miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Eres Feliz?

¿Eres feliz?

Seguramente tu respuesta estará basada en la situación por la que estés pasando, ¿cierto?, si ha sido un buen día, productivo, exitoso, si has estado con las personas que amas, si has tenido tiempo para descansar, o si estás en crisis, depresión, soledad… tu respuesta será el resultado del grado de satisfacción que estés experimentando.  Según la cultura popular y el diccionario de la lengua española, la alegría es un sentimiento grato, expresiones de felicidad, de júbilo, complacencia, esperanza, ánimo. Sin embargo Dios redefine el significado de alegría o gozo. A través de Su palabra, la Biblia, Dios nos enseña que la alegría es mucho más que felicidad. No depende del éxito económico, la salud o la popularidad. La alegría que proviene de Dios no tiene nada que ver con la que el ser humano experimenta día a día; proviene de la obediencia y el perdón que Dios nos otorga.

Alegría según la Biblia, es una alegría que no depende de las circunstancias. Y parecería una definición utópica, pues pareciera inalcanzable, sobre todo cuando el presente cada día es más complicado. El ambiente actual se define a base de constante frustración, estándares demasiados altos para cumplir, seres humanos altamente competitivos, egoísmo, falta de humildad, falta de perdón y otras conductas semejantes. A partir de esa realidad resulta casi imposible ser personas felices, por más de dos minutos. La alegría actual está muy relacionada con la autosatisfacción momentánea, pero dista de una felicidad constante e invariable. Es por eso que la fuente de la alegría jamás podrá venir de nosotros mismos, es necesario recurrir a Aquel que nos ofrece alegría real, sustanciosa, invariable y prolongada.

Dios es el único que nos puede llenar de alegría cuando decidimos creer en Él, dice la carta de Pablo a los Romanos 15:13 que Dios, quien es Dios de esperanza, nos llenará de todo gozo y paz en el creer, para que abunde la esperanza por el poder del Espíritu Santo. La única manera de producir alegría “divina” es por medio del Espíritu Santo en nosotros, si no hacemos a Dios parte de nuestra vida no podremos experimentar esta alegría.  En medio del dolor, de la frustración, de la traición o de la impotencia es imposible recibir alegría o gozo, sin embargo cuando experimentamos la presencia de Dios entonces sí podemos experimentar este regalo. Dice el Salmo 16:11 que cuando estamos en la presencia de Dios, entonces hay “plenitud de gozo”, es decir, alegría perfecta. ¿Dónde está la presencia de Dios? Lamentablemente en muchas ocasiones limitamos la presencia de Dios a los edificios que llamamos iglesia; sin embargo la presencia de Dios está donde estemos nosotros, siempre y cuando la busquemos. La presencia de Dios está cuando oramos, aunque sea en el rincón más escondido de tu oficina, está cuando la buscamos orando y leyendo la Biblia. Si queremos impregnarnos constantemente de alegría, entonces busquemos con vehemencia la presencia de Dios.

¿Qué es el ser humano sin Dios?, pongámonos a pensar qué sería de nosotros si no hubiésemos decidido relacionarnos con Dios; definitivamente seríamos verdaderos animales que se dejan llevar por su instinto solamente, sin embargo, la experiencia de conocer a Dios nos da las herramientas para no auto destruirnos. Es por eso que el solo hecho de pensar que Dios mandó a Jesús para salvarnos y gracias a esto podemos ser perdonados, es motivo suficiente para tener alegría. Y cuando hablamos de esta alegría “divina” no nos referimos a estar riendo todo el tiempo, sino a tener esperanza. Decir que estamos alegres, significa que sabemos que las cosas están bien o van a estar bien, la situación está mejorando, tenemos noticias favorables a futuro; siempre tiene que ver con la esperanza de que esa alegría perdurará un poco más. No existe una esperanza más certera y confiable, que el saber que Jesús murió por nosotros para perdonarnos, darnos una vida diferente y vivir con Él en la eternidad. De aquí parte la premisa acerca de que la alegría divina no depende de las circunstancias, porque aquello que está ocurriendo en nuestra vida es temporal y tarde o temprano mejorará o empeorará; sin embargo, el amor de Dios y su salvación siempre serán constantes en esas circunstancias temporales. 

En el Salmo 51 del versículo 10 al 12, el salmista le pide a Dios que cree en él un corazón limpio,
Y renueve un espíritu recto, y entonces le devuelva el gozo de la salvación. Y es que la mayoría de las ocasiones que experimentamos falta de alegría es por la presencia del pecado en nuestra vida, es una relación directamente proporcional; a pesar de la satisfacción temporal que el pecado produce la mayoría de las veces (de no ser así, no sería tan tentador hacerlo). La clave para conservar la alegría, a pesar de las circunstancias, está en obedecer los mandatos de Dios. Lamentablemente las palabras: mandatos y reglas, tienen una connotación negativa en la mayoría de las personas; pero para Dios no es así. Los lineamientos que Dios estableció son para que saquemos lo mejor de nosotros mismos y de nuestra vida; nos previenen de equivocarnos y entonces no sentir alegría. Obedecer es sinónimo de alegría divina

Vale la pena experimentar y adoptar la alegría de Dios en nuestra vida. Bien nos recuerda el profeta Nehemías que solo Dios es nuestra fortaleza, y en la medida que nos aferremos a eso, logremos conservar el gozo. La alegría jamás será la ausencia de problemas, y como conforme la vida avanza los problemas se vuelven más complicados, entonces practicar la alegría que Dios nos da, nos capacita para los próximos problemas.

Cuando somos agradecidos entonces somos capaces de identificar y reconocer todas las cosas buenas que sí tenemos, en comparación con las que no tenemos. La alegría divina se base en la acción de gracias, práctica que se recomienda apliquemos de inmediato. Pablo le dice a los Colosenses que demos gracias a dios porque nos ha dado la oportunidad de participar en su plan, nos libra del pecado y nos perdona; esto es motivo suficiente para estar alegres. Una vida con actitud agradecida es una vida feliz.
Además nos da ánimo y nos impulsa a seguir hacia delante.

La única manera de experimentar la alegría de Dios es cuando permanecemos cien por ciento unidos a Él. Recordemos que la vida se basa en tres relaciones fundamentales, con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Si estamos unidos a Dios y es parte de nuestra vida diaria, entonces podremos vivir con alegría en la relación con otros, independientemente de las decisiones que los demás tomen. Dios es constante y su amor y actitud hacia nosotros jamás cambia, nos conviene estar en una relación donde hay una constante positiva.  La verdadera alegría no puede ser experimentada más que a través del amor. La alegría que proviene de la autosatisfacción es transitoria, siendo ésta física.

Cambio y Fuera!!