miércoles, 12 de octubre de 2011

La marca de tu vida

En el mundo del marketing  no hay nada más importante que desarrollar una marca y llevarla al estrellato en ventas, logrando que casi “todo” el mundo compre los productos de esa marca. Cada uno de nosotros como consumidores tenemos preferencia por alguna marca en particular, ya sea tu refresco favorito, alguna marca de tenis, zapatos, ropa, etc… Y es tu favorita porque tiene ciertas características que la hacen diferente de las demás, detalles que hacen que no importe el costo o el tiempo de espera. Es igual si decimos que Dios está en nosotros, es como si Él fuera nuestra marca y adoptamos las características de esa marca, es decir, adoptamos sus características.
La analogía anterior es realmente sencilla, sin embargo hace referencia a un principio muy interesante, el fruto del Espíritu Santo. Cuando se menciona este tema, se vuelve muchas veces controversial y en otras se confunde con cuestiones fanáticas, sin embargo en esta ocasión lo analizaremos con detenimiento. La carta de Pablo a los Gálatas capítulo 5 del versículo 16 al 25 menciona las características del “Fruto del Espíritu Santo”. Antes de mencionarlos es interesante como describe el comportamiento  de la naturaleza del ser humano, es decir, cómo describe al ser humano de este siglo, hay: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. Las acciones mencionadas anteriormente es lo que es el ser humano hoy por hoy, bueno lo que ha sido desde siempre.. desde que el mismo Cristo vivía entre nosotros hasta ahora y tal vez por siempre. Así somos… llenos de conflictos emocionales que derivan en comportamientos de conducta muy retorcidos.. Ante esta descripción se puede concluir que realmente los seres humanos podemos llegar a destruirnos atrozmente.  Es ahí donde Pablo les escribe a los Gálatas que es necesario tener el fruto del Espíritu Santo, es decir, urge la presencia de Dios en nosotros para salvarnos de nuestra propia humanidad. ¿Y cuál es ese fruto? amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.  El fruto del Espíritu Santo es una contraposición a lo que realmente somos como seres humanos.
El fruto del Espíritu no son hábitos, ni cualidades, son acciones y decisiones. Actos que debemos decidir adoptar a nuestra vida diaria. El objetivo del ser humano es vivir la eternidad con Dios, pero para lograrlo necesitamos actuar de manera diferente, contraria a lo que el inconsciente nos dicta. Pablo habla del “fruto” como uno solo, a pesar de que lo vemos descrito en varias palabras, y esto porque no es posible solo tener uno de ellos, necesitamos el conjunto de acciones que conforman una vida diferente. El Espíritu Santo nos da herramientas para vencernos a nosotros mismos. Hemos comprobado que vivir basados en el entendimiento propio es vivir en vano, cuando adoptamos el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza, entonces encontramos la única manera de tener una buena vida; vencemos la tendencia natural de nuestro cuerpo.
Vencernos a nosotros mismos resulta casi imposible, por lo que necesitamos desarrollar un carácter firme. Dice el profeta Isaías que Dios guardará en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Dios persevera; porque en Él ha confiado. Dios está dispuesto a darnos esa buena vida, pero necesitamos poner nuestro pensamiento en Él, confiar y perseverar. El mismo Pablo le escribe a los Romanos, que hay vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad. Nuestro propósito es vivir para la eternidad, “sobrevivir” solamente para esta vida resulta tan corto, tan débil, efímero y carece de futuro; sin embargo vivir para la eternidad con Dios nos da sentido de pertenencia, nos da identidad, nos da valor, fuerza y valor.
Juan en su segunda carta versículo nueve dice una verdad importante, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.” La vida sin Dios carece de sentido, sin embargo la vida con Dios es una vida con propósito y futuro. Para que Dios esté en nosotros debemos perseverar en su doctrina. ¿Qué es doctrina? Es la enseñanza que nos dejó, es sencillo… Permanece en el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza. Que se vuelvan parte de tu vida, de tus decisiones, de tus pensamientos, de tus reacciones, vive en ellos y deja que Dios y su Espíritu sean la marca de tu vida.

Cambio y Fuera!

martes, 11 de octubre de 2011

No tengo nada

Te contaré una historia que tal vez has leído, pero en esta ocasión la vamos a analizar con otro enfoque. El segundo libro de los Reyes capítulo 4 del versículo 1 al 7 cuenta la historia de una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas,  que clamó a Eliseo (profeta muy famoso), diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Dios; y ha venido el cobrador para tomarse dos hijos míos por siervos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué quieres que yo haga? Dime qué tienes. Y ella dijo: Ninguna cosa tengo, solamente una vasija de aceite. Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa el aceite que tienes en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces el aceite se terminó. Vino ella luego, y lo contó al profeta, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede

La situación que esta viuda estaba viviendo es muy común para todos, tenía una crisis económica, aparentemente no tenía nada y venían a cobrarle; recién había quedado viuda así que estaba en crisis emocional, se sentía sola y perdida; una crisis existencial también cruzaba por su mente, ya que no podría tener a sus hijos con ella, ya que si no pagaba sus deudas, ellos tendrían que ser llevados como esclavos. La viuda estaba inmersa en sentimientos de dolor,  pérdida, ausencia, separación, incertidumbre, temor, frustración, estaba siendo tratada injustamente  lo que le generaba impotencia, sentimiento de abandono, urgencia por sobrevivir y desesperanza. ¿Te identificas?

Así que decide pedir ayuda a un hombre de Dios y este le pregunta lo que ella jamás espero: ¿qué tienes? Su respuesta, basada en sus sentimientos fue la obvia: “NADA, excepto un poco de aceite”. Decir “tengo nada”, es sinónimo de decir que estás vacío y eres insignificante; es tan poco lo que puedes tener que no vale la pena hablar de eso, carece de importancia, ya no hay nada valioso. Este pensamiento está enfocado en su necesidad y no en la realidad. La verdad es que esa mujer tenía mucho más que solo un poco de aceite. Tenía su propia vida, la vida de sus hijos, una casa, seguramente tenía muebles, tenía ropa, tenía habilidades, tenía su pensamiento, su creatividad. Su emocionalidad no le permitió ver las cosas que sí tenía, entonces se enfocó solamente en su necesidad.  Ahora te pregunto y me pregunto, ¿qué tienes?, ¿nada? Claro, es lo único que salta a la mente la mayoría de las veces.. Pero cambiemos la forma de pensar.. ¿qué tienes? Tienes habilidades, tienes una casa, tienes un pensamiento, tienes educación, tienes capacidades, tienes amigos, tienes familia.. ¿qué tienes?

En efecto, Dios ayudó a la viuda y le dio muchísimo aceite para que lo vendiera y saliera de sus deudas. Pero no le mandó ángeles que mataran a los que iban a cobrarle, tampoco dejó mucho dinero afuera de su casa para que pagara todo. Lo que Dios hizo es interesante, bendijo aquello que ella RECONOCIÓ que tenía.  Para sacarte de la crisis Dios usará lo que tienes no  lo que no tienes. Aquello que reconocemos que tenemos es lo que Dios va a usar para que nos vaya mejor, y para sacarnos de la crisis, cualquiera que esta sea, donde nos encontremos. Entonces de quién depende el tamaño de la bendición de Dios, de Dios o de nosotros.

El profeta le dijo a la viuda que consiguiera muchas vasijas para que fueran llenas de aceite. Y Dios le dio el aceite justo para las vasijas que ella llevó; si hubiese llevado más, Dios le hubiese dado más. El aceite cesó cuando ya no hubo vasijas. Dios nos da conforme a la medida que le ponemos, es decir, si ponemos una cuchara, una taza, una botella, un jarro o un barril; Dios nos dará conforme a eso. Es una analogía de la fe, depende del tamaño de nuestra fe, es la bendición de Dios. ¿Nosotros podemos limitar a Dios?  ¡Sí!. Él es capaz de darnos mucho más de lo pedimos, pero necesitamos pedírselo. Si le decimos “ay Dios aunque sea dame ese poquito”, dará conforme a nuestra fe. ¿Quieres que te saque de tu crisis? Ten fe suficiente para que sobrepase tus expectativas.

Nadie vino a este mundo vacío.  Tener vida ya es suficiente, déjate de amarguras, ¡disfrútala! Aquello que tenemos debemos cuidarlo y sacar el mayor provecho posible.  Tenemos relaciones, bienes, creatividad, conocimiento, sueños, ánimo, ideas; solo tenemos que pedirle a Dios la estrategia, motivación, capacidad de liderazgo. La forma de incrementar la que tenemos es usándola. Usemos lo que tienes y haz que las cosas sucedan.

En medio de la crisis pregúntate que tienes y pide a Dios que te bendiga. Ten la seguridad de que Dios te bendecirá más allá de lo que te imaginas, pero recuerda tener la fe de un barril y no solo de una cuchara. Sobrepasa tus propias expectativas.

¡Cambio y Fuera!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La prueba de amor

Sentirse amado puede resultar uno de los asuntos más complicados de entender, todos deseamos recibir distintas pruebas de amor, con la finalidad de confirmar que se nos ama. De la misma forma buscamos demostrar el amor a quienes rodean, con el fin de afirmarles que son importantes y haríamos cualquier cosa por ellos. Sin embargo la prueba de amor más grande que pudiera existir, es el servicio. Servir a otros es la prueba de amor por excelencia. Servir significa darle valor a algo, ayudar, trabajar para otro, atender, procurar a alguien más, apoyar. Servir es la mejor prueba de amor, porque significa que dejamos nuestro egoísmo a un lado y decidimos convertir a otra persona en la más importante por un momento. Y es que el sacrificio del ego para el hombre actual, sin duda es un acto de verdadero amor.

En un mundo tan violento, desconsiderado, mal agradecido y voluble, el servicio unos a otros carece de sentido. Pero el servicio no se basa en la bondad de los demás, ni en que tanto lo merezcan, es la clave para parecernos a Dios. Jesucristo es el mejor ejemplo, Dice el evangelio según San Mateo 20:27-28 que quien quiera ser el primero, es decir, el mejor de todos, tiene que ser servir. Esta declaración es contraria a lo que la filosofía actual dicta, servir no nos hace menos, al contrario, nos hace mucho más. Jesucristo dedicó su vida completa a servir.

El apóstol Pablo en su primera carta a los corintios 12:12-19 dice que todos somos miembros de un mismo cuerpo y como tal cada uno tiene una función específica y un objetivo específico. En mi vida diaria no me acuerdo mucho de agradecerle a mi dedo chiquito del pie izquierdo por su increíble función, pero su función es muy importante. De igual manera todo lo que hacemos para ayudar a nuestros semejantes (miembros del cuerpo) es muy importante, ya que nos complementamos. Aunque en ocasiones desearíamos ser autosuficientes, la verdad es que no lo somos, siempre necesitaremos del servicio de los demás. Ser parte del mundo de Dios y sus componentes es la razón por la cual existimos. Fuimos salvos para servir, es decir, Jesucristo vino a salvarnos para que no vivamos hundidos en la peste que acarrea el estilo de vida tan perturbado que el ser humano lleva hoy en día. Pero una vez salvos, la idea de Dios es que sirvamos. La famosa línea que dice “el que no vive para servir, no sirve para vivir” es cierto. Si no cumplimos la función en la tierra para que Dios nos puso aquí nuestra vida no tendrá sentido. Sentirse inútil es el sentimiento más terrible que el ser humano experimenta. Pablo le dice a Timoteo en su segunda carta 1:9 que Dios nos llamó para cumplir su propósito.

Y es que Dios hizo esto para darnos identidad, para afirmar quienes somos y el plan de vida que debemos tener. Servir le da significado a nuestra vida. Para aquellos que conocemos a Dios no es opcional.
La clave está en el equilibrio, es necesario tener la misma porción de fe y de obras (servicio a otros). Santiago hace una reflexión muy interesante en el capítulo 2:14-26 donde nos hace entender que no se vale decir “yo tengo mucha fe en Dios, pero no hago nada por otros”, y de igual forma es inválido decir “yo tengo muchas obras caritativas, pero no tengo fe en Dios”. Ser caritativos jamás nos llevará al cielo, pero tener fe en Dios y ayudar a otros es la forma de experimentar a Dios. Leí que en algunas iglesias en China a aquellos que decidían comenzar a relacionarse con Dios en las iglesias, las primeras palabras que les dicen  son: “Jesús ahora tiene un nuevo par de ojos para ver, nuevos oídos para escuchar, nuevas manos para ayudar y un nuevo corazón para amar a otros”.

No hay excusas para servir, ¿cuál es tu excusa? Flojera, falta de iniciativa, depresión, no se hacer nada, falta de tiempo, no se dónde, no tengo nada bueno que aportar, soy tonto, tengo que arreglar mi vida primero… esas son solo algunas excusas, pero para nada válidas. Si leemos la Biblia nos daremos cuenta que todos los personajes que sobresalieron tienen algún “detalle” que los hace los más imperfectos del mundo; mentiras, infieles, torpes, tartamudos, deprimidos, pobres, inmorales, viudos, locos, racistas, etc… ¡No hay excusas! Pero necesitamos sacudirnos las excusas y dejar que Dios use nuestros defectos para el increíble propósito que ya tiene planeado. Si esperamos a arreglar nuestra propia vida y entonces dedicarnos a servir a otros tendríamos que morir, ya que jamás habrá un momento en el que nuestra vida sea como esperamos que sea.

Servir no es ser activista, no es ser servilista y dejar que te aplasten, no es impresionar es amar. Dale la prueba de amor a tus semejantes, sacúdete tus traumas y decide servir.


Cambio y Fuera!

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Cómo me relaciono con Dios?

En la sesión anterior revisamos la importancia de relacionarte con Dios, hemos hablado de que cuando decides hacer a Dios parte de tu vida, empiezas a notar cambios en la misma, cambios pequeños y muchas veces imperceptibles o como en el caso de Pablo cambios radicales a tu estilo de vida. Sin embargo en esta sesión te decimos ¿Como hacerlo?.

Debemos comenzar diciendo que la vida se debería medir con base en las relaciones que tenemos, y sobre todo en la calidad de las mismas. Relacionarse no es sencillo, pero es muy necesario. Pensemos cuáles son las relaciones más importantes en nuestra vida, aquellas que determinan el curso de nuestras decisiones para con nosotros mismos y para el mundo entero. Podemos tener muchas, sin embargo te reto a relacionarte con Dios; es el único con el que puedes entablar una relación y no cometerá los típicos odiosos errores que los seres humanos solemos cometer, y mejor aún perdona nuestros errores. ¿Cómo nos relacionamos con Dios? Aprendamos en pasos sencillos, basados en las relaciones comunes del ser humano, pero aplicadas a la mejor relación que podremos tener.

El paso uno de cualquier relación es la confianza. Dios confía en nosotros, si no fuera así no nos daría libertad de decisión. Sin embargo es necesario desarrollar la confianza en Dios. Confiar en Dios significa. No nos mantengamos pasivos. Debemos desarrollar planes y permanecer activos, pero nuestros planes deben ser conforme a la voluntad de Dios. Si nuestros planes son de acuerdo a su voluntad, Dios dispondrá de ellos. Cuando nuestros planes se lleven a cabo, debemos de agradecer a Dios y no ser engreídos creyendo que es obra nuestra.

El segundo paso es hablar. Al entablar conversaciones conocemos mejor a los demás y sobretodo, nos conocemos mejor a nosotros mismos.  Cada día es más común la definición sobre la oración, orar es hablar con Dios. Entonces caímos en el extremo, ¿a qué me refiero? En tiempos antiguos era impensable el hecho de que orar o rezar pudiera realizarse fuera de los lineamientos establecidos, fuera de la iglesia o con palabras ajenas a las ya instruidas. Sin embargo hoy en día sabemos que Dios está en todo lugar entonces siempre podemos hablar con Él, no importa dónde nos encontramos y la estructura de nuestras palabras. Sin embargo, el problema es que perdió su “distinción especial”, es decir, es tan fácil, tan común, no me cuesta nada… entonces lo posponemos y muy pocas veces lo hacemos. Es más, es muy común el pensamiento de que Dios lo sabe todo, entonces es innecesario decírselo. Pero orar a Dios, hablar con Él nos beneficia a nosotros mismos. Todos nacemos una necesidad de conectarnos con Él, es nuestro creador necesitamos comunicarnos con él.  El salmista dice en Eclesiastés 3:11 que Dios hizo todo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en nuestro corazón. Nuestro interior, nuestra alma, sabe que fuimos creados para Dios y para Su eternidad.  ¿Cuándo debemos hablar con Dios? SIEMPRE, Dice el apóstol Pablo a los Tesalonicenses 5:17 Santiago 5:13 nos dice que si estamos afligidos hagamos una oración, no nos sugiere algunos amigos para pedir consejo, aunque eso no es malo, pero lo excelente es orar.

Tienes algo que preguntarle a Dios, una duda, un problema, una decisión que tomar… ¡ORA! Orar es la clave, te garantizo que Dios sí te va a contestar. No siempre contesta como nosotros quisiéramos, sin embargo te contestará.  Dice el evangelio según San Mateo 7:7 que si pedimos se nos dará, si buscamos encontraremos, si llamamos se nos abrirá. Porque todo el que pide recibe y el que busca encuentra. Recordando pedir conforme a la voluntad de Dios. Y es que no siempre tenemos la razón, y muchas veces pedimos conforme a lo que pensamos que puede ser lo correcto, pero Dios tiene otros planes y Él sabe no solo lo correcto, si no lo que nos beneficiará y nos hará excelentes. Parte de la oración es pedirle entendimiento para ver más allá de nuestras narices. El apóstol Pablo le dice a los Efesios 6:18 que debemos pedir y suplicar con toda perseverancia, es decir, que muchas veces la respuesta no va a ser rápida, pero sigamos pidiendo. ¿Por qué Dios no me contesta rápido? Por todavía no estás listo para la respuesta, sigue orando y te irás preparando. Recordemos orar en lo privado, que sea un momento a solas con Dios. Claro que si estás en medio de una junta y necesitas mucha sabiduría para no explotar de enojo, puedes pedirlo en tu mente y Dios te escucha y te contesta! Pero que la oración diaria sea un tiempo a solas con Dios, vale la pena darle Su lugar.

Siempre que oremos que sea en el nombre de Jesús. Recordemos que Él es el ÚNICO intermediario, nada ni nadie más vivo o muerto puede ser el canal entre Dios y nosotros, solo Jesús. El evangelio según San Juan 14:13-14 dice que el único a través del cual podemos pedir es Jesús.  Jamás olvidemos que nuestras oraciones deben de ser conforme a la voluntad de Dios, no cumple caprichos. Define unos minutos que siempre puedan ser los mismos a cierta hora del día de tal manera que se vuelva un hábito.

El tercer paso es aprender. Aprender de Dios, con Dios y sobre Dios. Para aprender de Dios debemos conocer quién es y qué pretende con relacionarse con nosotros. La Biblia es el reflejo de lo que Dios es. Pablo le dijo al joven Timoteo (3:16) que todo lo escrito en la Biblia es inspirado por Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir justicia; a fin de que el hombre (nosotros) sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. Y realmente relacionarnos con Dios es sencillo,  y este paso en particular es interesante, porque en la medida que leamos la Biblia, la estudiemos, la analicemos y sobretodo la apliquemos, es en la medida que mejoraremos nuestra relación con Dios. Pero luego surge una pregunta interesante que todos nos hemos hecho, ¿todo lo que está escrito en la biblia es verdad?... La Biblia dice que así es. Es complicado entender algo que no podemos comprobar en los parámetros humanos, pero a pesar de lo que cada uno piense de manera particular, creer o no creer en la veracidad de la Biblia es cuestión de fe, porque son verdades divinas y funcionarán con o sin nosotros. Nuestra fe se incrementará en la medida que aprendamos frases de la Biblia (versículos), nos ayudará a afrontar los diferentes problemas de la vida cotidiana.

Dicen que Dios nos dio una boca, pero dos orejas, ya que nos cuesta mucho callarnos y escuchar, pero aun en la relación con Dios en muchas ocasiones es necesario callarnos y escucharlo a Él. Y es que suena como algo fantástico el creer que realmente podemos escuchar a Dios, sin embargo hay muchas formas de hacerlo. La forma más importante en la que Él se comunica con nosotros y nos enseña su voluntad y propósitos es a través de la Biblia. Cada renglón escrito en la Biblia es el relato de la voluntad divina que Él tiene para nosotros. Lo podremos escuchar en la medida que leemos su Palabra. Las reflexiones de las verdades bíblicas son también una excelente oportunidad para escucharlo, los sermones, literatura cristina, y muchas reflexiones acerca de las verdades de Dios. Pero recuerda que todo lo que escuchemos siempre lo debemos filtrar y cotejar con lo que la Biblia realmente dice. Las circunstancias son un muy buen medio para identificar qué es lo que Él nos está diciendo. Hay muchos momentos en el que estamos en medio de circunstancias que no buscamos, si no que se dieron “solas”, pero esa es una forma en la que Dios nos quiere llamar la atención. La oración siempre nos llevará a sentirnos más cerca de nuestro creador, tal vez no escucharemos literalmente su voz en nuestro oído, pero Dios deja pensamientos que nos hacen entender lo que Él espera que hagamos.

La clave está en convivir con Dios, es el hecho de volverlo parte de nuestra vida, involucrarlo en nuestras decisiones, consultarlo primero, checar que las decisiones que tomamos están basadas en sus principios. Tener una relación con Dios es convivir con otros que crean lo mismo respecto a Él, de esta manera podremos hacer crecer nuestra fe y la de otros. Relacionarnos con Dios es tener una relación bilateral, tanto de Él para con nosotros, y nosotros para con Él. 


DECIDE relacionarte con Dios! 

Cambio y Fuera!

martes, 6 de septiembre de 2011

Relacionándome con Dios

En ningún idioma es tan difícil entenderse como en el propio. (Karl Kraus, escritor austríaco) Entender a otros y entendernos a nosotros mismos resulta el dilema más complicado de la existencia humana. Entendernos es complicado ya que nuestra visión es humana, y somos seres humanos imperfectos, necios, ególatras tratando de entender a otros con las mismas características. Las relaciones humano-humano siempre serán complicadas, conflictivas y difíciles, ni siquiera es necesario detallar ese tipo de relación porque la conocemos muy bien, y como dice Kraus, entender nuestro propio idioma es lo más difícil. Sin embargo si nos relacionamos y decidimos comunicarnos con la persona que creó nuestro idioma y que tuvo la increíble idea de formarnos, entonces sacaremos un mayor provecho a nuestra existencia. Dios  nos creó, el conoce perfectamente el instructivo para que tengamos una mejor vida, así la clave de todas las relaciones es relacionarnos con Él.

El salmista dice que Dios acomoda nuestros caminos, porque Él nos conoce. Y el apóstol Pablo les dice a los filipenses en su carta 1:6, que Dios, quien ha empezado una obra buena en nosotros, la perfeccionará; es decir, que SÍ tiene planes para nosotros y los va a cumplir. Así que relacionarnos con Él empieza porque Él quiere relacionarse con nosotros. Somos su máxima creación, lo más importante para Él así que está a la espera de que lo volvamos parte de nuestra vida diaria.

Cuando hablamos de Dios la mayoría pensamos en el “tipo” de religión a la que pertenecemos. Sin embargo la definición de religión se limita a creencias sobre la divinidad. Esto significa que el ser humano define ciertas creencias sobre la divinidad, pero esto no significa que tengo una relación con esa divinidad, solamente creo que es lo correcto. Sin embargo nos conviene tener una relación con Dios y no solo una religión.

Dios nos llama en primer lugar. Sin embargo es una decisión personal responder a la relación que Él abre. El apóstol Pablo le dice a los Romanos 3:22-26 que dado que todos hemos pecado, ninguno por su propia justicia podría acercarse a Dios; pero gracias a que Jesús murió por nosotros, entonces solamente con tener fe nos podemos comenzar a relacionar con Dios.

El ser humano nace con la necesidad de acercarse a Dios, sin embargo durante las circunstancias de nuestra vida nos vamos alejando y hacemos a un lado esa necesidad de convivir y ser parte de un plan divino. Pero Dios al vernos perdernos poco a poco tiene misericordia de nosotros y nos pone en momentos específicos para que lo volteemos a ver otra vez. Dios nos escoge, pero en nosotros recae la decisión final. Pablo les dice a los filipenses 2:13 que Dios pone en nosotros tanto el querer como el hacer para acercarnos a Dios. Pablo también les dice a los corintios en su primera carta, que debemos ser imitadores de él, pero a su vez él, Pablo, es imitador de Cristo. Esta es la base de la relación con Dios, ser imitadores de Jesús. La primera carta de Juan 4:17 dice que Dios es amor y el que permanece en el amor, permanece en Dios. Recordemos que la definición del amor según Dios, no es la misma que tenemos en la visión humana. Relacionémonos con Dios por medio del amor que Él mismo nos enseña.

Volver a Dios parte de nuestra vida nos convierte en sus discípulos, es decir, aprendemos a adoptar el estilo de vida que Él enseña y sobretodo que vive. El evangelio según San Lucas dice que nadie puede ser superior a su maestro, sin embargo lo podemos involucrar a tal punto que lograremos la perfección en Dios. La primera carta de Juan 3:24 dice que si permanecemos en los mandamientos de Dios, entonces permanecemos en Dios y Él permanece en nosotros. Es lo mismo que se menciona anteriormente, permanecer en amor y en los mandamientos de Dios es aprender a vivir como Dios.

Relacionarnos con Dios es la clave para todas las relaciones en nuestra vida. Jesús mismo dice en el evangelio según San Juan 15:10 que  si guardamos los mandamientos de Dios, permaneceremos en el amor de Dios (que es perfecto y no defectuoso como el humano); así como Jesús mismo ha guardado los mandamientos del Padre, y permanece en su amor. Permanecer en el amor de Dios es no decir mentiras, no engañar, no robar, ser éticos, ser puntuales, buscar el bien de los demás y no solo nuestro beneficio, es ser amables, es decidir perdonar… Estas características definen el amor de Dios. Y permanecer en ellas nos ayudará a mejorar nuestras relaciones laterales. Vale la relacionarnos con Dios y asi encontrar el equilibrio con los demás y con nosotros mismos. Es como un triángulo en nuestra vida, cada esquina es una de nuestras relaciones: yo mismo, relaciones con otros y relación con Dios. Busquemos el equilibrio entre los tres, si tenemos la relación con Dios desgastada o rota, entonces batallaremos en las otras dos.


Cambio y fuera!

domingo, 28 de agosto de 2011

Relacionándome Conmigo Mismo


Pensemos en cuál de todas nuestras relaciones es la más difícil, con quién de todos los que están a nuestro alrededor batallamos más para relacionarnos: papás, novio(a), amigos, hermanos, abuelos, compañeros de trabajo, jefe, autoridades, ¿otro?... Pero aún y si desaparecieran todas esas relaciones seguramente seguiremos estando inconformes, porque todos, sin excepción, batallamos para relacionarnos con nosotros mismos. La falta de conformidad con nosotros mismos genera que más allá de luchas contra otros, resulta que luchamos contra nosotros mismos.

En la época de la psicología moderna, el término de “autoestima” se ha vuelto cada vez más común. Hay muchas teorías al respecto, a favor y en contra, además de un constante mal uso del término. Pero para fines prácticos la “autoestima” es el concepto que cada uno tenemos de nosotros mismos, específicamente el amor propio. Conocemos los dos extremos, el concepto demasiado alto, demasiado bajo y algunos matices en el rango intermedio. Pero realmente el ser humano no logra tener un correcto amor propio. El mayor problema del hombre es un error en la definición del amor propio.

Como seres humanos desarrollamos el concepto de amor propio con base en el contexto actual. Sabemos que cada uno de nosotros ama a los demás de la manera en que aprendió a amar, en esa medida expresamos, manifestamos y vivimos el amor. De la misma manera para nosotros mismos, nos amamos como hemos visto que nuestros padres se aman a sí mismos, como la sociedad dice que debe ser el amor propio, conforme a los estándares de la época que vivimos. Pero debemos ir al principio de las cosas. El hombre no se creó a sí mismo, Dios nos creó. Por lo tanto de Él procedemos y nuestros estándares deberían ser los que Él tiene para con nosotros. La definición de amor basada en los conceptos que determina la sociedad, cualquiera que esta sea, son incorrectos, porque solo llevan al egoísmo. Es una definición basada en el “falso amor propio”, es decir, egoísmo. Cuando soy egoísta me peleo hasta conmigo mismo, ni siquiera llego a estar conforme con mi amor propio, pero busco demostrar que sí, me miento a mí mismo, y se vuelve prácticamente imposible satisfacer mis estándares. Siempre buscar mi placer, hablar de mi mismo hasta que humille a los demás, demostrar que soy el mejor y no dependo de nadie más, quejarme constantemente de lo que no tengo  con peligro de caer en la autocompasión, y siempre pensando en lo vano y pasajero. Sin embargo cuando comprendemos que somos de Dios, entonces aprendemos a generar un  amor propio correcto. Nuestro amor propio se deriva del amor que tenemos por Dios. Somos de Dios, no de nosotros mismos, así que debemos amarlo primero a Él, para así conocer cómo nos ama y amarnos de la misma manera.

La definición que Dios da sobre el amor propio la encontramos en la carta de Pablo a los Romanos, en el capítulo 12:3. Desde el inicio del capítulo Pablo está motivándonos a ofrecer nuestro cuerpo a Dios como un sacrificio, es decir, no amoldándonos al mundo actual, sino transformando nuestra mente a la mente de Dios. Y en el versículo 3 nos dice que “por la gracia que Dios nos ha dado: nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le ha dado.” El concepto que tenemos de nosotros mismos parte del concepto que Dios tiene de nosotros. Tener un amor propio por encima o por debajo de lo que Dios tiene resulta “amoldarse al mundo actual”, es decir, conformarnos con lo poco que nos da la humanidad. Es interesante que al final de la recomendación se menciona que el amor propio se deriva de la fe que tengamos. En otra de sus cartas Pablo le dice a los Hebreos 11:1 que la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve, sino de Dios. En la medida que desarrollamos nuestra fe en Dios, desarrollamos un correcto amor por nosotros mismos.

El profeta Jeremías en el capítulo 17:5-9 relata que Dios dice: “¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor!. Será como una zarza en el desierto, no se dará cuenta cuando llegue el bien. Morará en la sequedad del desierto, en tierras de sal, donde nadie habita. Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en él. Será como árbol plantado junto al agua,  que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia; y nunca deja de dar fruto. Nada hay más engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién podrá comprenderlo?”. Dios literalmente nos maldice si confiamos en el estándar del ser humano, porque sabe que poner nuestra confianza y esperanza de vida en seres tan imperfectos como nosotros, no dejará nada bueno. Al contrario nos bendecirá mucho y nos garantiza que nos irá bien si ponemos nuestra confianza en Él. Bien dice Dios a través del profeta Jeremías, que nada hay más engañoso que el corazón, es imposible entenderlo. No nos conviene que el punto de referencia sea otro ser humano, más bien pongamos de referencia a Dios; que no se fija en nuestros errores, si no en la forma en que lo amamos, con todo y errores, pero con un corazón dispuesto a aprender de Él y mejorar.

En una sociedad que motiva el amor propio demasiado elevado, Proverbios 16:5 dice que Dios aborrece a los arrogantes, una cosa es segura, no quedarán impunes. Pablo en su segunda carta a Timoteo en el capítulo 3:1-5 hace una recomendación interesante. Dice que tengamos en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles (es decir, ahorita). La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán presumidos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a sus papás, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta los desmentirá. Y le dice ¡con esa gente ni te metas!. Pero, cuántas de esas características son parte de la definición de amor propio en nuestra vida, es decir, ¿cuántas de esas cosas me definen? ¿Acaso no conviene juntarse conmigo?

La clave está en no amarnos más de lo que amamos a Dios, ¡es imposible! Si me llego a amar más de lo que amo a Dios, entonces mi definición de amor propio está equivocada y chueca.  En la carta de Pablo a los Gálatas, el escritor hace una fuerte declaración al respecto, (Gálatas 1:10) “¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscará agradar a otros, no sería siervo de Cristo.” La única persona en la que debemos fijar nuestra dependencia y nuestro propio amor, es Dios, ni siquiera mi pareja, “mi alma gemela”, mis papás, mis amigos.. solo Dios.

Te recomiendo que te preguntes a ti mismo, ¿qué piensa Dios de ti?.. no en el pasado, hoy qué estará pensando Dios de mí. O acaso, ¿Dios no piensa en mí? Dios sí piensa en ti y en mí. Dice el profeta Jeremías en el capítulo 29:11 que Dios sabe muy bien los planes que tiene para nosotros, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darnos un futuro y una esperanza. Dios pensó en nosotros antes de crear cualquier otra cosa, formó el universo para que nosotros viviéramos en él. En la primera carta de Pedro 2:9 dice que somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios. (…) Ustedes antes ni siquiera tenían pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido. Tan pensó en nosotros que al ver que el mundo se iba a la perdición total decidió mandar a su Hijo a morir por nosotros. El profeta Jeremías también nos dice en el primer capítulo, que antes de formarnos en el vientre de nuestra madre, ya nos había elegido; antes de que naciéramos ya nos había apartado. No somos producto de la casualidad. Somos de Él, somos de Dios.
               
Yo soy de Dios y tú también, ahora definamos el amor por nosotros mismos con base en eso. Seamos agradecidos, pensemos en el amor de Dios y aprendamos a adaptarlo a nuestra vida, valoremos a los que necesitan ayuda, vivamos en orden y disciplina. Como le recomienda Pablo a los filipenses, vivamos siempre humildes. Necesitamos creerle a Dios, decidamos creer en la seguridad que Dios nos da, en su amor. Para así desarrollar la capacidad de perdonar a otros y a nosotros mismos, respetar, ser auténticos, reconocer nuestra capacidad de éxito y logro; y sobretodo medirnos con el estándar de Él y no de los millones de habitantes de este mundo igual de confundidos que nosotros.

Cambio y fuera!

viernes, 19 de agosto de 2011

Dios y el Sexo



¿Has escuchado la historia de José el soñador?

José el soñador, es una historia mundialmente conocida. José el hijo favorito, cuyos hermanos lo venden y se queda solo en la cárcel, pero llega a ser un gobernante famoso del reino egipcio. Resulta que durante una temporada de su vida, fue administrador de uno de los famosos funcionarios de faraón. Potifar, su jefe, el famoso funcionario, era muy rico y le delegó a José todas sus actividades. Un día, la guapísima y sexy esposa de Potifar se encontró a José solito en la casa, y literalmente le dijo “aquí estoy y soy tuya.. lo que quieras”… José se negó rotundamente y dice una frase muy interesante “Mi jefe, tu esposo, me ha delegado todo lo que está aquí, puedo hacer y deshacer lo que quiera, menos a ti. Además, ¿cómo le podría yo hacer esto a Dios?”. Y huyó. Ese es el interesante capítulo de la historia de José que ha cautivado mi vida. José tenía ante él, lo prohibido y codiciado a su alcance, pero prefirió obedecer a Dios y su compromiso previo, antes de satisfacer su ego como hombre, sus hormonas y su calentura.

El sexo siempre ha resultado y resultará un tema complicado en cualquier ámbito, a pesar de que hoy en día es mucho más fácil, y sobretodo, aceptado, hablar del tema, siempre será tema de discusión. ¿Qué se puede hacer y qué no se puede? Resulta que aun eso es creación completa y absolutamente divina.
Si estuvieras frente a Dios y pudiéramos preguntarle algo seguramente sería ¿por qué lo creaste y no nos dejas probarlo?... Pero como toda su perfecta creación, si nos dio permiso, pero con límites. El amor es la máxima expresión divina, y específicamente el amor sexual Dios lo creó, lo hizo para culminar el amor en pareja, pero lo restringió al matrimonio, por difícil que parezca. La carta a los Efesios 5:33 motiva a los esposos a amarse unos a otros en toda la expresión de amor. Y esto suena común y bien conocido, pero la verdad es que esperarse a tener relaciones hasta el matrimonio, ya es una idea pasada de moda. Pablo en 1°Corintios 6:12 hace una declaración interesante, nos dice que todo se vale, pero no todo nos conviene. ¡Sí! todo se vale, se vale tener sexo cuando quieras y con quien quieras… pero ¡no te conviene! No es el plan original que Dios tiene para nosotros.

El apóstol Pablo le recomienda a Timoteo, en su primera carta capítulo 5:1-3, que a las ancianas las debe tratar como a madres, a los ancianos como a padres, a los jóvenes como hermanos, pero a las jóvenes como hermanas, y especifica que con toda pureza.  La declaración de Pablo es completamente opuesta al mundo actual. Cada día es más y más común ver a chicos abrazándose y casi besuqueándose sin ser “prácticamente nada”. ¿Qué pasa con el mundo actual y la sexualidad en cualquier aspecto de la vida? El hombre actual vive para sí mismo. La cultura del hedonismo impera. Ser hedonista significa que lo único importante es la satisfacción personal, todo lo que busco que suceda es para el placer personal, y no procuro el bien común o la felicidad de los demás, en este caso la de mi pareja. No me importa cómo haré sentir al otro, mientras yo sienta un placer extremo. Pablo se los dijo a los Filipenses, capítulo 2:3, dice que no hagamos nada por vanagloria, ni por nosotros mismos, sino todo con humildad. Dios nos creó, pero nos motiva a parecernos a Él, de Él procedemos así que nuestro objetivo debe ser parecernos a Él, y no solo enfocarnos en nosotros mismos. Todo lo que Dios creó es bueno, nosotros, el sexo y todo lo que existe alrededor. Dios es perfecto y su ley también, pero nosotros somos simples carnales que debemos sin Dios, somos miserables; por eso lo necesitamos a Él. El problema está cuando nosotros corrompemos esa naturaleza creada por Dios, la impregnamos del egoísmo y de la cultura actual. Entonces caemos en pecado. Los pecados en el área sexual tienen la característica de generarnos una alta culpabilidad, que muchas veces escondemos, y vergüenza extrema.

Lo que necesitamos desarrollar es un compromiso con Dios, y no con el mundo actual. Por lo que Romanos 12:2 nos recomienda que no nos amoldemos al mundo actual, nada bueno nos deja, si no que debemos ser transformados por Dios. Recordemos que somos de Él, no de este mundo. Es más, parte de Dios vive en nosotros, la Biblia dice que somos la casa del Espíritu Santo de Dios, por lo tanto debemos comportarnos dignos de ello. Todo lo que hacemos con nuestro cuerpo, el Espíritu Santo está ahí presente, si pecamos, pecamos no contra nosotros mismos, sino contra Dios mismo. 1°Corintios 3:16 nos lo recuerda.

Y es que hablar de pecados sexuales, creo que ninguno de nosotros es capaz de quedar exento. Anteriormente solo se consideraba pecado estar en la cama con la mujer de otro hombre; pero hoy en día es todavía más fácil caer, la masturbación, pornografía, adulterio (estar casado y tener relaciones fuera del matrimonio), fornicar (tener relaciones antes de casarse)… entre otras. Bien dice Jesús en el evangelio según San Mateo, que con solo ver a una mujer y tener pensamientos sensuales o sexuales con ella está mal. Y es que al leer todo esto, entonces salimos perdiendo, pero resulta que Dios vino para los pecadores, es decir, todos nosotros. Pecar en el ámbito sexual es tan peculiar, que puede ser solo en la mente y nadie supo, pero Él siempre se dará cuenta, y la culpa nos perseguirá. Dice Pablo en 1°Corintios 6:18-20 que el que peca sexualmente peca contra su propio cuerpo, ya que aprendimos que Dios vive en nosotros; de otros pecados pecamos de dientes para afuera, pero aquí pecamos contra nosotros mismos. La clave está en huir, así como José huyó.  El mismo Pablo en Romanos 8:13 nos motiva a vivir con Dios, porque nosotros solos jamás podríamos mantenernos exentos de caer en las increíbles tentaciones del sexo, pero si vivimos con Dios, entonces sí podremos. En la misma carta a los Romanos 13:11-14 nos motiva a entender los tiempos actuales, a vivir en la luz y no escondernos en la obscuridad.

Te reto a comprometerte con Dios, ¡vale la pena!. Recuerda que todo nos es lícito, podemos hacer lo que queramos, pero procuremos aquellas cosas que nos convienen, que nos dan un beneficio tangible y sobre todo a largo plazo, más allá de 10 o 15 segundos de éxtasis. Si nos hemos equivocado en el pasado, o actualmente hay algo que no concuerda con la filosofía de Dios, Él siempre estará dispuesto a perdonarnos y darnos una segunda oportunidad. La clave está en comprometernos a echarle ganas y dar lo mejor de nosotros. Yo por mi misma soy miserable y no podría lograr nada, pero con Él puedo tener dominio de mi cuerpo, de mis hormonas, de mi calentura y salir adelante. 


Cambio y Fuera!