lunes, 29 de diciembre de 2014

Sadrac, Mesac y Abed-nego

¿En qué crees? ¿Estarías dispuesto a dar tu vida por defender lo que crees?  Hoy te contaremos una historia que casi parece irreal, pero es cien por ciento cierta, sobre tres chavos que estuvieron dispuestos a poner su vida en riesgo con tal de defender sus convicciones.

Hace muchísimos años en la época del rey Nabucodonosor en Babilonia el pueblo de Israel estaba cautivo y vivía bajo el dominio de los babilonios, pero como los judíos había diversos pueblos cautivos. Así que el rey mandó hacer una estatua altísima para que todos lo adoraran. Y dio la orden en cuando tocaran cierta música todos debía inclinarse ante la estatua, y quien no lo hiciera sería arrojado de inmediato a un horno encendido. Y así fue, pero los soldados encontraron a tres judíos que no lo hicieron y fueron a delatarlos ante el rey.  Cuando el rey se dio cuenta de quienes eran, Sadrac, Mesac y Abed-nego, recordó que tenían puestos importantes en el gobierno, pero aun así mandó llamarlos para meterlos al horno de fuego. Y entonces les dijo que les daría una oportunidad más, pero ellos contestaron así: “Su Majestad, eso no es algo que nos preocupe. Si el Dios que adoramos así lo quiere, es capaz de librarnos del fuego y del poder de Su Majestad. Pero aun si no quisiera hacerlo, nosotros no pensamos adorar esa estatua de oro.

Cuando el rey Nabucodonosor oyó esto se enojó muchísimo así que pidió que calentaran al máximo el horno.  Al momento que lanzaron al horno a los muchachos el fuego era tan alto que alcanzó a quemar a los soldados que los lanzaron. Pero de repente dentro del horno se veían cuatro en lugar de tres, y el cuarto parecía un ángel. Cuando Nabucodonosor vio esto les gritó a los muchachos que salieran del horno y se dio cuenta que no se habían quemado nada y salieron intactos. Entonces el rey dijo: “Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió a su ángel para salvarlos. Tanto confían ellos en su Dios, que no quisieron obedecer mis órdenes. ¡Estaban dispuestos a morir, antes que adorar a otro dios! »No hay otro dios que pueda hacer lo que el Dios de estos jóvenes ha hecho. Por lo tanto, ordeno que quien hable mal de este Dios sea cortado en pedazos, y que su casa se convierta en un basurero. ¡No me importa de dónde sea ni qué idioma hable!» Además, Nabucodonosor les dio a los tres jóvenes puestos aun más importantes en el gobierno de Babilonia.
¿Impresionado?

¿Qué imágenes doradas hay en nuestro tiempo que nos demandan nuestra adoración? ¿Tu pareja, tu trabajo, tu dinero, alguna de tus pertenencias, tu teléfono, tu mismo…? ¿Pero realmente vale la pena que sean dueños de tu devoción? Solo Dios merece nuestra entera devoción, no se trata de que todo el día estemos dedicados a Dios, pero si se trata de una vida equilibrada, donde busquemos que todo lo que hagamos sea enfocado a mejorar nuestra relación con Dios. pero requiere mucha valentía. ¿Estás listo a defender tus convicciones y tu fe en Dios hasta la muerte?

La fe de estos muchachos hizo que el rey Nabucodonosor decidiera adorar a Dios. ¿Tus acciones hacen que el resto de la gente le de gloria a Dios? ¿Tu acciones dan gloria a Dios?

El reto de Sadrac, Mesac y Abed-nego es extensivo hacia nosotros, es momento de reflexionar en nuestras convicciones, nuestra fe y analizar si estamos dispuestos a dar la vida por ello, tal vez eso signifique renunciar a otras cosas, dejar de malgastar nuestro tiempo en las imágenes doradas a las que a veces adoramos demasiado, y buscar adorar más a Dios, para que entonces otros se contagien de nuestra fe.


¡Cambio y Fuera!