somos reconocidos y semejantes a Jesús. Conviértete en el pacificador de este siglo, al menos de esta semana.

¡Cambio y Fuera!

jueves, 12 de abril de 2012

¿Quién vive en ti?

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mateo 5:7)

¿Conoces la historia de Esteban? Fue un profeta de Dios en el pueblo de Israel, un día confrontó al pueblo de Dios con su pecado (porque ya era demasiado), y estos muy enojados y a disgusto con lo que él les decía, deciden matarlo… En medio de la tortura Esteban clamó con gran voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, se murió.” (Hechos 7:60) ¿Cómo reaccionaríamos ante una situación así? Esto es ser misericordioso. Jesús en sus bienaventuranzas relatadas en Mateo 5, dice: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”


Jesús se refiere a dos estilos de misericordia. El primero, la misericordia del corazón, es decir, poseer un espíritu de perdón hacia los que nos lastiman. El mejor ejemplo es Jesús al ser entregado y traicionado, está colgado en la cruz muriendo y su oración fue: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a perdonar a quien nos este torturando, o lastimando a un ser querido… Sin embargo Jesús nos motiva a hacerlo.


El segundo estilo al que Jesús se refiere, es a la misericordia de las manos, es decir, las obras de amor por los necesitados.  El mejor ejemplo es la, ya conocida, historia del buen samaritano, relatada en Lucas 10:30-35 “Un hombre judío iba de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Entonces pasó por ahí un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un músico de la iglesia, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano (archi requete enemigo de los judíos), que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, curó sus heridas; y pagó porque lo cuidaran.” Los samaritanos eran considerados “casi” una raza inferior para los judíos, así que Jesús, al relatar esta historia, estaba hablando de un tabú para aquel tiempo. Este es el nivel de compasión y misericordia que debemos tener por otros. El apóstol Juan nos hace una pregunta interesante en 1 Juan 3:17 “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” Si decimos que Dios vive en nosotros, entonces dejemos la envidia, rencor, y busquemos ayudar a quienes tienen necesidad. Recuerda que donde Dios no está, está el diablo, ¿quién vive en ti?.

La misericordia no nace del corazón, se desarrolla con la práctica. Dar dinero o comida a los necesitados es bueno, pero siendo pacientes y tolerantes, también mostramos misericordia. Solo recibiremos misericordia si somos misericordiosos. La mayoría de nosotros hemos orado el padre nuestro, y tal vez sin poner atención, ya que éste declara que estamos dispuestos a perdonar, para que entonces Dios nos perdone. ¿Estabas consciente de esto?, el famoso padre nuestro dice: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” (Mateo 6:12) Todos queremos recibir misericordia y perdón, sin embargo a menos que estemos dispuestos a ofrecer lo mismo, podremos recibirlo. El apóstol Santiago en su carta lo refiere con mayor firmeza, (Santiago 2:13) “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.


Tener la misericordia de Dios significa disfrutar, en primer lugar, del perdón de nuestros pecados. Además, nos hacemos un bien a nosotros mismos. Somos tan insignificantes, y la verdad es que pocas veces somos realmente misericordiosos con otros; pero Dios es grande en misericordia, como dice el Salmo 103:8 “Misericordioso y clemente es Jehová;Lento para la ira, y grande en misericordia.”. Lucas lo dice en su evangelio, “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” (Lucas 6:36). Es la única manera en podremos parecernos más a Dios.

Sin embargo el no ser misericordioso también tiene una recompensa.  La carta de Santiago 2:13 nos lo recuerda, “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.” De hecho, como mencionábamos respecto a lo que dice el padre nuestro, si no perdonamos, no somos digno de perdón.  Así que tengamos cuidado de nuestras actitudes. El apóstol Juan dice: “Hijitos, que nadie los engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.”  (1 Juan 3:17) ¿Quieres ser bueno? Se bueno, así de sencillo.

Pablo concluye en su carta a los Coloscenses 3:12 con la mejor recomendación para el éxito “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” Que nuestra vestimenta diaria sea la misericordia, desecha la impaciencia, la poco tolerancia, el egoísmo y que sea Dios quien se note en tu vida. 

¡Cambio y Fuera!

viernes, 30 de marzo de 2012

Muertos de Hambre

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6)


Imagina que  se te hizo muy tarde esta mañana, no alcanzaste a desayunar. Tienes una mañana bastante agitada, por lo que no has tenido tiempo de ir por algo que aliviane tu hambre.. Llega la hora de la comida y el tráfico rumbo a casa es denso, por lo que tu camino para finalmente satisfacer tu hambre se alarga cada segundo más… literalmente sientes que “mueres de hambre”. Ante el hambre, no importa si en la radio ponen tu canción favorita, si recibes la llamada de una persona que amas mucho, no será suficiente… ¿Cómo te comportas cuando mueres de hambre? Mal humor, sin sensibilidad, nefasto, cansado, harto, fastidiado.. ¡Claro! Tienes hambre y te urge saciarla. Ten este “sensación” en mente, porque es a la que se refiere Jesús cuando habla de su bienaventuranza: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”, traducción: “Súper felices los que se mueren de hambre por la justicia, porque ellos siempre se sentirán llenos y satisfechos”.


Jesús está diciendo que aquellos que siempre están buscando la justicia y no tienen suficiente, ellos serán saciados.  En primer lugar, morir de hambre por justicia, es empezar con nosotros mismos, es decir, buscar la justicia en nuestra vida. A través de ser pobre de espíritu, ser humildes, sencillos y reconocer que nuestro peor enemigo vive dentro de nosotros. Salmo 19:12-14 “¿Quién podrá entender sus propios errores?Líbrame de los que me son ocultos.Líbrame de las  soberbias;que no me dominen. Entonces seré íntegro, y estaré limpio.Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti.” El salmista hace la primera oración que todos deberíamos hacer en representación de que morimos de hambre de la justicia de Dios, reconociendo que necesitamos que Dios nos ayude a controlar la maraña de pensamientos negativos y pecadores que tenemos dentro.

La justicia de la que habla esta bienaventuranza es igual a buscar la santidad. Ser justos, es ser personas que ajustan su vida a Dios, que buscan que sea Dios quien brille y no ellos mismos; recuerdan que Dios es lo más importante y no ellos mismos.  La justicia se explica con la fe, es hasta que creemos que Dios es lo más importante, entonces Él mismo toma nuestra fe y la toma como si fuéramos justos, a pesar de que constantemente nos equivoquemos.

Dios quiere que lo busquemos con desesperación, así como cuando tenemos hambre o sed, que nuestro deseo de saber más de Él y conocerlo sea irreprimible, y no pueda satisfacerse con nada más. David, el salmista, lo relata en el Salmo 42:1-2 “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”. Así como un venado grita desesperado porque tiene sed, nuestra alma debe desesperarse sin Dios.  Pablo lo dice de manera muy interesante en su carta a los Filipenses 3:7-15 “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,  y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;  a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.  No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. ” Pablo hace una declaración retadora, y dice que todo lo que tiene y lo que hasta ahora cree que son ganancias, las tira a la basura y las toma como pérdida, pues reconoce que lo más importante es Dios, conocerle y poder estar de su lado. Además, reconoce que a pesar de que no es perfecto aun, como todos nosotros; prosigue a la meta para seguir esforzándose. Sería bueno tomar esta descripción para nosotros mismos.

No busquemos solo bocaditos de media mañana para medio satisfacer nuestra hambre, muchos creen que las buenas obras, el portarse bien un ratito, ir a la iglesia uno que otro domingo va a satisfacer su hambre; pero esos son solo como un chocolate pequeño que entretiene tu estómago, sin embargo el hambre no ha sido saciada. Solo una vida relacionándonos con Dios constantemente sacia nuestra hambre de tajo. Tengamos cuidado en buscar ser justos  y descuidar la justicia . Creer que hacer “obras buenas” contrarresta nuestra vida libertina. Así como dice Santiago, debemos encontrar un equilibrio entre la fe y las obras, es mitad y mitad, no se vale más de una y menos de la otra. Tristemente nos gusta creer el cuento de hadas que la vida no es para ser feliz y buscar tener una conciencia tranquila, es para buscar la justicia y santidad. La clave está en sentir que tu corazón no es como el de Dios y sentir angustia. Necesitamos reconocer que sí hay una distinción entre buscar el cielo y buscar a Dios, entre huir del infierno y huir del pecado; pues cualquier hipócrita desea el cielo, y teme el infierno; pero solamente el hombre sincero tiene hambre de justicia. Dios no espera que todos seamos siempre justos, espera que tengamos hambre y sed, es decir, que nos esforcemos; como decía Pablo, no es que ya seamos perfectos, es que le echamos ganas para algún día serlo.

Para vivir la justicia requiere una mente renovada, Coloscenses 3:10 lo dice revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno. Somos personas renovadas, tener la mente del mundo actual es solamente ciclarnos en lo ya conocido, solo la mente de Dios nos dará un punto de vista diferente, completo y correcto.

¿Quieres ser justo, vivir la justicia de Dios? Seamos justos en la conducta, lenguaje y pensamiento, recordando que Dios es lo más importante, así que cuando quieras lastimar a alguien o buscar que otro se ve afectado fíltralo en el estilo de vida de Dios, ¿Jesús lo haría?... Lo mismo con nuestras palabras, pensamientos.. ¿Es el estilo de vida de Dios?. Seamos caracterizados por la integridad, amabilidad, la clemencia, el amor. Busquemos que nuestros sentimientos y conducta estén enfocados en Dios. Que tan seguido tenemos deseos, pensamientos y sentimientos irregulares, es decir, aquellos que atentan contra el estilo de vida de Dios, aquellos que solo nos conducen a pecar más y más..  ¡Elimínalos!

Regresemos a la historia inicial.. estamos “muriendo de hambre”, ¿qué se te antoja para ser saciado?. Imagínate a qué va a saber la comida en ese momento.. ¡Delicioso! ¿Quieres ser saciado, quieres terminar con la terrible hambre que te consume? Solamente Dios puede llenar el hambre de justicia.  Jesús lo dijo en el evangelio según San Juan 7:37 “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. ” El apóstol Pablo lo repite, la justicia que necesitamos desesperadamente solo la encontramos en Dios. “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,  y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.” Es necesario que adoptemos el carácter de Dios en nuestra vida, ¿se nota que Dios vive en ti? Busquemos llenarnos de Dios y entonces que se note en nuestro diario vivir. Recuerda que vale la pena comer bien y no solo bocaditos que entretengan la tripa. Que nuestra hambre sea saciada por Dios y por su estilo de vida, no por nuestros caprichos pasajeros que solo nos dejarán con más hambre.

¡Cambio y Fuera!

jueves, 15 de marzo de 2012

Somos Segundos


“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”
(Mateo 5-5)

Jesús, Dios mismo en forma de ser humano, súper poderoso se llama a sí mismo humilde y manso (Mateo 11:29); si Él que lo tiene todo, nosotros no tenemos excusas para convertirnos en mansos. Una de las entradas anteriores de este blog se llama: “Mansos, no mensos”,  cien por ciento recomendado para ampliar un poco más esta bienaventuranza. Jesús dice que aquellos que sean mansos, serán bienaventurados y heredarán la tierra. Pero, ¿qué es ser manso?, ser manso significa tener una vida vigorosa, pero humilde; un espíritu fuerte, pero abierto a la enseñanza; no significa debilidad de carácter. Un hombre manso es un hombre fuerte, pero tierno  y humilde. Se resume en un hombre controlado por Dios y no por él mismo; reconoce que no tiene toda las respuestas y le  urge recurrir a Dios.

Los mansos tienen cuatro características principales. La primera es que son controlados, no indisciplinados.  Santiago 3:2 dice: “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.” En caso de que te consideres perfecto, entonces, de acuerdo a Santiago, deberías de ser capaz de controlarte a ti mismo; pero la verdad es que somos capaces de dominar al mundo entero, menos a nosotros.  Si decimos que somos cristianos, es porque tenemos una relación con Dios y Él vive en nosotros, entonces debemos ser capaces de controlarnos, no hay excusas para malos comportamientos. Pablo, el apóstol, nos reta en 1 Corintios 6:12 “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” Es típico el que dice: “es que no me dejan”… Ante la pregunta ¿por qué no fumas?, ¿por qué no te pones borracho?, ¿por qué no tienes sexo con tu novia?, y otras preguntas, la respuesta más común es: no me dejan. Esa respuesta revela que no tenemos convicciones y solamente buscamos escudarnos en las decisiones de papás, jefes y otros. Has escuchado el que dice “es que mi religión me lo prohíbe”, ¡es exactamente lo mismo! Sin embargo, lo que menciona Pablo es lo opuesto, el autor nos dice que para Dios no hay prohibiciones, podemos hacer lo que queramos, nada nos es prohibido. Pero recordemos que mucho de lo que hacemos no nos conviene. Y termina la recomendación diciendo  que aunque nos es permitido hacer lo que deseemos, no dejemos que nuestros placeres y deseos nos dominen.  No dejarnos dominar es la primera característica de la mansedumbre.

La segunda característica es que el manso es humilde y nada orgulloso. Es humilde ante Dios y ante los hombres.  Ser humildes ante Dios, se resume en reconocer nuestra necesidad de Dios. Ser humilde ante los demás puede ser complicadísimo, porque debemos renunciar a “saberlo todo”. La carta a los Filipenses 2:3-4 “Nada hagas por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. ” Que complicadísimo es ver a los demás como superiores a nosotros, sin embargo esa va a ser la clave de la humildad y de ser mansos.

La gentileza es la tercera característica. En el gran capítulo acerca del amor en 1 Corintios 13, específicamente en el versículo 5 dice no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, refiriéndose al amor. Dios nos reta a ser gentiles no buscando solo lo que nos interesa, si no buscando el bien de los demás; no se irrita, si no que es amable y sobretodo no es rencoroso. Deberíamos crucificar al mal genio todos los días, y tal vez varias veces al día. Santiago 3:13 dice: Quién es sabio y entendido entre ustedes? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Demostremos nuestra calidad como personas siendo mansos.

Y la última característica es: olvidémonos de la venganza. La mejor descripción está en Romanos 12:19-21, bastante clara, por cierto: No se venguen entre ustedes, sino dejen que sea Dios quien se vengue; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.  Solo en Dios encontramos que nos conviene y seremos felices si no nos vengamos y si buscamos hacer el bien a nuestros enemigos, porque cualquier ser humano buscar vengarse cada dos segundos… Pero bien dice el dicho que “la venganza es mala, mata el alma y la envenena”. Jesús nos está diciendo que si no nos vengamos, entonces seremos felices y además heredaremos la tierra. ¿Por qué? La venganza siempre buscará lastimar y hacer menos a otros, y entonces vamos en contra del estilo de vida de Dios.  El manso está dispuesto a exponerse ante Dios.

La segunda parte de esta Bienaventuranza habla acerca de heredar la tierra, lo cual, no significa que nos volveremos gobernantes del mundo entero.  Jesús hablaba de heredar otro tipo de cosas hoy y en la eternidad. Heredar la tierra aquí y ahora es estar en paz con nosotros mismos; es saber a dónde vamos y estar abiertos a la enseñanza; es ser controlados y por lo tanto vivir equilibradamente; es tener paz con nosotros y con los demás. Y en el futuro es saber que pasaremos la eternidad con Dios.

Jesús al hablar de las bienaventuranzas da un orden específico. Primero nos pide pobreza de espíritu, dándonos cuenta del pecado; luego nos pide llorar, debido a la culpa que sentimos de ofender a Dios, para entonces ser mansos y cambiar nuestra actitud, es decir ponerle acción a la culpabilidad y preocuparnos por otros.  Ser mansos es reconocer que no somos lo más importante en nuestra propia vida, por lo tanto podemos hacer lo que queramos, pero no nos conviene. Dios es el primero en nuestra vida, y nosotros segundos. Aprendamos a vivir así.

Cambio y Fuera!

lunes, 12 de marzo de 2012

Chillones Felices

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación."
(Mateo 5:4)

Felices los que lloran, porque serán consolados.  Hay dos formas de ser bienaventurados si lloramos, en primer lugar, cuando mostramos dolor por otros, es decir, buscamos ayudar a otros y ser compasivos. Y en segundo lugar, ser chillón y ser consolado tiene que ver con nuestra vida privada.

El estilo de vida actual se basa en buscar la alegría rápida y evitar la tristeza a toda costa. No importan las formas, medios o estilos, todos buscamos ser felices, evitar los sentimientos negativos y satisfacer nuestros deseos al momento. Sin embargo Jesús habla de lo opuesto, es decir, se feliz a través del llanto. ¿Suena lógico?

En el evangelio según San Lucas, Jesús cuenta la historia de un hombre que se dedicaba a la política y cuestiones gubernamentales, y dice en Lucas 18:13 que “mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.” El hombre de la historia reconoce que ha pecado y le da pena volver a ver a Dios. Cuando Jesús está hablando de esta bienaventuranza y dice: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados, no se refiere a ser chillones y obtener recompensas por ellos. En primer lugar, Jesús está diciendo que “llorar” significa reconocer que hemos pecado y solo por lo hacemos no somos dignos de estar con Dios. Pero tampoco significa vivir con el sentimiento de culpabilidad y escudarnos en eso, Jesús quiere que nos arrepintamos. Es decir, entristecernos por fallarle a Dios, entender las consecuencias y decidir cambiar.

Pablo, el famoso apóstol, lo dice mucho más claro en Romanos 7:17-24: “De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Porque no hago el bien que quiero, si no el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.  Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.  Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? .“ Esa es la realidad a la que nos enfrentamos todos los seres humanos, hacemos lo contrario a lo que en verdad queremos. Es por eso que comúnmente decimos que no tenemos “fuerza de voluntad”, tan fácil como estar a dieta, empezamos con un plan mental de frutas y verduras y terminamos comiendo fritangas, dulces, tacos, etc. Eso es lo que está diciendo Pablo, somos miserables porque nuestro cuerpo no busca hacer las cosas buenas, contrariamente prefiere todo aquello que nos hace mal. Ser bienaventurados por llorar, es reconocer nuestra miserable y débil humanidad, arrepentirnos, aceptar que sea Dios quien nos ayude y buscar mejorar.

Llorar espiritualmente es descargarnos o desahogarnos, bajar nuestro ego y reconocer que no podemos mejorar nuestro estilo de vida por nosotros mismos. Solo en Dios encontramos alivio y esperanza. Al arrepentirnos tendremos la felicidad de saber que somos perdonados y tenemos paz. 2 Corintios 7:10 nos da esperanza: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. ” Cuando te entristeces sin tener esperanza no habrá buenos resultados, al contrario tendremos depresión y culpabilidad eterna; pero cuando nos entristecemos correctamente y nos arrepentimos, entonces es solo por un momento, después viene la esperanza.

El consuelo del que habla esta bienaventuranza se presenta hoy y a futuro. El consuelo momentáneo es saber que Dios está con nosotros, nos perdona y nos da paz; saber que siempre tendremos respuesta de Dios es increíble. El consuelo a futuro es en la eternidad, es la esperanza que tenemos de que la paz de Dios se extenderá para siempre. El apóstol Pablo lo menciona en Romanos 8:18-25: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.  (…) Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” El escritor reconoce que todos tenemos aflicciones, y la esperanza está en la eternidad con Dios.
               
¿Quién es un llorón consolado? Son aquellos que son pobres de espíritu, que reconocen su condición de pecado y “lloran” o se lamentan al ofender a Dios. No tiene nada que ver con ser miserable, es entristecerse de aquello por lo que Dios se entristece, es decir, cada vez que la regamos. El llanto del que estamos hablando no significa desesperanza, es descansar. No quedarnos paralizados y actuar ante el pecado. Cuando lloramos por las razones correctas, significa que el dolor ajeno nos motiva a ser más humanos y comprensivos con otros. Y al mismo tiempo el dolor propio nos recuerda nuestra necesidad de Dios.  Para ser consolados en la vida diaria es necesario que nos humillemos primero, y no hay nada malo con esto, sin embargo mostrará nuestro corazón sencillo y que reconoce la necesidad de Dios.  Según lo que Jesús nos dice en el sermón en la montaña, ser chillones es muy válido, y bastante bueno, sin embargo, ser miserable no es ni siquiera una opción. Busquemos ser compasivos con otros, pero sobretodo con nosotros mismos, al reconocer nuestra debilidad y necesidad de Dios, porque como dijo Pablo “no hago lo que quiero, si no lo que no quiero.” Nos urge tener a Dios en nuestra vida, para entonces ser consolados a su manera y no a la nuestra.

Cambio y Fuera

viernes, 2 de marzo de 2012

Los pobres se quedan con la herencia.


"Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos." (Mateo 5:3)

 

Esta historia trata acerca de un hombre muy rico que tenía dos hijos, el menor de ellos siendo joven pidió su parte de la herencia y se va a probar suerte. Malgastó la fortuna, y terminó cuidando cerdos y alimentándose de lo que ellos comían. Justo cuando sintió tocar fondo, vino a su memoria los buenos tiempos en casa de su padre, y como hasta los sirvientes vivían y la pasaban mejor que él. Por lo tanto, decidió regresar y pedir clemencia, ni siquiera aspiraba a regresar como “hijo”, con ser sirviente sería más que suficiente. Reconoció su ineptitud ante la vida, su impotencia, su insuficiencia. ¿Te suena familiar? Es la parábola del hijo pródigo. Al final de la historia el joven aprende el significado de la primera bienaventuranza que Jesús menciona en el famoso sermón de la montaña.

Bienaventurados los pobres en Espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. (San Mateo 5:3)” Cuando Jesús le dice a la multitud que aquellos que son pobres de espíritu deben sentirse felices  y muy dichosos, redefine el término. Los pobres en espíritu no exhiben su pobreza. Muchos creen que la pobreza de espíritu tiene que ver con una fe chiquitita, o con dar una imagen miserable, falsa humildad. Pero el significado divino no tiene nada que ver con eso. Ser pobre de espíritu es dejar el ego a un lado. En su primera carta Pedro dice: “Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte en Su tiempo”. (1ªPedro 5:6).
La pobreza de espíritu radica en SOLO confiar en Dios. Es reconocer nuestra insuficiencia, sentirnos incompletos. Ser “ineptos” para vivir si Dios no está de nuestro lado. Él nos ha dado la bendición de vivir, pero si no fuera por eso no podríamos hacerlo. San Juan 10:10 dice que “el ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Solamente a través de Jesús tenemos mucha vida.  Has escuchado que “siempre hay alguien en peores condiciones que tu”, frase común para dar ánimo y alentar. Sin embargo Jesús cambia el sentido y nos reta a sentirnos inferiores a Dios y a los demás. Reconocer que solamente en Dios está la raíz de la vida.

Después de todo lo escrito, ¿conoces a alguien pobre de espíritu? Porque suena bastante difícil adoptar esta actitud en la vida diaria. Sin embargo la Biblia relata dos ejemplos, la primera es la parábola del Hijo pródigo (Lucas 15:11-32), mencionada al inicio. El joven dejó su ego  y reconoció que era nada sin su padre, Dios espera que reaccionemos de la misma forma. Espera que dejemos la vida loca que solemos llevar y nos enfoquemos solo en Él, vale la pena reconocerlo a tiempo y no cuando estemos comiendo junto a los cerdos.

La segunda historia es la parábola del fariseo y el publicano, dos hombres dedicados a la política y reglas sociales del tiempo de Jesús (Lucas 18:11-14). El fariseo, de pie oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, apiádate de mi, pecador. El ejemplo es bastante claro, el fariseo presumido no se le escapaba ni un solo elogio para él mismo, pero su altivez de espíritu fue justo lo que Dios reprobó de él. En cambio, el publicano reconocía que no era digno de nada, que era pecador, y con actitud sencilla pidió ayuda a Dios.

Reconozcamos que somos pecadores, no hay que olvidar que no hay pecados grandes ni chiquitos, todos fallamos constantemente. Pablo en su carta a los Romanos 3:22-23 nos recuerda que “Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Leí algo muy interesante: De lo necesario, lo imprescindible, de lo imprescindible lo verdaderamente necesario. Ser pobre de espíritu es buscar aquello que realmente es indispensablemente necesario en nuestra vida, es decir, Dios. Dios debe ser el enfoque principal en nuestra vida.

Heredar el reino de los cielos me suena a que recibiremos la “lotería del cielo”. Cuando Jesús nos dice en el sermón de la montaña  que si somos pobres de espíritu heredaremos el cielo, se refiere a tres regalos buenísimos. El primero es el perdón de pecados. El perdón llega cuando estamos realmente arrepentidos, es decir, dispuestos a no reincidir en aquello que sabemos es incorrecto y nada provechoso. En segundo lugar, la herencia se vive en el compañerismo, tener pobreza de espíritu nos une a otros, nos da la oportunidad de ser excelentes compañeros de vida y buscar semejantes. Y el último regalo al heredar el cielo es el don de la vida. En el evangelio según San Juan 5:24, Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Solo en Jesús tenemos vida, cuando decidimos recibirla.

La pobreza de espíritu debe ser la base de la vida de cualquiera que dice creer en Dios. Es la base del cristianismo. La famosa ley de oro: “amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo”, tiene su fundamento en esta bienaventuranza. Amar al prójimo resulta complicadísimo, amar a quien te ha traicionado, a quien ha mentido, a quien ha lastimado o mostrado indiferencia, resulta casi imposible; sin embargo Jesús nos dice que en eso se resume creer en Él. Solamente siento pobres de espíritu, dejando a un lado el egoísmo, entonces nos será menos complicado amar a los que nos rodean. Jesús es el ejemplo perfecto, la carta de Pablo a los filipenses 2:5-8 lo resume: “Tengan ustedes este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Jesús era Dios cuando vino a la tierra, estaba en el cielo, lleno de gloria, majestuosidad, en el lugar perfecto… pero aun así, decidió humillarse y hacerse hombre para salvarnos. ¿Crees en Jesús? Entonces sigue su ejemplo, si Él lo hizo no tenemos excusas para no hacerlo.

No somos dueños de nosotros mismos, somos de Dios. Y Dios mismo, a través de Jesús, decidió ser pobre de espíritu y venir a la tierra a salvarnos, cuanto más nosotros. Has una pausa en tu vida y reconoce que sin Dios, solo serás un inepto más, sólo en Él encontrarás la fórmula para el verdadero éxito.

¡Cambio y fuera!