miércoles, 20 de febrero de 2013

Noviazgo Sano


¿Existe el noviazgo sano? Son pocos los que afirman que así es. El noviazgo o la relación en pareja es uno de los estados más codiciados del ser humano, pero también de los más complejos. Empecemos con el significado, según los diccionarios noviazgo es la relación que existe entre dos personas que tienen la intención de casarse, esto a pesar de que parece que cada día son menos los que tienen la intención de casarse en algún momento.


¿Cuáles consideras los principales problemas de las relaciones de pareja? Personalmente considero los siguientes como los más comunes: celos, caprichos, control y chantaje, asumir cosas, chismes, hipocresía, ser quien no eres, excesiva complacencia, mentiras, diferencias sociales y de metas, competencia, errores en la comunicación, mal concepto de sí mismo, generalidades (todos son iguales), huir de la familia, influencia de amigos, falta de conciencia económica y violencia psicológica o física.

En la Biblia, Dios, nunca habla del noviazgo, solo se habla de relaciones cortas previas al matrimonio. Pero hay una historia en particular que nos hace reflexionar al respecto, la historia de Abraham (el padre de la fe  y su hijo Isacc. En el capítulo 24 de Génesis puedes verlo con mayor detalle, pero te la platico de manera general, Abraham le pide a su sirviente que vaya a su país de origen para buscarle una esposa a su hijo Isacc. Y el sirviente va al lugar que le dijeron y le pide ayuda a Dios para encontrar a la indicada, y la encuentra. Pero el orden fue el siguiente: se acerca a ella, la conoce y después de hablar le hace la propuesta y se la lleva.  Me gusta pensar que ese orden es el recomendable en los noviazgos de hoy en día, es necesario observar, platicar, buscar puntos en común y hacer una propuesta.

El noviazgo es un proyecto con visión, solo buscar pareja por soledad resulta en conflictos graves, incompatibilidad y quebrantamientos graves. Lo mejor del noviazgo es que es un estado de dignidad y equilibrio. Dios está involucrado en todo, no solo en una parte, y a Él le importa muchísimo nuestro estatus emocional. Dios nos adora, somos sus favoritos, así que le duele cada vez que nos rompen el corazón y se alegra cuando estamos felices; por lo mismo quiere que tengamos relaciones saludables. El noviazgo potencializa tu vida, o saca lo mejor o saca lo peor. Se trata de que tu cara brille: La belleza interior exalta la belleza exterior. La verdad es que en este estado se muestra quien eres realmente, ya que es un ensayo para la vida real,  y para un día el matrimonio.

            El noviazgo no es la solución a los problemas en casa, recuerda que saca nuestro verdadero “yo”, y si lo tomas como salida rápida tendrá malos resultados. Parte del concepto real del noviazgo es entender que  no somos dueños de nadie, solo le pertenecemos a Dios, por lo que es una relación de amor, no de pertenencia y control. Tampoco se trata de despreciar o avergonzarse del otro. El que es bruto, cuando está en una relación amorosa se hará mucho más bruto.

Hay cuatro principios básicos para relacionarnos mejor en pareja. El primer principio es el espiritual. Debemos estar bien espiritualmente para relacionarte con alguien más. Necesitamos a Dios, para poder tener un noviazgo sano, solo en Dios encontramos la definición de un amor real sin complicaciones. Siempre recordando el principio de oro: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:37-39). Busquemos siempre tratar a nuestra pareja como a nosotros mismos. Y es importante que en este principio te preguntes si tu y tu pareja tienen los mismos objetivos, si ambos buscan la espiritualidad como primer lugar.

El segundo principio es el tiempo. El tiempo siempre nos ayuda a tener estabilidad emocional. Tómate el tiempo para conocer a tu pareja a su familia que es lo que le gusta y lo que no y de esta forma poder asimilar si realmente se están relacionando de la manera adecuada.

            El tercer principio es la belleza. Nunca se nos olvide que la belleza es pasajera, sin embargo busquemos tener identidad en Dios, sin compararnos con nadie. Somos de Él, por lo que veámonos como Él nos ve, para Dios somos lo más importante y especial de su creación, dio la vida de Su hijo por nosotros. Sin olvidar que cuando nos ve, ve a su hijo Jesús antes de vernos, así que todas nuestras “cochinaditas internas” no las ve. Este principio se basa en siempre ser congruentes en nuestra belleza interna y externa, es decir, que nuestro exterior refleje lo que hay dentro. Recordando siempre que el noviazgo nos potencializa, para bien o para mal, busquemos que saque lo mejor de nosotros.

El cuarto principio es la cultura. Las historias de hombres ricos que se casan con mujeres paupérrimas y son felices por siempre, o viceversa, son hermosas en la televisión; sin embargo en la vida real siempre será importante ver si tenemos estilos de vida semejantes. Para una relación sana es importante tener ideologías semejantes. Pregúntate: ¿Qué opinan ambos sobre Dios, principios y convicciones?. Si notas diferencias grandes en este ámbito probablemente tendrás conflictos.

Sería increíble que Dios nos mandara una nota personal confirmando que nuestra relación está en la “voluntad de Dios”, pero nos debe bastar con tener paz. Siempre busquemos la paz de Dios en todo lo que hacemos, es decir, que a pesar de los problemas que podamos enfrentar estamos tranquilos y con la conciencia tranquila. Nunca tomemos decisiones apresuradas, usemos el sentido común. Me encanta pensar que el noviazgo sano tiene un objetivo, aunque no te cases con esa persona, ayuda bastante ponerle un objetivo a tu relación. Se trata de una etapa de preparación. Recuerda que el noviazgo resalta nuestro verdadero yo, así que no esperes que ayudarás a cambiar a tu pareja, solo es Dios quien cambia a las personas. Y lo que hagas que siempre sea por Dios, no por tu pareja, Dios representa el amor perfecto, asÍ que es una excelente base para las nuevas relaciones. ¿Por qué no dejas entrar a Dios a tu noviazgo y experimentas un verdadero noviazgo sano?

¡Cambio y Fuera!

martes, 12 de febrero de 2013

Y tú ¿Quién eres?


En las primeras expediciones del hombre a la luna, los astronautas eran estudiados por expertos, tanto física como psicológicamente; y es que el suceso que estaban por vivir cambiaría su vida y la percepción de la misma para siempre. Así que antes de partir, en su entrenamiento, se les pedía proporcionar 20 respuestas coherentes a la pregunta: ¿Quién eres?.

Y tú, ¿sabes quien eres?. Dicen los psicólogos que el proceso de autodescubrimiento de nuestra identidad empieza en la pubertad y termina en la juventud… Pero la realidad es que conozco muchísimos, si no es que todos, adultos que siguen buscando un significado real y profundo a su interrogante interna y eterna.

¿Quién eres? Hay millones de respuestas: soy mujer, hombre, ser humano, hijo, estudiante, profesionista, parte del mundo, el conjunto de las cosas que quisiera no ser, mis logros, mis pecados… ¿quién eres? Filósofos llevan siglos buscando dar una respuesta que logre satisfacer a la gran mayoría, pero siguen si tener éxito.

La realidad es que somos tres tipos de personas, es decir, nuestra identidad se divide en tres. La primera es la persona que crees que eres, es decir el concepto que tienes de ti mismo, como te percibes; sin embargo este concepto es muy cambiante. La segunda es la persona que los demás dicen que eres, cómo te perciben los demás. ¿Alguna vez has grabado tu voz en la computadora, la radio o algún video; y te has escuchado después de eso?.... ¿Cómo se oye tu voz? La verdad es que no hay nada más frustrante que oírnos a nosotros mismos en alguna grabación, ¡es terrible!. Porque al escucharnos estamos seguros que nuestra voz “no es así”, se oye mucho peor de lo que la imaginábamos. Lo mismo sucede con nuestra identidad, la percepción que tenemos de nosotros mismos dista mucho de la percepción que tienen los demás. Y el tercer tipo de persona es lo que Dios, nuestro creador, cree que somos; pero eso lo mencionaremos más adelante.

Entonces en ese conflicto interno que tenemos desarrollamos la famosa identidad desconocida, es decir, ni siquiera nosotros mismos nos entendemos. Según el resto del mundo, somos lo que nos esforzamos y por lo tanto nos merecemos; es decir, entre más te esfuerces más tienes y más logras, si no lo haces no mereces nada. Nos hacen creer que somos cierto estilo de persona, dejamos que se nos encaje con alguna moda o género y actuamos de esa manera. Me recuerda el libro de la famosa escritora mexicana Guadalupe Loeza “Las niñas bien”, donde se hace un análisis crítico muy detallado de los diferentes círculos sociales de los jóvenes y jovencitas mexicanos, específicamente de la Ciudad de México hace algunos años. Ella menciona diferentes tipos de grupos sociales y sus características muy peculiares, “las niñas bien fresas”, “las niñas bien nacas”, “los niños bien hijos de papi”, etc… Y, es que así nos comportamos, conforme vamos creciendo encontramos algún grupo que tiene características atractivas y buscamos adoptarlas para encajar y pertenecer. También nos comparamos constantemente con el más fuerte de nuestra especie, es decir, con aquellos que consideramos héroes o modelos a seguir. Pero la verdad es que cuando buscamos que nuestra identidad se vea representada por lo que la sociedad marca, siempre veremos que nuestra peor característica va a ser la popular.  Pon atención a los apodos de tus amigos, o el tuyo, ninguno es por alguna característica positiva, todos son en tono de burla y sarcasmo… y ya nos acostumbramos.

Y a pesar de todos nuestros esfuerzos por determinar una identidad adecuada terminamos sintiéndonos insatisfechos, infelices, confundidos y bastante inconformes.  Pasamos toda la vida estudiando quienes somos y no llegamos a nada. Ahora veamos el tercer punto de vista, ni el propio, ni el de los demás… el de Dios. ¿Quién eres para Dios?. Y es una pregunta tan interesante que amerita unos minutos de tu reflexión personal, ¿quién crees que eres para Dios?, ¿qué dirá Dios de ti?

Te tengo noticias, Dios nos ve a todos igualitos. Somos su creación, todos igual de pecadores unos que otros. Particularmente a los pecados me gusta llamarles cochinaditas internas, porque todos las tenemos, sin embargo buscamos culpar a los demás de las suyas y esconder las nuestras. Pero para Dios somos igualitos, gente con mil cochinaditas que necesitan perdón. Y por eso mandó a Jesús a morir por nosotros, para que cuando tu decides que Jesús viva en ti, entonces Dios ya no ve tus pecadillos, ahora ve a Jesús antes de ti y todo lo malo se ve borroso. ¡Es increíble!, ¿quién hace eso por nosotros?... ¡NADIE!, solo Dios. Nos da una vida completamente nueva, como menciona el apóstol Pablo en Efesios 4:20-21 (NVI) “Si de veras se les habló y enseñó de Jesús según la verdad que está en él. Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.” Dios nos dice que nos quitemos esa ropa cochina llena de pecadillos y Él nos da ropa limpia, solo debemos cambiar la actitud de nuestra mente y estar dispuestos a encontrar la verdadera identidad.

Y es que lamentablemente estamos divididos en dos, el alma que está inclinada al mal y le encanta encochinarse con esos malos hábitos, pero ahora tenemos también un nuevo corazón, un chip nuevo que Dios nos da y nos ayuda a mejorar. Nuestro objetivo final es ser semejantes a Dios, no es fácil y mucho menos rápido, pero si es un esfuerzo que vale la pena.

Entonces, ¿quién somos en Dios?... Para empezar somos sus hijos, (1 Juan 3:1-2 NVI) “Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios.” Somos santos, y no porque seamos puritanos, si no porque al ser hijos de un Dios santos, Él ya nos ve así. Somos amigos de Dios, y eso no cualquiera ¡eh!, (Juan 15:15 NVI) “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se los he dado a conocer a ustedes.” Somos parte de la familia de Dios, (Efesios 2:19 NVI) “Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, si no conciudadanos y miembros de la familia de Dios.” Somos escogidos especiales de Dios, (Col 3:12 NVI) “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia.” Aunque sea muy difícil de creer Dios dice que haremos cosas mejores que las que Jesús hizo, (Juan 14:12 NVI) “Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará y aun las hará mayores.” Y somos nuevas personas en Dios. Parece un cuento de hadas, ¿no?... Cómo Dios va a darnos tantas cosas buenas si somos bastante malos; es sencillo, es porque nos ama y quiere que tengamos una mejor vida que la que hemos tenido hasta ahora. Todo lo resumimos en un versículo escrito por el apóstol Pablo: “A partir de ahora, ya no vamos a valorar a los demás desde el punto de vista humano. Y aunque antes valorábamos a Cristo de esa manera, ya no seguiremos valorándolo así. Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios. Antes éramos sus enemigos, pero ahora, por medio de Cristo, hemos llegado a ser sus amigos, y nos ha encargado que anunciemos a todo el mundo esta buena noticia: Por medio de Cristo, Dios perdona los pecados y hace las paces con todos.” (2 Corintios 5:16-19 TLA)

Nos guste o no, creamos o no, Dios nos hizo; así que al ser el fabricante de este cuerpo tan loco y complicado que tenemos, es mejor confiar en que tiene una mejor respuesta que la que podamos encontrar en astros, filosofía, religiones, seres humanos, ideales, etc… Lo único que Dios espera de nosotros es que decidamos creer en Él y entonces apropiarnos de la mejor identidad, la identidad de Dios. Somos suyos, nos ama y solo así encontraremos felicidad verdadera. Esta es la clave para relacionarnos mejor, al descubrir quienes somos, lo amados que somos y el gran propósito que tenemos.

¡Cambio y fuera!

jueves, 7 de febrero de 2013

¿A qué venimos al mundo?


¿Alguna vez te has preguntando: “¿A qué vinimos a este mundo?”. Cualquiera de nosotros se convertiría en la persona más rica del mundo si encontrara la respuesta a este cuestionamiento. Y es que desde el principio de los tiempos, el hombre ha buscando de todas las maneras posibles encontrar la mejor respuesta para esta complicada pregunta, en las estrellas, en los planetas, en los animales, en las religiones, la Filosofía, en los extraterrestres, en las flores, en lo que sea…

Tú, ¿a qué crees que viniste al mundo? Muchos dicen que a ser felices, a ayudar a otros, a encontrar nuestro propósito, a cumplir un propósito divino… ¿tu a qué viniste?

Sin embargo todas las posibles respuestas parten de filosofías personales y bastante relativas, es casi imposible que se determine una respuesta unánime. Pero hoy vamos a descubrir lo que opina Él que nos mandó al mundo.

Para ti, ¿qué es adorar?. Seguramente en alguna ocasión le has dicho a alguien más que “lo adoras”, o te encanta escuchar cuando tu pareja te dice “te adoorooo” con una carita de enamorado que no puedes describir. Suena un poco más importante que un simple “te quiero” o un importante “te amo”. Adorar significa acercarse para besar, en la raíz de la palabra. Pero en términos mucho más sencillos es amar al extremo. Dice el evangelio según San Marcos 12:30 (NVI) “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Adorar a Dios es amarlo con todo lo que tenemos y somos. Adorar, es también, inclinarse con el rostro en el suelo, cierta forma de humillación. Sin embargo, adorar a Dios es todo lo que hagas para complacerlo, así de sencillo. El evangelio según San Juan 4:23-24 (NVI) dice “por que así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu,  y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad”. Pero vamos por partes, empecemos con la siguiente pregunta: ¿quién es Dios para ti? Dependiendo de los últimos acontecimientos en tu vida, buenos, malos, afortunados o desafortunados, darás una respuesta. Sin embargo, sin importar la cultura en la que te encuentres Dios es sinónimo de bondad. Dios es el autor de la vida y del universo, creamos o no creamos Él está ahí, existió antes de todo y nunca se terminará. Él nos creó así que es el único que tiene la respuesta a quienes somos y por qué estamos aquí.  Por lo tanto la adoración de la que Dios habla tiene que ver con el reconocimiento de que Dios es lo más grande y excelso que hay. Dice Apocalipsis 4:11 (NVI) “Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tu creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas.”

La verdadera respuesta a la controvertida pregunta inicial es que nacimos para adorar. De hecho es el tema principal de la Biblia, ¿sabías eso?. De entrada, suena muy loco, sin embargo fuimos creados para adorar a Dios. Que impresionante es que a pesar de los millones de ángeles que Dios tiene en el cielo para que lo alaben día y noche, Dios nos creó, porque somos su creación más especial.  Alabar a Dios nos da la mejor identidad. La adoración es parte de nuestro chip interno, si no adoramos a Dios, en algún momento adoraremos a alguien mas. Y nos conviene adorar a Dios, bien dice Job 22:21 (NVI) “Sométete a Dios; ponte en paz con el, y volverá a ti la prosperidad.”

Salmo 100 (NVI) “Aclamen alegres al Señor, habitantes de toda la tierra; adoren al Señor con regocijo. Preséntense ante él con cánticos de júbilo. Reconozcan que el Señor es Dios, él nos hizo y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado. Entren por sus puertas con acción de gracias; vengan a sus atrios con himnos de alabanza; denle gracias, alaben su nombre. Por que el Señor es bueno y su gran amor es eterno; su fidelidad permanece para siempre.” Este salmo nos habla de la manera ideal para adorar a Dios. Debemos aclamar a Dios y presentarnos con un corazón correcto; es decir, nada de muchas palabras bonitas a Dios y malos pensamientos a otros al mismo tiempo. Adorar a Dios es reconocer que Él es NUESTRO Dios, este concepto es mi favorito, somos hijos de Dios, no somos cualquier persona; así que cada vez que le decimos de manera audible que Él es Dios, reconocemos que Él es nuestro padre, amigo, consuelo, apoyo, fortaleza, paz, confianza, esperanza, felicidad, Él lo es todo. Entrar por sus puertas significa que debemos presentarnos ante él, no es suficiente solo pensar que Dios existe, hay que decirlo y hacerlo audible. A final de cuentas, la razón principal es que el Señor es bueno y su fidelidad permanece.

Se trata de un estilo de vida. Como dice Romanos 12:1 (NVI) “Por lo tanto, hermanos , tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.” Si Dios ha tenido tanta misericordia de nosotros, extrema paciencia y amor, lo mínimo que debemos hacer es usar nuestro cuerpo para adorarlo.  Vivamos todos los días pensando antes de actuar y siempre tomando en cuenta que nuestro vivir haga sonreír a Dios.

Me gusta pensar que Dios es práctico y está interesado en nuestro día a día. 1ºCorintios 10:31 (NVI) lo detalla mejor: “Ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” Adorarlo por medio de la oración, es decir, habla con él; donde quieras y como quieras pero habla con Él, nadie mejor para entender nuestra loca mente. Agradécele porque es bueno y nos ha dado mucho, te garantizo que te ha dado mucho más de lo que te ha quitado, adquiere el hábito de agradecer cada día por los alimentos, por la vida, por los bienes materiales, por la familia, por la salud….. por todo. Obedecer los mandamientos de Dios es el acto de adoración perfecta; nada demuestra mayor amor que estar dispuestos a hacer las cosas a la manera de Dios; recordemos lo que menciona el apóstol San Juan en su evangelio (Juan 14:23-24 NVI) “Les contestó Jesús: El que me ama, obedecerá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos nuestra vivienda en él. El que no me ama, no obedece mis palabras.” Canta audiblemente sobre el amor de Dios, a todos nos encanta escuchar canciones sobre el amor y desamor, nos fascina sentir las emociones a flor de piel, sin embargo no existe una sola persona en el mundo que haya demostrado mayor amor por nosotros que Dios a través de su hijo Jesús; ¡cántale!. Decide servir a otros, da tu tiempo y espacio para ayudar a quienes lo necesitan, esto es una manera muy tierna de adorar a Dios, cuando dejamos el ego y buscamos dar a quienes nos rodean; no porque lo merezcan, si no porque hemos decidido adorar al único que lo merece, Dios. Lee la Biblia, es la palabra de Dios, en la versión que más te guste, católica o cristiana, en internet o en papel, pero ¡LEELA!; solo así conocerás más sobre quien es Dios y el increíble amor que nos tiene, a pesar de que no merecemos ni tantito. Y si quieres llevar tu amor por Dios al extremo te reto a que diezmes, ¿crees que es una locura darle tu dinero a Dios?, acepta el reto. Sabías que en el libro de Malaquías 3 es la única porción de la Biblia donde Dios nos reta. ¡Sí! Dice que lo probemos, que demos la décima parte de todo lo que recibamos a Él, a través de la iglesia, y entonces nos dará una bendición tan grande que no te darás abasto. Yo lo he probado y funciona, ¡garantizado!.

¿Listo para vivir tu propósito? No esperes a sentir el momento ideal para amarlo al extremo, ahorita mismo decide apropiarte de tu razón de ser. He aquí la respuesta perfecta a la gran incógnita: Vinimos al mundo a adorar a Dios. ¡Decide adorarlo con tu vida!. Leí en alguna ocasión que la adoración que no afecta su estilo de vida no es adoración. Se trata de buscar un estilo de vida congruente donde con la boca, con la mente y nuestras acciones reconozcamos que Dios es lo máximo. Siempre buscando ser reales y dejando a un lado la hipocresía, tal cual refiere el apóstol Marcos en su evangelio (Marcos 7:6-7 NIV) “Jesús les contestó: Tenía razón Isaías cuando profetizó acerca de ustedes, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas.”

La clave está en tomar la vida cotidiana, las actividades de todos los días, desde que te levantas hasta dormir, el trabajo, la escuela, tu familia, el tráfico, las comidas, los descansos, el tiempo libre, la convivencia… TODO dalo como una ofrenda a Dios. Él es el único que merece nuestra completa adoración, o como dijimos antes, nuestro amor extremo. No olvides que vinimos a este mundo a adorar a Dios, este acto determina tu destino. Es un buen momento para dejar de filosofar y tomar la vida y aprovecharla. Vive tu propósito, ama y adora en extremo a Dios.

¡Cambio y fuera!

jueves, 10 de enero de 2013

El peor de todos


David, el famoso rey que cantamos en las mañanitas, es un famoso personaje cuya historia es relatada en la Biblia y uno de los mayores ejemplos de amor a Dios. Es de mis personajes favoritos, porque no conozco otra historia tan llena de sorpresas, tragedias, victorias y enseñanzas para todos y toda la vida. Dice el Salmo 78:70-72 (PDT) que “Dios eligió como su siervo a David, y lo sacó de los rediles de ovejas. Lo quitó de andar cuidando los rebaños y le encargó ser pastor de su pueblo Jacob, y de Israel, su posesión. Y David cuidó y dirigió con honestidad e inteligencia al pueblo de Dios.” Lo más sorprendente de la historia es que a pesar de que David tuvo una vida muy loca, cuando Dios se refiere a él en la Biblia lo hace como el “joven conforme al corazón de Dios”; sin duda no somos casos perdidos, ha habido gente peor y con esperanza.

David tenía 30 años cuando comenzó a reinar, y fue rey durante cuarenta años. Durante la primera mitad de su vida fue un verdadero ejemplo de carácter e integridad; y eso fue la base suficiente para tener un futuro bastante prometedor. Como dice Joel 2:25-26 (PDT) “Ustedes comerán hasta que queden satisfechos, y alabarán el nombre del Señor su Dios, quien ha hecho maravillas por ustedes. Mi pueblo nunca más pasará vergüenza.”

Al famosísimo rey David le había prometido desde hacía muchos años que algún día sería rey de Israel, sin embargo tuvo que pasar por un proceso muy largo y tempestuoso. Cuando por fin muere el rey Saúl, su gran enemigo, David sabía que era su momento de tomar el trono. Pero sabía que era Dios quien lo estaba poniendo en esa importante posición, así que decide primero preguntarle qué es lo que debe hacer (2ºSamuel 2:1). Dios le dice que comience en la ciudad de Hebrón. Jamás olvidemos que Dios SIEMPRE cumple sus promesas, ¡SIEMPRE!, pero no vale la pena querer ganar todo rápidamente, si no tomar las cosas con calma y esperar a que Él ponga todo en su lugar. Y hasta este momento el nuevo rey está comenzando con el pie derecho su nueva vida en el trono.

Pero poco le duró el gusto, y es que a David le pasó lo que le ha pasado a la mayoría de las figuras públicas, ya sean del mundo del espectáculo, grandes políticos, empresarios importantes, entre muchos otros grandes personajes en la historia de cualquier sociedad… “Candil en la calle y oscuridad en su casa”, como decimos en México. El famosísimo rey David de las mañanitas se involucró tanto en la vida pública que perdió todo el control de su familia. Y no olvidemos que tenía muchos hijos, era un trabajo bastante pesado, pero para él nunca fue el más importante. Sus logros como líder político de su tiempo fueron muchísimos, el reino que gobernaba se extendió de 15,540 a 155,400 kms. Sin embargo tenía demasiadas esposas y demasiados hijos, todos viviendo en el palacio; es la combinación perfecta para el caos familia y el podría ser la historia ideal para una novela de televisión nacional. Recordemos que uno de sus hijos violó a su media hermana, otro de sus hijos se aprovechó de varias esposas de su papá frente a todo el pueblo, y dos de sus hijos intentaron quitarle el reino. Pero lo peor fue que David no tenía el valor de decir algo a sus hijos, solo se enojaba y era indiferente; esto es lo más triste de la historia. (1ºReyes 1:5-6)

No olvidemos que así como era una excelente guerrero apasionado por su coraje y valor, también le encantaba dejarse llevar por los excesos y pasiones. Era muy apasionado en todo lo que hacía, en la guerra, en el amor, en todo. Y se metió en problemas bastante grandes, uno de los principales es cuando se enamoró de una mujer de otro hombre, lo mandó a la guerra para que muriera mientras se aprovechaba de aquella viuda. El escritor J. Oswald Sanders lo describe mejor:  “La mayor falta de David consistió en ceder a las pasiones de la carne.” La verdad es que se  convirtió en victima de su autosuficiencia y la soberbia. Sabía que era un grande y quiso tomar ventaja de eso, así que mandó realizar un censo, solo para enaltecerse y presumir lo mucho que su reino había crecido. Pero se le olvidó que a Dios no se le pasa nada, y que todo lo que había logrado hasta ahora era porque Dios lo había puesto en ese lugar, no por sus grandes capacidades… Así que mala suerte, porque  Dios se enojó con él. Leí hace un tiempo que los cuatro errores más comunes de los líderes son: finanzas, flojera, faldas y fama… Sin embargo creo que aplica para todos los seres humanos, son definitivamente las tentaciones más grandes.

David debió entender a tiempo que su tarea más importante era el cultivo de su familia y sus hijos. A través de su vida debemos aprender que ningún rasgo del carácter es tan necesario como la verdadera integridad. La mejor conclusión para la loca vida de David la da el escritor de Narnia C.S. Lewis: “Los largos, tediosos y monótonos años de prosperidad o de adversidad cuando se llega a la mitad de la vida, constituyen una oportunidad excelente para el diablo”. Jamás estaremos en el climax de nuestra vida como para descuidar nuestra relación con Dios y darle el correcto valor a nuestras prioridades. Y es que la confesión y el arrepentimiento ayudan a sanar una herida, pero jamás borran todas las cicatrices. Siempre habrá alguien en peores condiciones que nosotros, con una vida más miserable o complicada, pero eso no es excusa suficiente para permanecer en nuestro estado de confort y dejar para después nuestra búsqueda Dios. Busca a Dios ahora, hoy que estás en el mejor o peor momento de tu vida, relaciónate con él para que logres potencializar tu vida y convertirte en tu mejor versión.

¡Cambio y Fuera!

martes, 6 de noviembre de 2012

El Rey David, el de las mañanitas


Estas son las mañanitas que cantaba el rey David, a los muchachos bonitos se las cantamos aquí…” ¿Has escuchado del Rey David, el de las mañanitas?... ¿Por qué lo recuerdas? …Casi todos lo recordamos por matar al gigante Goliat y porque cantaba mucho. Sin embargo, es interesante ver como Dios se refiere a David, en el libro de Hechos 13:22, muchísimos años después que David vivió, se refieren a él como: “He hallado a David hijo de Isaí, un hombre conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.”.

Leí alguna vez que en la familia de Dios hay dos tipos de personas: Los que se encierran en su egoísmo y los que viven conforme al corazón de Dios. David, el que todos recordamos por las mañanitas mexicanas o por matar al gigante, es recordado por Dios como “el hombre con un corazón conforme al de Dios”.

En los tiempos de David, la presencia de Dios solamente estaba en un tipo de cofre… ¡Era terrible!. Ellos no podían hablar con Dios en cualquier momento, no podían sentirlo, ni pedirle, ni hablar con él… solamente un sacerdote podía estar cerca del cofre cada cierto tiempo. Así que dicho cofre era bastante importante.

Cuando el rey anterior a David, Saúl, murió, el cofre donde estaba la presencia de Dios no se encontraba en la ciudad principal de Israel, Jerusalén. Saúl había hecho y deshecho a su antojo, así que era necesario regresar el cofre o arca a Jerusalén. Además, en aquel tiempo se pensaba que era “buena suerte” tener el arca cerca, porque ahí estaba la presencia de Dios, no les importaban sus acciones, solo tener ese amuleto. Así que David decide llevarla. “David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, treinta mil.  Y se levantó David y partió de Baala de Judá con todo el pueblo que tenía consigo, para hacer pasar de allí el arca (cofre) de Dios.” (2 Samuel 6:1-2).  Pero no olvidemos que cada detalle de la forma de transportarlo era muy importante, era parte de un proceso de adoración. Y es aquí donde David se mete en graves problemas: (2 Samuel 6:3-7) “Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo. Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en el collado, con el arca de Dios, Ahío iba delante del arca. Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Dios con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos. Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. 
Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.” ¿Puedes creer lo que acaba de pasar? A simple vista parece de lo más injusto… Fíjate bien, David decide llevar el arca de Dios a la ciudad principal, la llevaban algunas personas cargada, y de repente los bueyes se tropiezan un poco y para evitar que el arca se caiga, Uza, uno de los que la iba cargando, la detiene. Pero Dios lo mata por este simple hecho. ¿Qué opinas de lo que hizo Uza?.

El enojo de Dios era contra David, no contra Uza, el que la salvó. Muchos años antes Dios había establecido ciertas reglas sobre el medio de transporte adecuado del arca, y es que no cualquier persona podía cargarla. Solamente los levitas, que eran hombres destinados a trabajar en los templos, eran los únicos que podían cargarla. Así que David cometió un grave error al decidir quien hacía que… cuando muchos años antes Dios ya le había enseñado como. La verdad es que se le hizo fácil tomar las decisiones a la ligera.

Pero checa lo que David hace ante lo que está pasando: (2Samuel 6:8) “Y se entristeció David por que Dios mató a Uza.”.  Parece que como dice el dicho “los patos le tiran a las escopetas”, porque  David se enoja con Dios Y es que aunque era un hombre conforme al corazón de Dios, no estaba ni cerquita de ser perfecto. Ser conforme al corazón de Dios significa ser sensible a las cosas de Dios, significa que cada detalle es importante, significa que cuando hace algo malo lo reconoce y acepta su responsabilidad, no se justifica ni culpa a otros. Pero a David le da miedo y prefiere abandonar la tarea, así que Dios bendice a alguien más: (2 Samuel 6:9-11) “Y temiendo David a Dios aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Dios?  De modo que David no quiso traer para sí el arca de Dios a la ciudad; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo.  Y estuvo el arca de Dios en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Dios a Obed-edom y a toda su casa.”

Pasan tres meses, y hasta entonces, David decidió obedecer a Dios y transportar el arca de la manera correcta (1 Crónicas 15:1-13). David recibe un regaño por tomar decisiones solo, sin consultar a Dios. Y finalmente introduce el arca en Jerusalén de manera correcta y en medio de una gran fiesta (2 Samuel 6:14-15). David se muestra bailando emocionado frente al arca que va entrando en la ciudad. Y es que aunque resulte difícil de creer, cuando obedecemos nos sentimos libres. Y al sentirnos libres nos sentimos cómodos, esto es lo que le pasó a David.

La clave está en realmente identificar cómo va nuestra relación con Dios, porque entonces tendremos libertad. Cuanto más libre seas delante de Dios, más confiado te volverás. Imagínate que cuando Dios se refiriera a nosotros dijera, “un hombre o una mujer conforme mi corazón”… Es bastante sencillo, solo obedezcamos.

¡Cambio y Fuera!

miércoles, 24 de octubre de 2012

Cuando Dios dice que "No"


“Lo que Dios nos quita o nos da, es prueba de su gloriosísimo amor.”*

¿Leíste bien la frase?... Dice que todo lo que Dios nos QUITA, y también lo que nos da, es prueba de su increíble y sobrenatural amor por nosotros. Casi siempre relacionamos las cosas buenas que nos da con muestras de Su amor; pero cuando nos quita es sinónimo de castigo. Pero que bueno y reconfortante es saber que ambas cosas para Él son muestras de amor.

El famoso rey David, de la Biblia, tuvo tiempos muy complicados de guerra y lucha de poder, sin embargo, llega un punto donde por fin vive en su reino en paz y calma. Y mientras veía lo mucho  que tenía, las grandes construcciones y la opulencia de su reino, se dio cuenta que aunque el vivía en una construcción gloriosa, Dios no tenía un hogar como ese.. si no que vivía en una “tienda”. Y comienza a idear un plan para construirle un gran templo al Dios que le había ayudado y lo había hecho un rey. Así que comienza a platicarle al profeta Natán, su amigo, sobre su nueva idea. (2ºSamuel 7:2-3). David reflexiona en que él, siendo rey, tiene una gran mansión; pero Dios vive en una tienda temporal.

Sin embargo, Dios no tenía el mismo plan… Loco, ¿cierto?... Era la mejor idea que David había tenido en toda su vida. De hecho, está comprobado, que David no tenía ningún motivo oculto, no quería tener toda la atención, ni quería sobresalir.. Simplemente le parecía lo correcto para Dios, quería honrar a Dios con todo.  Y es que cuando todo va bien y tenemos momentos de paz  se vienen muchos sueños a nuestra cabeza. Y aunque suene raro, no todos son de Dios, y si no son de Él no se deben cumplir. Y aunque tengamos amigos como Natán que nos motiven, no significa que se cumplirán o que son parte de nuestro propósito.

Y es que Natán, el profeta, se había emocionado con la idea, pero no había escuchado la voz correcta. En 1ºCrónicas 17:3-4 vemos que “En aquella misma noche vino palabra de Dios a Natán, diciendo: Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite.” La verdad sobre David, es que Dios había hecho rey a David, pero no constructor. Que Dios le negara construir el cielo, no era un CASTIGO, pero si su destino. Dios tenía otro plan, Dios designó que el hijo de David sería el constructor. Y aunque suene complicado de entender e “injusto”, la verdad es que no es cuestión de estar equivocado o no. Es una cuestión de aceptar el “no” de Dios y de vivir con el misterio de su voluntad.  Más adelante en el tiempo, cuando Salomón, el hijo de David, construye el templo, reconoce que David había tenido una gran idea. En cierta forma Dios le dice a David que tuvo una gran idea.  Lo vemos más claro en 2ºCrónicas 6:7-9: “Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre del Dios de Israel. 
Mas Dios dijo a David mi padre: Respecto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en haber tenido esto en tu corazón. 
Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.

Cada vez que recibimos un “no” por respuesta lo relacionamos inmediatamente con un castigo.. sin embargo, cuando Dios dice no, ello no es disciplina o rechazo, es redirección. Jamás olvidemos que los planes de Dios son mejores que los nuestros, y aunque Él pone sueños en nosotros, buenos y exitosos, no todos se llevarán a cabo. Nos conviene que Él los acomode como mejor nos convenga. La mejor recomendación es evitar escuchar a otras personas sobre su opinión sobre todos nuestros planes, sobre todo si sabes que te van a juzgar o criticar; mejor pidámosle consejo a nuestro creador. Así como David fue llamado para ser rey, guerrero, compositor… no fue llamado a ser constructor.  Dios no llama a todos a lo mismo. Cada uno tenemos una función diferente.

Lo más impresionante es la reacción de David, bastante clara en 2ºSamuel 7:18: “Y entró el rey David y se puso delante de Dios en el templo, y dijo: Señor Dios, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí?.” Cualquier de nosotros se enojaría, reclamaría, buscaría explicaciones a la negativa; pero David decidió reaccionar como un niño pequeño, pidiendo por redirección. Fue bastante humilde reconociendo que él mismo no eran nadie delante de Dios. En el mismo capítulo de 2ºSamuel 7:18-20 David continúa diciendo: “Y aun te ha parecido poco esto, Señor Dios, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Dios? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Dios. ” Él decide alabar a Dios. Y continua en 2ºSamuel 7:22-23: “Por tanto, tú te has engrandecido,  Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos.  ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses.” Me asombra que David, el gran rey, prefiere alabar a Dios y agradecer por todo lo que ha hecho por él y por el pueblo. Para después enfocarse en “ayudar” a Salomón con algunos preparativos, pero no se enfoca en la tarea final. No le importa dejar su “ego” a un lado,  y ayudar a otro a cumplir su propósito. ¿Listo para el reto?

Resumo la historia en tres verdades claves de vivir con Dios. La primera es que, Cuando Dios dice “no” significa que tiene algo mejor, y espera mi contribución, no mi enojo. Definitivamente la mejor reacción deben ser la cooperación y la humildad.  Y lo mejor de todo es que sea “si” o “no” las respuestas de Dios nunca son sin razón.

¡Cambio y fuera!

*(Himno citado por Charles Swindoll en David, un hombre de pasión y destino.)

martes, 2 de octubre de 2012

¿Estás listo para morir?


Se conocen infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.” (Santiago Ramón y Cajal)

¿Conoces algún necio?

Me gusta la definición que se relata a continuación, de manera sencilla es fácil entender quién es un necio. “Un hombre actúa neciamente cuando descuida sus amigos que aman a Dios. Cuando se lanza a algún proyecto sin que Dios lo haya mandado. Cuando desobedece, aun en las cosas aparentemente pequeñas. Cuando trata de ocultar a Dios su desobediencia. Cuando trata de convencerse a si mismo, cuando todo el tiempo, en lo  más profundo de su corazón, sabe que no tiene razón. Cuando permite que los celos o el odio lo dominen, lo esclavicen y lo perviertan. Cuando deliberadamente se enfrenta a Dios. Cuando se aparta de Dios. El resultado de todas estas formas de pecado y de locura, es el suicidio moral y espiritual. En ese recorrido cuesta abajo sólo podemos terminar con el lastimoso lamento de Saúl: He actuado neciamente.” (Por J. Sidlow Baxter, tomado del libro David: Un hombre de pasión y destino, de Charles R. Swindoll)

Uno de los ejemplos más claros de necedad está relatado en la Biblia: el Rey Saúl, el primer rey de Israel y el rey antes de David. Saúl escribió su epitafio antes de morir, sin siquiera saberlo. (1ºSamuel 26:21) “He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera.” Decidió vivir neciamente y morir neciamente. ¿Cómo vives?. La manera en la que vivimos es justo lo que se dirá en nuestro epitafio. Queda perfecta la frase del famoso Voltaire: “Decimos una necedad y a fuerza de repetirla acabamos creyéndola.”

Pero no todo fue así al principio, no se nos olvide que Dios le hizo una promesa al Rey Saúl, cuando aun era muy joven y apenas lo habían escogido rey de Israel. (1ºSamuel 10:1,6,7) “Samuel tomó un poco de aceite y lo derramó en la frente de Saúl y lo ungió Rey de Israel. Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás cambiado en otro hombre. Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo.” Lo que me parece más interesante de la promesa que Dios le hace a Saúl es que le dice – Dios estará contigo – Saber que Dios estará con nosotros debe ser la garantía para salir adelante y saber que seremos exitosos, porque sin eso estamos condenados al fracaso.

¿Sabes cómo murió Saúl? (1ºSamuel 31:1-6)  De manera rápida te cuento como murió el necio rey de Israel. Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron delante de los filisteos. Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos. Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella.

…¡SE SUICIDÓ!...

Dice Marco Tulio Cicerón que “la necedad es la madre de todos los males”. Y es que no hay muerte más humillante que la de Saúl, vio que el ejército enemigo venía tras él, habían matado a sus hijos y no quiso que lo mataran, prefirió suicidarse para evitar ser muerto a mano de sus enemigos. Es impresionante que aun en sus últimos momentos le preocupaba más su imagen que él mismo. No tomó ni un minuto para encomendarse a Dios, pedir perdón…. ¡nada!. Solamente evitar ser humillado ante sus enemigos.

Lo peor de todo es que Saúl no era solo un hombre, era el rey de toda una nación. Cuando la gente se entera que se murió, no tenían líder así que deciden huir y los enemigos toman ventaja, mandan a los israelitas con furia y quedan desolados.

Lo más triste de la vida del Rey Saúl es que su “destino” no era tener una vida tan desgraciada, sin embargo él lo escogió de esa manera. Nada de su sufrimiento, locura o bipolaridad era necesario. Pero decidió vivir su vida diciéndole a Dios: “No te necesito, yo vivo y muero como me plaza”. Como dato curioso se sabe que el reino de Saúl no creció nada en los 40 años que duró, siempre fue mediocre y no obtuvo nada.

En el libro David: Un hombre de pasión y destino de Charles Swindoll, se menciona una comparación muy interesante entre el Rey Saúl y Jesucristo. ¿En qué se parece la muerte de Saúl a la muerte de Cristo?. Para Saúl la muerte pareció ser el fin de toda esperanza nacional. Pero para Jesús la muerte preparó el terreno para un plan de operación totalmente nuevo y marcó el comienzo para una nueva era. La muerte de Saúl exhibió la necedad del hombre. Pero la muerte de Jesús puso fin a una era de insatisfacción y fracaso. Saúl no contribuyó en nada ni para él, ni para su familia, ni para el reino que gobernaba. Que lamentable la miserable vida que decidió vivir.

La muerte es una realidad inevitable, debemos enfrentarla, ¿estás listo? (2ªCorintios 4:16-18) “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” Enfoquémonos en la visión eterna, no solo la miserable vida en la tierra, pon tus ojos en la vida arriba con Dios y en lo que tiene para ti. ¿Vas a dejar algún legado, o como Saúl pasarán los años y la vida mediocre te dejará en el mismo lugar que cuando llegaste aquí?  Si murieras hoy, ¿qué diría tu epitafio?...

¡Cambio y fuera!